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El sociólogo Philippe Stoesslé durante la presentación de su libro en una conferencia en la Universidad de Monterrey. Foto: Nina Margot Castro Gainza

Trámites innecesarios y burocráticos impiden el acceso real a salud para los migrantes: académicos


Por: Gloria Inés Pérez Galvis

El viacrucis por el que atraviesan los migrantes en México, especialmente aquellos que van en tránsito por el país, para poder acceder al sistema público de salud pasa por exceso de trámites, requisitos, documentos que muchas veces son literalmente inalcanzables para alguien en situación irregular y, en consecuencia, falta de atención médica urgente o necesaria, afirmó el investigador de la Universidad de Monterrey Philippe Stoesslé.

Al enfrentarse a esta realidad, dijo Stoesslé, las personas muchas veces renuncian a atenderse por miedo o desespero de no poder cumplir con los requisitos y terminan atendiéndose en consultorios de farmacia, en redes comunitarias, usando hierbas para curarse o dependiendo casi exclusivamente de albergues y sociedad civil para sobrevivir sanitariamente.

Decenas de casos de migrantes y sus experiencias con el sistema de salud público en México quedaron documentados en el libro L’accès à la santé des migrants au Mexique. Entre altérisation et discrimination, que en español se traduce como El acceso a la salud de los migrantes en México: entre la alterización y la discriminación, escrito por Stoesslé, resultado de una investigación que comenzó en el año 2012 y que aún continúa.

Durante esos años, el sociólogo encontró, entre otras cosas, que en el sistema de salud pública hay personas rezagadas y discriminadas, especialmente aquellas en movilidad precaria que no logran tener acceso al sistema por exceso de burocracia, y a quienes se les condiciona el servicio a requisitos que, en muchos casos, son imposibles de cumplir.

«Una vez me encontré con un chico salvadoreño que decía que México era un laberinto administrativo. Él aún no tenía la Póliza de Afiliación que permitía en aquella época usar el Seguro Popular a los migrantes en tránsito de manera temporal, pero al encontrarse frente a una urgencia médica pidió el servicio, el cual le negaron por no poseer la Póliza. Entonces, aunque la Constitución y la Ley de Migración garantizan los derechos humanos para todas las personas presentes en el territorio nacional, en la práctica la falta de un requisito es suficiente para que se le niegue la atención médica a un migrante. Aquí, la Póliza de Afiliación, que es un documento administrativo, valió más que la propia Constitución», afirmó el investigador durante la presentación de su libro, un evento que se realizó en el marco del Summit 2026: «Derecho, Democracia y Relaciones Internacionales: Construyendo liderazgos para un mundo interdependiente«, una cumbre que realizó la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Monterrey (UDEM).

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El libro ganó este año el premio científico de L’Harmattan, una editorial francesa, en la categoría de sociología, y se espera que pronto sea traducido al español. Foto: Agencia Informativa UDEM

Como este, Stoesslé documentó varios casos en su libro, pues realizó un extenso trabajo de campo que le permitió reunir esa información. El investigador acompañó a muchos migrantes durante sus recorridos por los hospitales, que comenzaban desde las 5:00 de la mañana y se extendían hasta la noche.

«Recuerdo el caso de un chico guatemalteco con posible tuberculosis y VIH Sida al que, en vez de ayudarlo médicamente y de mandarlo a hacer los exámenes con prontitud —pues podría presentar una condición de salud delicada y representar un riesgo de salud pública—, lo hicieron pasear por todo lado exigiéndole una papelería que no podía tener. No lo atendieron porque no tenía ningún documento, ni siquiera de su país», dijo Stoesslé, quien es profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UDEM y miembro cofundador de la Asociación Civil «Solidaridad en el Éxodo A.C.«, dedicada a la atención integral a las personas migrantes en Nuevo León.

Y aunque el sociólogo reconoció que, comparado con otros estados, en Nuevo León la atención en salud al migrante es buena, aclaró que sólo es aquella que se ofrece en el primer nivel. «Ahí funciona muy bien para todas las personas, es muy fluido el acceso, pero cuando vamos al segundo o tercer nivel la situación se complica mucho».

«Al exceso de burocracia y a la discriminación en la atención médica al migrante se le suma un sistema de salud público extremadamente fragmentado y complejo —con un sistema federal, muchos regímenes especiales y estados que tienen sus propios sistemas de salud—, la desfinanciación del sistema y un número cada vez mayor de migrantes que deciden quedarse en el país porque no logran llegar a Estados Unidos y que necesitan de un sistema de salud actualizado y con la capacidad y capacitación necesarias para atenderlos porque es un derecho humano fundamental», afirmó el experto en temáticas de acceso a los derechos sociales de las personas migrantes.

La salud como derecho, no como privilegio

Después de la presentación del libro, se realizó el panel de discusión “Salud en Movimiento: Desafíos y Perspectivas sobre la Migración Contemporánea”, con tres expertos, además de Stoesslé, que, desde diferentes áreas y experiencias, han trabajado, investigado y acompañado de cerca los procesos de movilidad humana: Bertrand Lobjois, ciudadano francés profesor del Departamento de Humanidades de la Universidad de Monterrey, en donde también fue coordinador académico de antropología filosófica; Markenson Difficile, ciudadano haitiano, naturalizado mexicano, maestro en Educación y profesor de francés en la Preparatoria UDEM, Unidad San Pedro; y David Abner Chay Solares, médico mexicano especializado en la protección del derecho a la salud de poblaciones en movilidad humana y en la respuesta médica ante emergencias.

