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La escritora Pilar Quintana presentó Noche Negra (2025) en el marco de la Feria Internacional del Libro de Monterrey 2025. Foto: TV UDEM.

A nosotras nos han acusado de locas para desestimar lo que nos pasa, lo que sentimos y denunciamos: Pilar Quintana


Por: Katherine Mani Acosta

Con una pluma que contrasta lo urbano y lo salvaje, la autora colombiana Pilar Quintana presenta Noche Negra, una novela que cuenta la historia Rosa, una mujer que se muda a la selva con su pareja, Gene, y tiene que lidiar con los asedios constantes de la naturaleza y de las personas que la rodean. 

Originaria de la ciudad de Cali, Colombia, Quintana ha escrito desde la perspectiva de una pequeña niña en Los Abismos (Premio Alfaguara de Novela 2021), ha revelado aspectos invisibles de la maternidad y el deseo en La Perra (Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana 2018) y ahora enfrenta las realidades angustiantes de la feminidad en Noche Negra. Sus textos sorprenden con una perspectiva desafiante a los cánones literarios y pone al lector en un verdadero punto de debate entre lo que cree que sabe y lo que se desarrolla página tras página.

Sobre su nuevo libro y sobre estos temas que cruza en su literatura platico con ella en esta nueva entrega de Doble Espacio, un proyecto de los medios académicos UDEM. 

¿De qué va Noche Negra

Noche Negra es la historia de Rosa, una mujer de la ciudad colombiana Cali, que decide dejar la vida agitada de la ciudad para irse con su marido, a vivir al Pacífico Colombiano, a la selva, y ambos deciden irse a construir su propia casa en un acantilado selvático frente al océano con la idea de tener una vida sencilla en medio de la naturaleza. Él tiene que irse unos días a solucionar un tema de su visa, porque es extranjero. Ella se queda sola en una selva muy hostil, en un lugar que no termina de conocer. Los vecinos, que parecían tan simpáticos cuando estaba su marido, empiezan a volverse diferentes, la miran con otros ojos y Rosa empieza a sentir sobre ella la amenaza de ellos sumada a la amenaza de la selva. La casa no tiene puertas ni ventanas porque está en proceso de construcción y Rosa empieza a sentirse sola y perseguida. 

Noto también que hay muchas texturas que apelan a los sentidos. ¿Cómo estas texturas guardan la memoria en Noche Negra

Yo viví nueve años en esa selva y un poco yo concibo la literatura como un viaje, como irme a vivir por una temporada en otro mundo. A la selva. Y quería hacer yo eso por el lector: transportarlo del lugar donde está leyendo a la selva del Pacífico Colombiano. Entonces es un libro donde está el jején que te persigue; está la lluvia, está la sensación de humedad en el cuerpo, el calor; los olores, el ruido para que nos permitan habitar este espacio que no es el espacio propio. También Rosa está experimentando unas sensaciones a las que no está acostumbrada porque es nueva en este lugar y apenas está empezando a descubrirlo.

Y precisamente todo ello lo descubre en la oscuridad de la noche. ¿Por qué elegiste la noche, este periodo tan transitivo? 

En las ciudades no experimentamos las fases de la luna. La podemos ver allá arriba y podemos ver cuando no hay luna o cuando hay luna llena, pero a mí me sorprendió mucho al vivir en la selva cómo en la luna llena había una claridad muy espectacular. Sin luna, era una oscuridad muy espesa. Terrible. El marido de Rosa se va en un domingo y el miércoles va a ser la luna nueva. Entonces, ella empieza a ver cómo las noches se oscurecen cada vez más y yo quería mostrar cómo en este lugar, en medio de la naturaleza, la luminosidad es una fuerza tan impresionante. Cómo de verdad ya te sentís parte de la naturaleza y sentís cómo esto tiene una función sobre tu vida y tus sensaciones de miedo: tus sensaciones de tranquilidad están atravesadas por los cambios de la luna y por los cambios de la naturaleza que no son tan visibles en la ciudad. O lo mismo para el ruido que también Rosa experimenta, no hay silencio porque el ruido de la selva está ahí permanentemente. Ese es un ruido que no la distrae de sus propios pensamientos. Acá en la ciudad tenemos ruidos que son producidos por nosotros y que de alguna manera nos alejan de lo que estamos pensando y sintiendo. Rosa se queda completamente sola con esta oscuridad y con el ruido de la naturaleza, que es un ruido que no la distrae de su propia oscuridad interna. 

