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Selene Martínez, Directora ejecutiva del Observatorio Ciudadano de la Calidad del Aire del Área Metropolitana de Monterrey.
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Selene Martínez, Directora ejecutiva del Observatorio Ciudadano de la Calidad del Aire del Área Metropolitana de Monterrey.

“Este año mundialista está evidenciando las deudas que tenemos en Monterrey como ciudad”: Selene Martínez

Desde hace siglos la ciudad ha supuesto un orden frente al caos del mundo y la naturaleza salvaje. Una forma de armonía que da un sentido de comunidad. Sin embargo, la ciudad como pretensión de orden enfrenta constantemente situaciones de cambio: guerras, desastres naturales, desarrollo tecnológico y hasta la organización de eventos deportivos como un Mundial. 

Para tratar de entender de qué manera impacta la llegada de la Copa Mundial de la FIFA 2026 a Monterrey, los Medios Académicos UDEM presentan Jugando de local, una serie de conversaciones que proponen una reflexión en torno al rol del futbol en la construcción de la identidad regiomontana, la visión del progreso y su influencia en los proyectos de infraestructura. 

Para abordar el impacto ambiental que tendrá el recibimiento del Mundial en la ciudad platicamos con Selene Martínez, Directora ejecutiva del Observatorio Ciudadano de la Calidad del Aire del Área Metropolitana de Monterrey, una organización de la sociedad civil que busca generar conocimiento que aporte a la solución de la mala calidad del aire. 

¿Cómo definirías tu relación con la ciudad?

Antes que nada, estudié biología. Desde niña me interesaba la naturaleza: no solo contemplarla, sino entender cómo funciona y cómo cuidarla. Mi relación con la ciudad implica mirar más allá de lo urbano, pensando tanto en la salud de las personas como en nuestra relación con el ecosistema. La ciudad también es un ecosistema del que nos hemos ido desligando por la urbanización. Si más personas y profesionistas entendieran el impacto de la demanda urbana sobre el entorno, podríamos orientar mejor las soluciones que necesitamos. Hoy ya vemos señales claras de sobrecarga ambiental. Esa relación con el ecosistema nos corresponde cuidarla a todos los que habitamos la ciudad. Monterrey todavía puede conservar espacios con agua de calidad, aire limpio y suelo sano. Si logramos protegerlos y corregir el rumbo, podremos aspirar a una mejor calidad de vida.

Muchas veces pensamos que solo ciertos perfiles deben encargarse del gobierno, como abogados o politólogos, cuando en realidad es necesario involucrar a distintos sectores.

Exactamente. Los temas ambientales y de salud deberían estar en el centro de la gestión pública. Las decisiones tendrían que basarse en el bienestar de la población y del entorno, porque de eso depende el futuro de la ciudad. Si no, seguiremos creciendo hasta volvernos inviables.

En Monterrey pocas personas son ajenas al futbol. La pasión por Tigres y Rayados es enorme. ¿Cómo es tu relación con este deporte?

Confieso que soy tigre. Me gusta mucho ir al estadio, sobre todo a ver al femenil. El futbol ha crecido muchísimo y hoy mueve recursos, atención y capacidades enormes. Por eso puede convertirse en una herramienta para transformar ciertos aspectos de la ciudad. Necesitamos trasladar parte de la pasión que sentimos por el futbol hacia temas como la calidad del aire o la preservación de las montañas. En el estadio de Tigres, por ejemplo, ya se comparte información sobre contaminación ambiental durante los partidos. Ese tipo de iniciativas convierten al futbol en un puente para generar conciencia.

Un espacio que, al menos en Monterrey, reúne a muchísima gente y a familias enteras…

Además, los propios deportistas están expuestos a problemas ambientales –como la mala calidad del aire– que afectan su rendimiento y su salud por el simple hecho de vivir aquí.

Muchos consideran al futbol como un lenguaje universal, pero no puede separarse de los contextos donde se desarrolla. ¿Qué crees que nos dice la manera en la que se vive el futbol  en Monterrey?

Muchísimas cosas. Este año mundialista está evidenciando las deudas que tenemos en Monterrey como ciudad. Además de la afición local, llegará gente de otros países y eso hará que algunos problemas, como la mala calidad del aire o la falta de espacios naturales, queden expuestos ante el mundo. También se harán más visibles las desigualdades. El propio Mundial mostrará quiénes pueden pagar este tipo de entretenimiento y quiénes tienen acceso a servicios de salud frente a enfermedades relacionadas con la contaminación. Necesitamos garantizar derechos básicos como agua, aire limpio y suelo sano. Por si fuera poco, con la llegada del fenómeno de El Niño, se espera un verano intenso y un invierno muy lluvioso. La capacidad de la ciudad para absorber agua será clave para evitar inundaciones. Todo esto exige acelerar políticas de protección climática y fortalecer la igualdad social.

