
Un legado que permanece: cómo William Breen Murray sigue vivo en la memoria de sus colegas y alumnos
Por: Ximena Muñoz Montaño y Ángel Ortega Gómez
Este 30 de marzo se cumplen 10 años del fallecimiento del doctor William Breen Murray, quien fuera una de las figuras más representativas de la Universidad de Monterrey (UDEM) debido a su trayectoria académica y cercanía humana, las cuales dejaron una huella significativa en estudiantes, docentes y en toda la comunidad universitaria.
Algunos de sus alumnos y colegas lo recuerdan como un docente apasionado por su profesión: la antropología, pero, sobre todo, por la docencia, la cual ejercía con mucha generosidad y empatía.
De acuerdo con Bertrand Lobjois, maestro de la UDEM, Murray marcó a varias generaciones de alumnos a través de su conocimiento y su trato, el cual siempre se caracterizó por su buen humor.
Además, la relación que establecía con sus alumnos no se limitaba a asumir que él era el que les proveía conocimiento, sino que a él le gustaba aprender de sus propios estudiantes.
“Un verdadero profesor también aprende de sus estudiantes. Breen Murray estaba siempre dispuesto a eso. Bastaba con atestiguar un encuentro con algún alumno años después para ver el cariño que le guardaban. Siempre lo terminaban invitando a la Universidad o a algún concierto o a una actividad de campo”, comparte Lobjois.
María Olivia Villarreal, actual docente del Departamento de Humanidades de la UDEM y quien fuera alumna de Breen Murray, recuerda que era un maestro con mucho conocimiento, el cual les brindaba muchos detalles en sus clases.
“Era muy buen maestro, me gustaban mucho sus clases porque daba mucha información y datos. Él me dio clases sobre Japón y Canadá, y fue una gran experiencia por la forma en la que exploraba ambas culturas. Yo siempre estaba tomando notas durante la clase”, recuerda.
Por su parte, José Luis Berlanga, maestro del Departamento de Ciencias Sociales, asegura que desde que él se integró como maestro a la UDEM ya le guardaba mucha admiración y solía buscarlo para consultar dudas. Su respuesta, en sintonía con lo que otros alumnos y colegas recuerdan de él, siempre era atenta y generosa.
“Cuando llegué a la UDEM, el doctor Breen Murray y la doctora Sonia Calderoni eran dos grandes referencias en las que me fijaba. Se podría decir que era como su discípulo. Su oficina siempre estaba abierta y nos recibía para conversar o para ayudarnos con cualquier cosa que se nos atravesara”, comparte Berlanga.
La risa fuerte que tenía es lo primero que recuerda Philippe Stoesslé, profesor del Departamento de Ciencias Sociales, de Breen Murray. “Siempre se le escuchaba hablar y reír con alegría desde la mitad del pasillo. Era un colega que alentaba todo el tiempo y contagiaba el buen humor”.

William Breen Murray nació en Chicago, Estados Unidos, en 1940. Creció en el Suburbio Oak Park junto con su madre teosófica y su abuela católica. Desde joven mostró interés en la cultura y en la historia, ya que su pasatiempo favorito era visitar el Field Museum de Historia Natural.
En sintonía con este interés, estudió Historia en Carleton College, en Minnesota, de donde se graduó con honores. A inicios de la década de los 70 comenzó su postgrado en Antropología en la Universidad McGill, enfocando sus estudios en la etnopsiquiatría. Este giro en su área de investigación lo llevó a realizar trabajo de campo en el Ártico de Canadá y en el noreste de México, donde se quedaría a trabajar muchos años.
Llegó a Monterrey en 1973 por un convenio de beca durante sus estudios de postgrado que le permitió ser maestro de la UDEM. A pesar de que regresó temporalmente a Canadá, decidió regresar a Monterrey y continuar con su trabajo académico y de investigación.
En la UDEM inició impartiendo materias como antropología médica y desarrolló investigaciones de campo sobre el culto al Niño Fidencio, situado en el Espinazo, Nuevo León. Además, en 1976 comenzó su interés en el arte rupestre del noreste de México, trabajo por el cual ganaría un importante reconocimiento internacional que lo llevaría a ser parte de la American Rock Art Research Association (ARARA), organización internacional dedicada al estudio del arte rupestre.
Esta línea de trabajo lo hizo ser considerado pionero en el estudio de petrograbados ubicados en Boca de Potrerillos, lugar en donde identificó patrones relacionados con ciclos lunares.
En 2009 sufrió un infarto al miocardio que lo hizo retirarse de la docencia. Sin embargo, siguió haciendo exploraciones y producción científica. En 2014, en consideración a su cercanía con el budismo, tradujo El grito de Buda, de Haya Akegarasu.
El 31 de marzo de 2016, debido a un infarto cerebral, falleció en Monterrey.
Entender la historia del noreste, su gran legado
Después de una carrera tan prolífica, la identificación de su legado más relevante puede resultar una tarea complicada. Empero, sus colegas destacan su labor en la identificación, producción de conocimiento y fomento al cuidado del arte rupestre del noreste de México.
“Breen Murray hizo aportaciones clave en el mundo de la investigación y puso en el mapa mundial el arte rupestre del Noreste de México a través de foros, publicaciones y trabajos que siguen siendo referencia para mí y muchos colegas”, asegura Lobjois.
Stoesslé rememora, con mucho agradecimiento, que lo llevó a Icamole, Nuevo León, a revisar su patrimonio arqueológico: “cruzamos matorrales, ríos y trepamos colinas. Me enseñó lugares con petroglifos grabados en piedra de los primeros humanos residentes de esta zona: flechas, signos acuáticos, plantas. Breen Murray me enseñó a entenderlos y a imaginar cómo era este lugar hace 6 mil años”.
Para Berlanga, su trabajo como investigador, que lo llevó a descubrir muchas piezas arqueológicas en Mina, Nuevo León, sigue siendo muy importante, pero dicho trabajo no hubiera tenido la misma trascendencia si no hubiera sido un gran maestro y divulgador.
Villarreal coincide: “Su investigación del noreste y en la Boca de Potrerillos tiene mucha relevancia, pero no podríamos dejar a un lado todos los años en los que ejerció la docencia y todas las generaciones de estudiantes de diferentes carreras a los que formó. Por lo tanto, su legado también está presente en la historia de la Universidad, de la UDEM”.
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