¿Cómo fue para ti demostrar la angustia femenina en un contexto donde parece que estos ojos pertenecen a la mirada masculina siempre acechante? 

Están las amenazas de la selva, están las serpientes venenosas, están los murciélagos, las arañas, está la humedad, las termitas, el jején, los zancudos y los mosquitos, todo esto que vuelve el ambiente muy opresivo, son amenazas particulares de la selva; pero además hay otra amenaza: los hombres. Esta, no necesitas estar en la selva para vivirla. Es lo que experimentamos todas las mujeres desde niñas en nuestras casas, en el lugar de trabajo, en el transporte público, en donde estudiamos, en todas partes. Yo pensaba que muchas veces en nuestra vida vivimos como animales de presa en la sabana africana, como un impala que está con las orejas y los ojos siempre alertas, porque van a llegar las leonas o va a llegar el depredador por vos. Así vivimos en nuestra vida y está naturalizado. Pensamos que en ello no hay, pero cuando lo escribís y cuando lo pones en una ficción te das cuenta que así como vive Rosa, así vivimos todas las mujeres. 

Esto se nota en las regresiones o saltos de memoria a cuando Rosa estaba en la ciudad. En ocasiones, yo misma me identificaba tanto con el texto y tanto con Rosa que después me parecía extraño que la voz narrativa estuviera en tercera persona y no en primera. ¿Esto fue intencional? 

Esto fue intencional.

¿Por qué? 

Porque Rosa no podía ser una narradora fiable, ¿verdad? El lector está siempre con Rosa, viviendo sus días con ella, transitando lo que le está pasando. Hay un momento en que hay un rompimiento: a Rosa se le instala un murciélago a vivir en el patio y ella no está segura de si se trata de un murciélago vampiro. Si es un murciélago vampiro que se alimenta exclusivamente de sangre, están en peligro sus gallinas o ella, entonces ella empieza a sentir angustia porque está ese murciélago ahí, ¿verdad? Llega un momento en que llega el vecino y ella le dice “Se me instaló este murciélago, necesito que me ayude a ver si es un murciélago vampiro y que de repente me ayude a espantarlo”. Y cuando llegan no hay ningún murciélago. Creo que ahí empieza a haber un rompimiento porque el lector dice “Yo estaba con Rosa, yo sentía que estaba con ella todo el tiempo, pero ahora no sé si lo que Rosa está pensando, sintiendo y viendo es real”. O ella está, como decimos en Colombia, tan empeliculada que está perdiendo la razón. Todo el ambiente se presta a que desconfíes de Rosa y te hace cuestionarte, aun en una obra que identifico como puramente feminista: ¿y si los hombres tienen razón? ¿Y si verdaderamente ellos están en lo correcto y ella no? Es algo que también nos pasa, ¿no? Cuando a nosotras nos hacen un chiste uno dice “¿me ofendo o me río o debo sentir que este hombre me está acosando o soy yo que estoy inventándome el acoso? A nosotras nos han acusado de locas para desestimar lo que nos pasa y lo que sentimos y denunciamos.

Esto habla también de la salud mental en personajes como la abuela, una especie de alegoría sobre cómo se trata la salud mental femenina en la actualidad.

Sí, exactamente. Es un estigma que ha recaído sobre nosotras. Si nos desviamos de la norma, si hacemos acusaciones, si no nos vestimos de acuerdo como se debe, podemos sufrir la etiqueta de locas para desestimar lo que somos, lo que sentimos, lo que pensamos. Y bueno, ella es una loca, entonces ella no es tomada en cuenta. 