Los expertos hablaron sobre la brecha que existe entre el marco legal y la práctica cotidiana en la prestación de servicios de salud para los migrantes, y sobre cuáles deben ser las prioridades inmediatas en políticas públicas y sensibilidad comunitaria para garantizar un trato digno y un acceso real a la salud para la población en movilidad.

«¿Qué valores éticos, sociales y humanos debemos replantearnos como comunidad para dejar de tratar el bienestar físico y mental de las personas como un privilegio vinculado a un estatus migratorio o a una frontera?», le preguntó a los expertos Justine Brancacho, moderadora del panel, alumna de tercer semestre de Política y Gobernanza en la UDEM, y representante de la Red de Comités para la Integración y la Bienvenida (ReCIBE), un grupo estudiantil de la Universidad de Monterrey.

Para Bertrand Lobjois, el valor fundamental que está de por medio y que la sociedad debe replantearse y aplicar realmente es el de la dignidad humana.

«El Estado mexicano trata de reducir al migrante básicamente a un estatus administrativo y se le niega, hasta cierto punto, su humanidad en muchos aspectos, como cuando, por temas administrativos, se limita su acceso a la salud, el cual es un derecho inalienable, o cuando limita la cuestión de la salud a un asunto meramente físico, olvidándose del bienestar integral del migrante que también incluye su salud emocional y psicológica», señaló Lobjois.

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(De izq. a der.) Philippe Stoesslé, David Abner Chay Solares (en la pantalla), Justine Brancacho, Markenson Difficile y Bertrand Lobjois. Foto: Nina Margot Castro Gainza

Markenson Difficile habló del Síndrome de Ulises o síndrome del emigrante con estrés crónico y múltiple. «Es ese desgaste psíquico crónico que vivimos los migrantes por el duelo migratorio, la soledad, la incertidumbre legal y la distancia de nuestros seres queridos. Y es un sufrimiento que no aparece en ningún expediente médico, pero que determina absolutamente cómo una persona vive, trabaja, aprende y se relaciona», dijo el también activista en pro de los derechos de las personas exiliadas, al referirse a este concepto que Stoesslé aborda en el libro y que el mismo Difficile vivió al salir de su país en el año 2014.

«Salimos de nuestros países buscando una plenitud que no encontrábamos donde estábamos. Y esa plenitud no se logra sólo con un cuerpo sin enfermedades, sino con bienestar emocional, con arraigo y con sentido de pertenencia, y para esto los migrantes necesitamos el acompañamiento de la sociedad«, afirmó Difficile, quien ha sido voluntario activo en organizaciones internacionales, como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

David Abner Chay Solares, quien lleva siete años acompañando a poblaciones tanto en migración como en procesos de refugio y retorno, dijo que los componentes psicológicos y psíquicos tienen un rol muy importante al momento de entender los procesos físicos de la salud de los migrantes y cuestionó que existan políticas sanitarias restrictivas o que puedan actuar a discreción de quien esté o no esté en una ventanilla de la atención clínica, pues esto, dijo, es violencia.

«Detrás de conceptos como migración, movilidad o estatus migratorio, existen personas, historias y realidades que muchas veces no vemos. Personas que tienen derechos, dignidad y merecen ser incluidas en condiciones que puedan realmente sentirse seguras y parte de una comunidad», recordó la alumna moderadora.

¿Qué es lo que debe cambiar para apoyar al migrante?

Los expertos coincidieron en que, para garantizar un trato digno a los migrantes y para que puedan acceder realmente al sistema de salud, se requiere establecer prioridades inmediatas en políticas públicas, trabajo con la comunidad, una mayor sensibilización y una mejor formación profesional.

Para Lobjois, es urgente sensibilizar a los agentes administrativos y al personal de salud, que a veces operan como filtros de exclusión, para que aprendan a identificar sus propios prejuicios acerca de las personas en movilidad, pero también es prioritario trabajar con la comunidad «para que las personas puedan reconocer la humanidad en el otro, reconocer al otro como un igual«.

Siguiendo una propuesta del libro de Stoesslé, Lobjois y Chay Solares coincidieron en que se debe desvincular el acto médico del control migratorio para poder garantizar la ayuda al migrante sin que éste sienta ningún temor. Para ello, Lobjois propuso que las universidades podrían crear clínicas de atención integral al migrante que actúen como espacios separados y seguros para ellos.

Chay Solares dijo que esa propuesta tendría que ir acompañada de dos prioridades operativas: formar personal de salud con ética, no nada más médica, sino también con una perspectiva más amplia de derechos humanos; y reconocer y financiar a la sociedad civil que coordina los albergues, sitios que muchas veces son el único espacio que tienen los migrantes para acercarse con un poco de confianza a recibir atención y ayuda.

Con respecto al papel de las universidades para garantizar un trato digno al migrante, los panelistas dijeron que su rol es fundamental, no sólo en la formación inicial de las personas, sino en la generación de propuestas que ayuden a la creación de políticas públicas «y como una trinchera importante para producir evidencia, como lo es este libro», señaló Chay Solares.

Markenson Difficile opinó que la prioridad inmediata es la concientización ciudadana y el acompañamiento sostenido durante todo el proceso de adaptación «porque no basta con recibir a alguien, hay que caminar con esa persona mientras aprende el idioma, la cultura y los códigos sociales, y sobre todo mientras enfrenta ese laberinto administrativo que quedó documentado en este libro. Yo mismo soy el ejemplo de lo que sí funciona: acompañamiento institucional, familiar y humano desde el primer día».

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