
El salvavidas para México es su mercado interno: Carlos Carrasco
Por: Samuel Pérez y Enrique Montoya
¿Cómo puede México fortalecer su economía sin depender de Estados Unidos? La pregunta comenzó a hacérsela el Gobierno desde el año pasado, cuando el hoy presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió durante su campaña presidencial sobre la imposición de aranceles a gran parte de los productos que ingresan importados al vecino país para fortalecer su industria nacional e impulsar su economía y sus empleos.
La pregunta también comenzó a inquietar a los economistas, quienes han examinado las distintas opciones que tiene México para evitar que su economía salga lastimada con las nuevas tasas impositivas, dado que Estados Unidos es su principal socio comercial. En el 2024, el 83.1% de las exportaciones de México se dirigieron a ese mercado y 40.1% de sus importaciones provinieron de Estados Unidos.
El economista Carlos Alberto Carrasco Sánchez, profesor del Departamento de Contabilidad, Finanzas y Economía de la Universidad de Monterrey, advierte que cualquier solución no será fácil, llevará tiempo y requerirá de estrategias cuidadosas y bien estudiadas. El mercado interno, dice, es la mejor opción para el país y su economía.
México, explica, comenzó a construir una relación comercial bastante fuerte y cada vez más dependiente de Estados Unidos en la década de 1980, cuando el país ingresó (en 1986) al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés), un acuerdo de libre comercio en el que participaban varios países con el objetivo de facilitar el comercio mundial a través de la eliminación o reducción de aranceles, pero sin afectar a las industrias nacionales.
Luego, en 1994, la relación comercial entre México y Estados Unidos se fortaleció aún más con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), un acuerdo comercial que beneficiaba los intercambios de productos entre los dos países y Canadá. Este Tratado fue reemplazado en noviembre de 2018 por el T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá) que renegoció Donald Trump durante su primer mandato presidencial con sus dos socios comerciales.
«Hoy, tenemos una relación comercial con Estados Unidos altamente dependiente, con una amenaza constante de imposición de aranceles y sin un camino distinto definido a seguir», dice el economista.
En un poco más de dos meses que lleva Trump en el poder han sido varios los intentos de imponer aranceles sobre los productos mexicanos, los cuales han sido pospuestos varias veces.
El 1 de febrero debían entrar en vigor aranceles generales del 25% para los productos de México y Canadá, medida que se aplazó para el 4 de febrero, pero un día antes se volvió a aplazar para el 4 de marzo, a cambio de que México trabajara en frenar el ingreso de drogas, principalmente fentanilo, y de migrantes indocumentados a Estados Unidos.
Con el argumento de que México no había hecho lo suficiente con respecto a lo acordado, el 4 de marzo entraron en vigor los aranceles generales del 25% que le impuso Trump a México, pero un día después, el 5 de marzo, exentó un mes de esta tasa a los productos automotrices que México le vendía y el 6 de marzo decidió aplazar este impuesto en general para el 2 de abril, un plazo que se cumplirá este miércoles. Sin embargo, el pasado 12 de marzo Estados Unidos comenzó a aplicar aranceles del 25% a todas sus importaciones de acero y aluminio, lo cual incluye a México.
Adicionalmente, Trump anunció que el 3 de abril comenzará a cobrarse un arancel de 25% sobre todas sus importaciones de automóviles y a más tardar el 3 de mayo sobre el ingreso de todas las partes automotrices.
México se encuentra a la espera de lo que ocurra el 2 de abril, pero trabaja en una negociación que beneficie a su industria con una tasa de cero impuesto o una tasa reducida o preferencial para sus productos.
«Cualquier tasa arancelaria que nos imponga Estados Unidos nos afectará de manera importante por el tamaño de la relación comercial que tenemos», afirma Carrasco.
La salida, dice, es diversificar el destino de las exportaciones mexicanas, pero advierte que esto es algo complejo y de largo plazo, y una tarea que debió iniciarse desde mucho antes.
América Latina no es la mejor opción
Voltear a ver a las economías latinoamericanas como mercados que a futuro puedan compensar los vacíos que deje el de Estados Unidos no es la mejor opción, afirma el analista.
“Aunque México es, de los países latinoamericanos, el que está más especializado en la parte manufacturera, pues tenemos una industria bastante desarrollada, especialmente la automotriz y la de electrodomésticos, y en este sentido los mercados latinoamericanos podrían ser un excelente destino para nuestras exportaciones porque no compiten con nosotros, y más bien podríamos complementarnos de cierta forma, en la práctica sería una relación difícil porque ya hay otros participantes en estos mercados, como China que está muy bien posicionado, y esto hace que sea difícil entrar en ellos”, explica Carrasco.
Además, agrega, no serían mercados tan atractivos para México, por cuanto sus ingresos no son tan altos como el de Estados Unidos.
China, tampoco
El economista dice que, aunque es importante que México mantenga una relación comercial con China, no cree que este mercado sea atractivo para que el país lo considere como destino de sus exportaciones.
“China es nuestra competencia en muchas industrias, sería difícil. Su manufactura ha ganado importancia en la última década. Si antes lo asociábamos con precios y salarios bajos y productos con no muy buena calidad, hoy es distinto e incluso en mercados como el de autos eléctricos ya están a la vanguardia”, asegura.
Apostarle al mercado interno
Para Carrasco, la salida que tiene México es fortalecer su mercado interno. “Necesitamos generar un mercado interno mucho más fuerte, promover la inversión y la generación de empresas y de empleos, y que seamos capaces de producir los bienes e insumos que necesitamos. Esto haría que nuestra economía creciera y esto traería mejores salarios y, por lo tanto, mayor capacidad de compra de nuestros bienes”.
Pero, el economista advierte que una estrategia de estas llevará tiempo para mostrar resultados, por lo que afirma que lo prioritario, por ahora, es negociar una salida “lo más amigable posible” para evitar un daño a la economía nacional.
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