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Katherine Mani Acosta (periodista) y Pilar Quintana durante la grabación de Doble Espacio. Foto: TV UDEM

Otro momento muy fuerte es el encuentro de Rosa como una persona no blanca. ¿Qué nos dice este tema de la actualidad colombiana? ¿Han cambiado los horizontes raciales? 

Sí, mira que en Colombia nos decían en el colegio que nosotros teníamos las tres sangres, la negra, la indígena y la española. Ser mestizos nos blindaba de ser racistas, pero eso es una gran mentira. Quizás una mestiza blanca colombiana como yo, si me voy a los Estados Unidos, dejo de ser blanca en los Estados Unidos o dejo de ser blanca en Europa, pero en Colombia yo tengo privilegios de blanca, a mí nunca me han discriminado por mi color de piel, ni por la textura de mi pelo, ni por cómo hablo, ni soy una mujer racializada dentro de mi país; pero una mujer negra, aún cuando haya sido mezclada y tenga también sangre española o indígena, sí es una mujer racializada. A Rosa le han dicho que ella es la más blanca de todas, pero ella se da cuenta cuando se enamora y empieza a vivir con su novio irlandés que él sí es blanco y que ella no es blanca en lo absoluto. Luego se van a vivir juntos a una población de pescadores negros en el Pacífico colombiano donde a ella le dicen la gringa, entonces allá vuelve a ser blanca. Ella no era racista hasta que llega a vivir a esta población y se da cuenta que ella fue criada con prejuicios racistas hacia los negros. Al vivir en una población negra los descubre y queda un poco en shock porque ella se sentía por encima de esos prejuicios y se da cuenta que no lo estaba, que ella fue permeada por un racismo.

Se requeriría extirpar estructuras que están impregnadas en nosotros. 

Sí, y que el primer paso es reconocer que lo somos. Cuando alguien me dice “Yo no soy machista”, yo digo “Positivo para machista”. Cuando alguien me dice “Es que yo tengo muchos prejuicios machistas”, sé que está deconstruyendo sus prejuicios, ¿no? Yo soy una mujer feminista, pero soy machista porque crecí en un mundo patriarcal, en un mundo sexista e incorporé esos prejuicios y crecí con esos prejuicios naturalizándolos. Cuando empecé a identificarlos, ese fue mi primer paso en convertirme en una mujer feminista. Lo mismo pasa con el racismo. Yo tengo un racismo internalizado que ha vivido dentro de mí porque crecí en una sociedad racista que niega su propio racismo y que lo naturaliza. Y solo hasta que pude identificarlo he empezado por lo menos a identificar que soy, que tengo y cargo prejuicios racistas.

Dialogando un poco con compañeros y profesores, parecería que La Perra y Noche Negra están en el mismo universo. ¿Cómo ha sido la creación y construcción de este universo en el que habitan tus textos?

Bueno, La Perra la publiqué en 2017, pero esta historia transcurre mucho después de la historia de Noche Negra. Rosa y Gene, los protagonistas de Noche Negra, aparecen en La Perra muchos años después, y ahí conocemos su destino. Yo sabía que esos personajes, aunque eran extras en la historia, en algún momento iban a tener su historia. Y bueno, llegó el momento cuando escribí Noche Negra: todos los personajes que aparecen en ambas novelas yo los conozco. Por ejemplo, del ingeniero yo conozco su vida anterior a llegar a vivir a este lugar, conozco los hijos que va a tener y cómo los hijos van a llegar a habitar ese acantilado. Es un universo narrativo que yo lo concibo como un gran tablero y poco a poco he ido contando historias. Está Noche Negra, está La Perra y está un cuento, que se publicó en una antología de cuento colombiano que se llama Puñalada Trapera. Ahí aparece una historia de Gene. Tengo otro cuento que se llama Jardín Secreto, donde está una historia de Rosa. Digamos que he venido tejiendo este universo narrativo a lo largo de varias obras.

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