
NL lleva el teatro a hospitales, cárceles y plazas públicas
Por: César Alejandro Alanís Castro y Fernando Andonie
El gusto por el teatro en Nuevo León es cada vez mayor y esto se debe, en parte, a que los organismos culturales del Estado han desplegado una estrategia que saca la puesta en escena de algunas obras teatrales de los emblemáticos teatros y la lleva hasta la gente, en plazas públicas, hospitales, cárceles y centros comunitarios, entre otros lugares.
El resultado, dice César Darío Tapia, director del Teatro de la Ciudad, es que más personas pueden disfrutar de estas actividades, se da a conocer el talento artístico y se le da una «vocación más social e inclusiva a las artes vivas».
El pasado 29 de agosto concluyó el Festival de Teatro Nuevo León, que este año realizó su edición número 25 y que dejó un total de 10 mil 403 asistentes a 41 actividades que se realizaron durante los 10 días que duró el Festival.
«El balance es muy positivo, teniendo en cuenta que el teatro es un espacio no masivo, la capacidad de las salas es limitada. Sin embargo, extendimos las actividades y funciones más allá de Monterrey y las sacamos de las salas de los teatros para que más personas tuvieran la oportunidad de disfrutar de esta fiesta escénica», afirma Tapia en entrevista.
El Festival, dice, se realizó en seis municipios del área metropolitana (Monterrey, Escobedo, San Nicolás, Guadalupe, García y El Carmen) y tuvo 12 sedes, incluyendo esferas culturales, plazas públicas, centros de reinserción, hospitales y espacios escénicos formales.
Se presentaron obras en recintos emblemáticos, como el Teatro de la Ciudad, el Teatro del Centro de las Artes y el Centro Cultural Metropolitano, pero también en el Hospital Materno Infantil y en el Hospital Metropolitano, al igual que en las Esferas Culturales de García y El Carmen, en tres centros culturales, entre ellos el Centro Comunitario San Bernabé, en la Plaza Principal de Guadalupe y en el Centro de Reinserción Social Femenil (Ceprereso).
«Quisimos descentralizar la oferta artística y llevar el teatro a diversos sectores de la sociedad. Por ejemplo, llevamos el teatro a los lugares donde menos se lo esperaban, como la sala de espera de un hospital».
La compañía Teatro al Vacío llevó su propuesta escénica Yo soy a los hospitales. La obra, que está dirigida especialmente a niños de 3 a 6 años, se desarrolla a partir del teatro corporal y enfatiza sobre la aceptación como parte importante para la construcción de identidad. «No fue una obra pensada para que el público fuera, fue una obra que se insertó donde hay público, y la respuesta que tuvimos de las personas que esperan en un hospital fue maravillosa. Ves cómo las personas cambian, cómo se involucran de manera natural y orgánica dentro de una intervención artística y qué sensación les deja estas presentaciones», señala Tapia.
Conarte (el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León), el organismo gubernamental que organizó el Festival de Teatro con el respaldo de la Secretaría de Cultura estatal, también llevó la obra Subibaja, del Proyecto Chikozapote, de Morelos, al Centro de Reinserción Social Femenil. “La obra, de la directora escénica mexicana Ireli Vázquez y que está dirigida a las primeras infancias, desencadenó una serie de reacciones positivas de las madres que se encontraban con sus bebés en este lugar”, cuenta Tapia.

El Carro de Comedias de la UNAM, una agrupación de teatro itinerante que utiliza un remolque que transforma en escenario para presentar obras al aire libre, estuvo en las periferias del área metropolitana —García y El Carmen— y en la Plaza Principal de Guadalupe con la puesta en escena de Ubú Rey, una obra clásica de Alfred Jarry que satiriza el poder y sus excesos. Este proyecto teatral lleva casi 30 años ampliando el acceso al teatro, llevando adaptaciones de textos clásicos a escuelas, plazas y espacios públicos de todo el país.
Atrae Festival con variedad y obras de renombre
Una de las puestas en escena más esperadas fue El invencible verano de Liliana, una adaptación de la novela de la escritora mexicana Cristina Rivera Garza, obra que fue ganadora del premio Pulitzer 2024. El monólogo, protagonizado por la actriz mexicana Cecilia Suárez, abrió el Festival, pero sus entradas, vendidas previamente, se agotaron en menos de tres horas.
“La positiva respuesta del público a esta obra se debe a varios factores: Cristina Rivera Garza es una autora muy reconocida, es una obra importante y con impacto, la novela ha ganado premios, Amaranta Osorio hizo una excelente adaptación de la novela, y contó con la presencia de Cecilia Suárez, una actriz que tiene fama y es muy reconocida. Todos estos ingredientes se pusieron sobre la mesa y se conjugaron para hacer que los boletos se agotaran rápidamente y la gente se volcara a ver la obra”, explica el director del Teatro.

Cecilia Suárez es conocida por su interpretación de Paulina de la Mora en la serie original de Netflix, La casa de las flores. A lo largo de su carrera, ha participado en otros largometrajes como Párpados azules, Sin Ton ni Sonia, Puños rosas, y Sexo, pudor y lagrimas. En teatro, ha actuado en obras como Otelo, Pequeñas certezas, El diccionario sentimental y Popcorn.
“Lo maravilloso del Festival es que podemos tener artistas que son muy mediáticos, como Cecilia Suárez, y también artistas que no lo son, pero que tienen toda la escuela y toda la experiencia de las tablas”.
En el Festival de este año participaron 187 artistas en 41 actividades. Se presentaron alrededor de 35 funciones, que fueron ofrecidas por 21 compañías o agrupaciones, seis de ellas de Nuevo León y 15 del resto del país. Dos compañías internacionales también presentaron sus obras. Una de ellas de Portugal y la otra estaba integrada por artistas de cuatro países: México, Argentina, Reino Unido y Japón.
De la oferta artística de este año destacan, entre otras, la puesta en escena de la compañía portuguesa Hamlet o musical; Autobiografía del algodón, una obra inspirada en la novela homónima de Cristina Rivera Garza; El peso de las hormigas, una comedia juvenil producida por el Teatro UNAM; Yo no soy Charlie o la melancolía de una lengua en formol, producida por la compañía nuevoleonesa Teatro Garage 23 y por Conarte; Los hermanos Karamázov, una producción de la compañía regia Takupí Creadores Escénicos y la Secretaría de Extensión y Cultura de la Universidad Autónoma de Nuevo León; y Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo, una obra de teatro documental de la compañía Teatro Línea de Sombra, de la Ciudad de México.
El Festival cerró con la obra clásica de Emilio Carballido La danza que sueña la tortuga, dirigida por Nohemí Espinosa. Esta comedia teatral, que originalmente se estrenó bajo el nombre de Las palabras cruzadas en 1955, no deja de despertar la atención y de generar buenas críticas entre las distintas generaciones, a pesar de los años.
“La danza que sueña la tortuga fue un clásico de los años 70 y 80, pero no pasa de moda. Ponerlo en escena 40 años después, y darte cuenta que las nuevas generaciones la siguen disfrutando igual que en su momento la disfrutaron nuestros papás y nuestros abuelos, te habla del impecable montaje y de la buena actuación de la obra, lo cual nos deja un muy buen sabor de boca”, dice César Tapia.

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