Leon XIV y su “Magnifica Humanitas”


Rixio G Portillo R
Por: Rixio Gerardo Portillo R.

La publicación de la primera encíclica de León XIV ha generado una expectativa global en un mundo hiperconectado. El título Magnifica humanitas se mantuvo, durante más de dos horas, en el ranking de mayor popularidad de las búsquedas en Google el 25 de mayo del presente año. Así mismo, en X –antes Twitter– el término se volvió tendencia en once países y apareció en los registros de buscadores de todo el mundo. En Instagram, el hashtag muestra 164 mil publicaciones al momento de la escritura de esta columna, lo que evidencia su viralidad y relevancia en la discusión pública.

La razón puede ser muy obvia pero, al mismo tiempo, muy compleja. El tema no es solo la IA, alrededor de la cual sobreabunda contenido en Internet, sino más bien el desafío humano ante el crecimiento acelerado de la tecnología y la inteligencia artificial. León XIV se inserta en esta dinámica. El papa, de origen estadounidense, abre líneas de discusión, en especial porque se trata de una persona que conoce las dinámicas de crecimiento del Norte Global y las desigualdades del Sur Global, sin quedar atrapado en una estéril dicotomía.

Prevalece lo humano en un documento sobre la técnica

El tema del documento no es la IA; ni siquiera la tecnología. Se trata de un esfuerzo por rescatar lo humano –tarea urgente y necesaria en un mundo cada vez más deshumanizado– evocando lo dicho por Edgar Morin: “Solo lo humano, puede deshumanizarse”.

Los temas de la encíclica son amplios y vastos, y escribir una opinión, dada su reciente publicación, probablemente se limitaría a un mero comentario superficial. Sin embargo, hay algunas pistas más enfocadas desde el punto de vista de la comunicación. Por ello, en un espacio como este –un laboratorio de periodismo– su planteamiento es pertinente.

Los rasgos de la cultura del poder

En su reciente encíclica, titulada Magnifica Humanitas, el papa habla de la cultura del poder: “La disponibilidad de medios y la capacidad de dominar [que] tienden a dictar la agenda y los criterios de decisión, relegando el bien común de la humanidad a un segundo plano (…) Esta cultura del poder penetra en la sociedad, modifica las relaciones y los comportamientos, se expande normalizando la guerra, persiguiendo un poder militar cada vez mayor, aprovechándose de la crisis del multilateralismo y alimentando un falso realismo, el cual repite que no existen alternativas”.

La cultura del poder normaliza la violencia, exhibe el modelo militar y armamentista, alimenta un falso realismo del más fuerte y nos priva de cualquier visión alternativa de la realidad. Pero sería un error limitar la presencia de esta cultura a la narrativa o la fuerza del gobierno desde el poder legítimo o abrogado. León XIV, en continuidad con la enseñanza social de la Iglesia, habla del “nuevo sistema económico-financiero mundial, caracterizado por una gran movilidad de los capitales y los medios de producción, [lo cual] ha reducido el poder político de los estados y su capacidad para orientar los procesos económicos”.

El poder se traduce ahora en datos y en cómo se controlan y administran a través de la información, reconociendo que en las redes sociales y en la IA, la data es dispuesta por el usuario, en lo que Paolo Benanti describió como “dataísmo”, la nueva ideología de la tecnología.

Las redes sociales y sus efectos

Además de asuntos relacionados al poder y los datos, Magnifica Humanitas aborda el efecto de las redes en la vida diaria: “La omnipresencia de los medios digitales genera una cultura de la inmediatez y la sobreestimulación, que alimenta el cansancio, el aburrimiento y la apatía ante el esfuerzo que supone buscar la verdad (…) El poder de las plataformas y en quiénes programan los algoritmos”, afirma la encíclica del papa. Asimismo, Prevost no sienta en el banquillo de la inquisición a la tecnología. Pide tomar una postura con matices frente a los medios, ni demonizarlos ni idolatrarlos, sino gestionarlos a partir de un punto fijo: “la verdad es un bien común y no una propiedad de quienes tienen poder o visibilidad” Esto hay que resaltarlo: la verdad no es propiedad del poder, ni debe ser impuesta por este. 

Por tal motivo, el papa señala que es necesario un “periodismo serio y espacios de debate en los que primen la argumentación y la verificación por encima de la reacción inmediata”. Así mismo, plantea “la formación en el uso correcto y crítico de las herramientas digitales”, sobre todo “en el ámbito de la universidad, el gran reto de la integración de los conocimientos, formando tanto en la capacidad de conectar y fusionar saberes para interpretar la complejidad, como en las técnicas de verificación de los hechos”.

León XIV alerta sobre un exacerbado positivismo digital como resultado del colonialismo ideológico, cediendo ante “el entusiasmo por las nuevas tecnologías con una visión futurista de ‘humanidad potenciada’ o de ‘hombre hibridado’ con la máquina”, pero ni la persona ni la sociedad, en su conjunto, pueden reducirse a lo digital. En contraste con la cultura del poder, Magnifica Humanitas propone una medida para medir la calidad de la civilización ajena al poder de sus medios: el cuidado que ofrece a sus miembros, la capacidad de reconocer un rostro en el otro y no una función.

De allí, cuatro tareas clave que, probablemente, constituyen un programa deontológico en materia de comunicación, del cual, por lo menos en la Universidad de Monterrey, no estamos lejos. El papa las propone incluso con signos de exclamación, con todas las implicaciones semánticas de la grafía: 1) permanecer fieles a la verdad, 2) invertir en la educación que empieza por nosotros mismos, 3) cuidar las relaciones y 4) amar la justicia y la paz. 

León XIV decidió escribir su encíclica en primera persona y expresa su firme voluntad de aportar criterios de discernimiento al debate con una invitación aguerrida y valiente: “Quisiera, por último, usar una palabra muy importante para mí: ‘desarmar’. Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es solo militar, sino económica y cognitiva. Es la carrera por el algoritmo más eficaz y por el banco de datos más amplio, para consolidar una ventaja geopolítica o comercial sobre todos los demás. Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida”.

Sobre el autor:

Rixio Gerardo Portillo R.

Profesor asociado del Departamento de Cine y Comunicación de la Universidad de Monterrey

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