Hace casi cuatro años se anunció que Monterrey sería sede del Mundial 2026 y empezaron una serie de proyectos de infraestructura…

Todo el tema de movilidad y urbanización ha implicado muchísimas obras simultáneas. Aunque pueden traer beneficios a largo plazo, deben hacerse con mucho cuidado porque alteran ecosistemas, consumen energía y transforman el territorio. Por eso la planeación y la transparencia son fundamentales. Si estos cambios se realizan bien, beneficiarían a muchas personas al reducir el tiempo y el costo de sus traslados, así como el uso de combustible. Pero también hace falta vigilar que se cumplan las metas y minimizar las afectaciones ambientales. Ahora mismo, por ejemplo, basta pasar por la Avenida Constitución para ver el levantamiento de polvo por las obras. Al mismo tiempo, también hemos visto nuevos parques y esfuerzos de reforestación con especies nativas. Lo importante será protegerlos después del Mundial. Para eso, la ciudadanía debe asumirse como vigilante ambiental, porque las administraciones públicas van y vienen.

¿Cómo describirías la manera en que, como ciudad y sociedad, entendemos la naturaleza y nos relacionamos con ella?

Considero que la naturaleza es una parte estructural de nuestra vida. Lo ideal sería acercarnos a ella desde pequeños y entender cuánto depende nuestra salud del entorno. También necesitamos mantener una conexión con recursos como el agua, el aire, los alimentos e incluso la lluvia. Cuando una sociedad pierde esa relación, se nota en sus prioridades. Hoy somos casi seis millones de habitantes interactuando diariamente en la ciudad. Muchas personas están concentradas en resolver necesidades inmediatas, como alimentarse o trasladarse al trabajo, pero aun así debemos recordar que la urbanización no puede separarse de la salud ambiental. De lo contrario, el cambio climático seguirá agravando problemas, como las sequías o la mala calidad del aire. Comprender cómo funciona el entorno y cómo usamos sus recursos es fundamental para no repetir errores y evitar que la ciudad siga creciendo de manera equivocada, sin entender que nuestra calidad de vida depende totalmente de la naturaleza que habitamos.

¿Crees que esta visión –me atrevería a llamarla regiomontana– sobre la naturaleza ha influido en la forma en que se están tomando decisiones rumbo al Mundial?

Por supuesto. Muchos temas llegaron a la agenda pública porque la misma sociedad los impulsó. Cuando la ciudadanía se moviliza por el acceso al agua o por una mejor calidad del aire, esos temas terminan ganando espacio. Pero también se nota cuando nuestras prioridades son otras. Ahora que se acercan nuevos cambios administrativos, la participación ciudadana será clave para definir qué asuntos deben atenderse. A partir de eso tenemos que votar, exigir y vigilar que las autoridades cumplan su trabajo. Si no nos involucramos, seguiremos atrapados en la inercia de otros intereses. De ahí que temas como la calidad del aire, la resiliencia hídrica, la protección de áreas de captación de agua, la salud del suelo, las superficies permeables y la transición hacia energías más limpias deben mantenerse en la agenda pública. Si la ciudadanía no los exige, difícilmente habrá cambios reales. Al final, la sociedad la conformamos todos y todos debemos involucrarnos.

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Jugando de local es un proyecto de los Medios Académicos UDEM.

Y tratar de redirigir, repensar y reescribir una agenda distinta. 

Existen formas de impulsar el entretenimiento, el deporte y el desarrollo sin destruir los ecosistemas. Ese es el camino que debería tomar la ciudad. También es fundamental que participen tanto la ciudadanía como el sector académico, porque la información científica debe convertirse en políticas públicas. Hoy vemos muchas deficiencias regulatorias que dificultan transformar ciertas dinámicas. Un ejemplo claro son las normas de emisiones industriales. Aunque somos una ciudad industrial, seguimos operando con regulaciones de hace 30 años. Eso tiene que cambiar y, como sociedad, debemos mantener presentes estos temas para exigir transformaciones que permitan construir una mejor ciudad.

Desde el Observatorio de la Calidad del Aire del Área Metropolitana han visibilizado los cambios relacionados con la calidad del aire y del suelo. ¿Cómo crees que toda esta preparación rumbo al Mundial afecta el entorno? ¿De qué manera podría reflejarse en el clima y en los niveles de contaminación?

La capacidad de carga de la ciudad seguramente se verá rebasada. Debemos prepararnos para recibir a una gran cantidad de visitantes que interactuarán con la ciudad de la misma manera en que lo hacemos quienes vivimos aquí. Por eso necesitamos una comunidad consciente tanto de los problemas ambientales como de sus posibles soluciones. También puede ayudarnos el hecho de que los ojos del mundo estarán puestos sobre la ciudad. Toda esta organización debe aprovecharse para visibilizar los temas que más nos afectan. Y muchos de ellos probablemente se harán evidentes durante esos días de verano, ya que se pronostican temperaturas muy altas, periodos de sequía y, posteriormente, lluvias intensas relacionadas con el Fenómeno del Niño. Además, durante el verano suele aumentar el ozono superficial debido a las altas temperaturas y la radiación solar. Ese ozono es un gas irritante para la salud. A diferencia del ozono que se encuentra en las capas altas de la atmósfera y nos protege del sol, el que se concentra a nivel de superficie está relacionado con efectos negativos en la salud. El ozono no se emite directamente, sino que se forma a partir de precursores generados por el transporte, los vehículos de gasolina, la evaporación de combustibles y ciertas sustancias que están presentes en comercios y servicios. Por esta razón, será importante observar su influencia en la movilidad relacionada con el Mundial: tráfico, transporte, obras y actividad comercial. Tenemos que prepararnos ambientalmente para enfrentar ese periodo y proteger a la población.

