“La pasión con la que se vive el futbol en Monterrey es distinta”: Homero Ontiveros
Por: Fernanda Galván
Desde hace siglos la ciudad ha supuesto un orden frente al caos del mundo y la naturaleza salvaje. Una forma de armonía que da un sentido de comunidad. Sin embargo, la ciudad como pretensión de orden enfrenta constantemente situaciones de cambio: guerras, desastres naturales, desarrollo tecnológico y hasta la organización de eventos deportivos como un Mundial.
Con el objetivo de entender de qué manera impacta la llegada de la Copa Mundial de la FIFA 2026 a Monterrey los Medios Académicos UDEM presentan Jugando de local, una serie de conversaciones que proponen una reflexión en torno al rol del futbol en la construcción de la identidad regiomontana, la visión del progreso y su influencia en los proyectos de infraestructura.
Para adentrarnos en el vínculo del futbol con la cultura regiomontana dialogamos con Homero Ontiveros, tecladista y compositor del grupo Inspector, quien también se ha desarrollado como periodista cultural con colaboraciones en medios de comunicación como La Rocka y Zona Sucia.
¿Cómo es tu relación con el futbol?
Es una relación muy profunda. Creo que, como la de muchos regiomontanos, desde que estamos pequeños se permea todo el ambiente. Recuerdo, por ejemplo, ver en casa de mi abuela paterna, en el cuarto de mi tío, pósters de Jerónimo Barbadillo y otros jugadores clásicos de Tigres. Además jugué en equipos locales y en las Fuerzas Básicas de Tigres.
¿Cómo vislumbras el futbol como fenómeno social en Monterrey?
Ser parte de la banda Inspector me da la oportunidad de viajar a muchas ciudades de otros países y sí puedo decirte que la pasión con la que se vive el futbol en Monterrey es distinta. Hay una pasión muy grande. Además, está relacionado con dos símbolos empresariales. Nuevo León es un estado industrial y las dos grandes empresas reconocidas históricamente están vinculadas con el futbol. Pero creo que también me atrevería a decir que es un estilo de vida, lo cual hace que trascienda lo deportivo para convertirse en un fenómeno social y cultural.
Sobre cómo lo vivimos los regiomontanos: ¿qué es lo que más te llama la atención?
La pasión, obviamente. Pero esta pasión tiene distintas líneas. Una es la catarsis. ¿A qué me refiero con la catarsis? A que la Zona Metropolitana es una ciudad gris en muchos sentidos. Monterrey es concreto y eso genera vulnerabilidad en las personas que luego requieren ciertos elementos para darle escape a esa vulnerabilidad. Y muchas personas en esta ciudad hacemos catarsis a través del futbol. Otras quizá cuestionan cómo es posible que una persona se pueda gastar tanto dinero en una playera o en un abono para ir al estadio. Bueno, pues a partir también de la cultura de trabajo que se tiene en una ciudad como esta hay muy pocas oportunidades para tener este tipo de escapes. Y el futbol es eso, una expresión hacia afuera, una oportunidad de sacar el estrés por vivir toda la semana en una ciudad de cultura trabajadora que, además, es caótica.
El pretexto principal de esta entrevista es el Mundial. ¿Qué recuerdas del primero que te tocó presenciar?
Estaba muy pequeño, pero me acuerdo de México 86. Me acuerdo de los partidos que se jugaron aquí en el Estadio Universitario y de la mascota que se llamaba Pique. También de ver los partidos de Argentina, Alemania y México, pero sobre todo del gol de media tijera de Manuel Negrete. Lo viví como cualquier niño de una colonia popular regiomontana, es decir, viendo los partidos y saliendo a correr después a la calle para jugar, con porterías hechas con piedras.
Los mundiales para los mexicanos son muy especiales, pero también representan una nueva confrontación con esa especie de destino tragicómico.
Es una nueva frustración cada cuatro años.
¿Qué opinas sobre la relación que hacen algunos periodistas o comentaristas entre la historia de la ilusión y el fracaso con la identidad del propio mexicano?
Hay que tomar en cuenta que todo esto ya va más allá del mero deporte. La Selección es un producto comercial y todo el tiempo nos la están tratando de vender. Sin embargo, desde que tengo memoria, nunca había visto la relación entre el aficionado y el Tri tan fracturada. Y no se trata del quinto partido, sino de los manejos de la Federación que han causado que haya tan poca representación. Tampoco hay jugadores con los que la afición se identifique. No hay un Cuauhtémoc Blanco o un Chicharito (antes de que se volviera loco).
Todos querían ser como él.
El mexicano necesita depositar su esperanza en un símbolo. Ahora no veo a Guillermo Ochoa o a Raúl Jiménez ejerciendo ese rol. Por lo tanto, creo que puede haber una conexión más profunda con el fenómeno del Mundial que con el de la Selección. La prueba está en los partidos de eliminatoria que se llevaron a cabo en marzo: la afición se fue contenta y los jugadores se fueron contentos. ¿Por qué? Por el trato, por la fiesta.

La canción Es por ti, de Inspector, se ha adaptado muy bien al ámbito futbolero porque también puede leerse como una relación entre la afición y el equipo. ¿Cómo explicas ese vínculo o pacto emocional que parecería irrompible?
Nunca había pensado en esa idea de lo irrompible. Es muy difícil, claro, que una persona ligada al futbol pueda romper ese lazo y es bien complicado que alguien cambie de equipo. Yo hace tiempo renuncié a la polémica entre Tigres y Rayados, pero disfruto ver los partidos en mi casa y me enojo y me emociono, pero hasta ahí. Entonces quizá lo moldeas, cada quien lo va moldeando conforme va desarrollándose como persona.
¿Qué te llama la atención del futbol como fenómeno cultural de las masas?
Que el futbol es una representación de modelos de sociedad. Es decir, de entrada, el futbol no lo puedes jugar solo. Se tiene que jugar en equipo y desde ahí ya hay un reflejo de las dinámicas o los roles que tenemos cada quien en una comunidad. Es una gran metáfora: no tenemos que correr todos detrás del balón, hay que estar distribuidos, saber cuál es el papel de cada uno. Pero también, por ejemplo, la forma en la que naciones en conflicto han tenido 90 minutos de paz. En Colombia, en las Comunas, se hacen torneos de futbol callejeros para tratar de arreglar las cosas entre dos grupos. Mucha gente piensa que es como una especie de opio, pero esa me parece la lectura más simplona. Un opio puede funcionar para cualquier persona, siempre y cuando ésta lo permita. No le echemos la culpa al futbol para dejar de responsabilizar a los individuos.
Retomando el Mundial en Monterrey, ¿crees que habrá un recibimiento que impacte a toda la ciudad y atraviese los distintos estratos sociales o piensas que será algo más limitado, reservado para un contexto mucho más exclusivo?
De acuerdo con el estilo regiomontano, su identidad y su idiosincrasia, creo que buscarán generar la percepción de que lo hicieron mejor que en todos los otros lados. Porque así somos los regios, nos gusta sobresalir de esa manera. El Gobierno del Estado anunció sus eventos, los cuales han sido recortados por un tema de presupuesto. Habrá que ver cómo responde la gente a esa convocatoria, pero yo infiero que puede haber un poco de resistencia, ya que hay un malestar actual por el caos generado por las construcciones de los proyectos de infraestructura. No hay mejor metáfora que unas líneas del metro sin terminar para un mundial de futbol. Y este caos que estamos viendo por las construcciones también es una forma de violencia. Quizá la gente quiera hacer su propia fiesta y, en ese sentido, tenemos que estar atentos a ver qué sucede en otros espacios de esparcimiento como Barrio Antiguo o Centrito.
Bandas de ska y reggae han abordado el futbol en varias de sus canciones: ¿tienes alguna favorita?
Hay varias bandas que lo han hecho. Pienso en Los Pericos, Los Fabulosos Cadillacs. Pero fíjate que en los últimos años me he interesado mucho en la cumbia y hay un estilo que se llama chicha, que se hace en Perú. Es cumbia psicodélica, le llaman amazónica. Y se ha hecho tanto ruido y hay bandas como Los Mirlos que han estado de gira por Europa y ya hasta la selección peruana sacó un tercer uniforme relacionado con la chicha, con los colores de la cumbia. También en Irlanda hay varios grupos de rock, punk o hardcore que tienen relación con el futbol. En Inglaterra está Oasis. Pero canciones… me quedo con la nuestra, Es por ti, de Inspector.
En distintos contextos el futbol, por su poder de convocatoria, ha generado expresiones políticas, denuncias, peticiones o exigencias. ¿Ahora, qué cambio te gustaría que impulsara el futbol?
Bueno, vamos a ser muy realistas: el futbol, entendiéndolo como la Federación o la FIFA, no impulsará ningún cambio. Las pruebas están ahí. El pasado Mundial se realizó en un país con un gravísimo problema de derechos humanos y ¿qué hizo la FIFA? Nada. Ahora con el conflicto entre Israel y Medio Oriente, lo que ocurre en la Franja de Gaza. ¿Qué ha hecho la FIFA? Absolutamente nada. Lo que se genere tiene que venir del público. Por ejemplo, México es el país que tiene el mayor número de personas desaparecidas de todo el mundo y recientemente distintos colectivos de familiares de personas desaparecidas fueron a pegar las fotos de sus familiares afuera del estadio Azteca.
¿Y en tu ciudad o en tu comunidad?
Si tratamos de dimensionar las problemáticas que existen en nuestras comunidades veremos que son muy profundas y tienen mucho arraigo. Por lo tanto, yo he llegado a la conclusión de que si queremos hacer un cambio tendríamos que pensar en los problemas del día a día. Apelando al romanticismo, me gustaría que a través del futbol se sanara la herida que ha dejado la violencia en la sociedad regia. Me gustaría que se creara más empatía, más unión, que se sintiera un ambiente de fiesta. Necesitamos paz, por mucho que nos cueste decir esa palabra. Nos cuesta porque la vemos como utópica. Lo vemos como algo tan lejano…
Creemos que es inalcanzable.
Sí, no seas inocente, no seas tonto, ¿cómo que paz? Pues sí, paz es lo que necesitamos, paz mental, paz entre grupos sociales, paz en las comunidades. Como diría Mafalda: “paren este mundo porque necesito bajar”. Hay que bajar de ese tren y sentarnos un poco a dialogar con el otro. Si vemos manifestaciones por familiares desaparecidos, yo los invito a que seamos empáticos, que entendamos que no lo están haciendo por gusto, sino por necesidad. Es importante entender que las personas pueden protestar por el costo del camión urbano, por las construcciones, por la violencia o por las personas desaparecidas porque son problemas reales de esta ciudad.
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