Por lo general, en el entorno deportivo se habla mucho de aspectos técnicos, pero poco de temas ambientales o del suelo. ¿Crees que esta problemática podría afectar el rendimiento de los jugadores?

Todos estamos expuestos a las condiciones ambientales que nos rodean. En el ámbito deportivo existen estudios que muestran afectaciones en la salud, el rendimiento e incluso en el desarrollo cognitivo de personas expuestas durante largos periodos a contaminantes atmosféricos y altas temperaturas. Por eso debemos pensar en la prevención: cómo vamos a cuidarnos los ciudadanos y, además, cómo protegeremos a los deportistas, quienes estarán concentrados en su desempeño y podrían verse afectados por factores como el ozono, las partículas contaminantes o el calor extremo. Es importante saber qué precauciones tomar y cómo responder ante fenómenos como las islas de calor urbano. Una medida útil sería contar con más arbolado y espacios de sombra que contribuyan a la reducción de la temperatura, así como crear “islas de alivio”: lugares donde las personas puedan refrescarse, hidratarse y recuperarse ante un golpe de calor. Ese tipo de infraestructura todavía no la veo en la ciudad y será muy necesaria, sobre todo porque recibiremos a muchos visitantes nacionales y extranjeros. También es fundamental mantener a la población informada. Hoy existen iniciativas ciudadanas muy útiles, como Alerta Regia, que envía recomendaciones sobre calidad del aire durante el día. Si la calidad es buena, podemos aprovechar para ejercitarnos o ventilar espacios; pero si el aire está en niveles naranja o rojo, también debemos saber cómo actuar. Además, ya existen mapas sobre islas de calor desarrollados por universidades y otros organismos. Informarnos y difundir esta información también ayuda a prevenir.

Y para el regiomontano o el turista que estará aquí durante el Mundial 2026, ¿hay acciones específicas que recomiendes ante el Fenómeno del Niño y los cambios de temperatura?

Sí, lo más importante es planificar el día, especialmente por las altas temperaturas. No es lo mismo salir preparado con agua para mantenerse hidratado que exponerse sin precauciones. Durante junio y los meses más cálidos habrá un riesgo importante de deshidratación y golpes de calor. También es fundamental consultar las redes de monitoreo de calidad del aire. Existen plataformas oficiales, como el sistema del Gobierno del Estado a través de Aire NL, donde se puede revisar cada hora la calidad del aire y las recomendaciones de protección. Además, organizaciones civiles han impulsado iniciativas como Alerta Regia y Aire Claro, que permiten recibir notificaciones en tiempo real o consultar mapas con sensores instalados por los propios ciudadanos para monitorear partículas contaminantes. Todas estas herramientas son gratuitas y accesibles por medio del celular y la computadora. Conocerlas ayuda a planificar mejor nuestras actividades durante el verano, en especial porque probablemente enfrentaremos episodios de calor extremo y altos niveles de ozono. Y si los días están muy contaminados, lo mejor será evitar ejercicio vigoroso al aire libre. Eso es clave tanto para los deportistas como para las familias que asistirán a los partidos, ya que se expondrán al calor y a la contaminación atmosférica. 

¿Qué rutas podemos seguir, como ciudadanos, para impulsar iniciativas que permitan cuidarnos y mejorar nuestra calidad de vida, más allá de la prevención?

Es fundamental estar bien informados y acercarnos, por ejemplo, a las organizaciones de la sociedad civil que abordan los temas ambientales, para ayudarlas a difundir la información que generan en torno a la salud y a la importancia de la conservación. También es importante conocer las especies de flora y fauna de la región e informarnos sobre cosas como qué hacer ante el avistamiento de un oso, que tan común se ha vuelto hoy en día. En otras palabras, la pieza principal es conocer y distribuir la información sobre cómo actuar frente a determinadas situaciones. Por último, me parece muy importante que seamos participativos en asuntos de movilidad, ya que guardan una relación estrecha con la salud ambiental. Es necesario cambiar la forma en que consumimos los combustibles fósiles y exigir un buen transporte público, limpio y menos contaminante.

Con el objetivo de motivar la participación ciudadana y para garantizar un tratamiento informativo adecuado frente a los contenidos presentados, los invitamos a escribir a agencia2@udem.edu en caso de dudas, aclaraciones, rectificaciones o comentarios.

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