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Los investigadores Ximena Peredo (de izq. a der.), Rosa María Morales Valera, Philippe Stoesslé, Luis García García y Jaime Lara Lara, durante el panel sobre migración que ofrecieron en la Universidad de Monterrey. Foto: Carlos Rodríguez Carcur

¿Por qué la historia de América Latina es una de constantes fenómenos migratorios?


Por: Alexa Mireles de la Maza y Carlos Rodríguez Carcur

Aunque los fenómenos migratorios no son nuevos y han sido provocados históricamente por diversas razones, investigadores de la Universidad de Monterrey señalaron principalmente a dos como los causantes de la constante movilidad en la región: los malos gobiernos y el bajo crecimiento económico.

Entre gobiernos inestables, dictaduras y autocracias que han desestabilizado la región y provocado crisis sociales y económicas, América Latina ha sido tierra fértil para el descontento y el tránsito de personas hacia otros lugares más seguros y con mayores oportunidades, dijeron los expertos.

Alrededor de esta problemática se desarrolló el panel “La historia de la migración en América Latina”, en el que participaron el historiador Luis García García, la politóloga Ximena Peredo Rodríguez y los economistas Jaime Lara Lara y Rosa María Morales Valera. El evento, que estuvo moderado por el investigador y experto en temas de migración Philippe Stoesslé, fue organizado por la Red de Comités para la Integración y la Bienvenida (ReCIBE) UDEM grupo estudiantil, en conjunto con la Red Universitaria de Promoción de Derechos Humanos, otro grupo estudiantil de la Universidad.

Ximena Peredo dijo que los flujos migratorios en América Latina y las consecuencias que estos fenómenos traen no pueden explicarse sin los antecedentes históricos y políticos en la región.

«Lamentablemente, América Latina ha sido una tierra expoliada, tanto sus poblaciones como sus recursos naturales, lo cual ha sido facilitado por gobiernos que nunca han dejado de ser autoritarios, salvo algunas excepciones de gobiernos locales. A nivel país, gobernante que llegaba al poder con un aliento democrático, era combatido, y con esto se volvía a repetir la misma historia en América Latina: historias de dictaduras constantes que merman los sistemas políticos, incluido México, a pesar de haber tenido procesos electorales. Y, en la última década hemos visto emerger gobiernos prácticamente autocráticos en toda la región que están obligando a las poblaciones a aguantar situaciones difíciles, como en Venezuela y Nicaragua», señaló Peredo, también catedrática de la Universidad de Monterrey (UDEM) y especialista en temas urbano-ambientales, ciudadanía y espacio público.

«Para hablar de migraciones, siempre tendremos que hablar de una crisis humanitaria originada por gobiernos fracasados, que incluso desconocen sus atribuciones. Esa es la predominancia de nuestra historia y de nuestra realidad: gobernantes que no saben ni siquiera qué tendrían que estar haciendo», agregó la politóloga ante un auditorio de más de 100 personas.

Para Peredo, esta clase de gobiernos no han sabido cómo defender a sus poblaciones para protegerlas de amenazas externas y crear oportunidades que las beneficien, por lo que se generan los movimientos de personas, las migraciones que, a su vez, crean o intensifican las crisis humanitarias.

«Esta clase de crisis las hemos visto en poblaciones en Centroamérica, por ejemplo, en donde las personas buscan salir de allí», detalló Peredo.

El caso de los desplazamientos internos y hacia el exterior en Haití es una de las situaciones actuales más preocupantes, dijo la politóloga. En Haití, la inestabilidad política y la violencia de pandillas —que se da por la falta de gobierno—, sumado a altos índices de pobreza y una economía debilitada, han provocado una importante crisis migratoria.

Según un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), de octubre de 2025, el número de personas desplazadas había alcanzado niveles sin precedentes, con más de 1.4 millones de personas (más de la mitad de las cuales fueron mujeres y niños) forzadas a abandonar sus hogares durante el año pasado, lo que representó un 36% más con respecto a las cifras de finales de 2024. Muchos de estos migrantes buscaron nuevas oportunidades dirigiéndose hacia Estados Unidos, México, Brasil, Chile y República Dominicana, entre otros, pero se han encontrado con deportaciones, por lo menos, desde República Dominicana y Estados Unidos.

Sin embargo, también México, Venezuela, Honduras, Guatemala y Nicaragua son algunos de los países de la región que más presentan un alto éxodo de personas. En México, recordó el economista Jaime Lara Lara, a partir de la apertura económica de los años ochenta y noventa se intensificaron los procesos migratorios hacia Estados Unidos desde Oaxaca y Guerrero, zonas que resultaron más rezagadas económicamente que otras, mientras que regiones como Nuevo León se vieron en alguna medida beneficiadas por su cercanía con Estados Unidos.

«Las bajas tasas de crecimiento que ha presentado América Latina durante los últimos 50 años, incluido nuestro país, incentivan la migración, pues nuestro vecino del norte tiene ingresos mucho más elevados. Sin embargo, Estados Unidos no es el único país elegido por los migrantes. España es otro de los destinos escogidos, principalmente por migrantes de Sudamérica», indicó Lara Lara, también profesor en la Universidad de Monterrey y especialista en temas de economía del desarrollo, mercado laboral, pobreza y migración.

Lara Lara dijo que siempre las crisis económicas y políticas desencadenan procesos de inmigración. «Y, desafortunadamente, América Latina se caracteriza por tener una recurrencia de crisis políticas y económicas mayor que los países más ricos».

El economista recordó las frecuentes crisis que ha enfrentado, por ejemplo, Argentina, un país que aunque ha sido receptor de migrantes de otras partes de América Latina, particularmente de Paraguay, Bolivia, Chile y Perú, sus constantes crisis económicas y políticas, como la ocurrida en 2001-2002 (conocida como «Corralito»), también lo han convertido en un expulsor de migrantes hacia Estados Unidos y Europa, principalmente. En el caso de México, dijo, la crisis económica de 1994 también disparó el proceso migratorio a Estados Unidos.

«Algo que también influyó mucho en los procesos migratorios de América Latina a inicios de siglo fue los cambios en la política migratoria de Estados Unidos a raíz de los hechos ocurridos el 11 de septiembre de 2001. Desde entonces, se volvió cada vez más restrictiva la inmigración hacia el país del norte», agregó Lara Lara.

Una historia de desplazamientos forzados

El historiador Luis García García dijo que América Latina tiene una larga historia de migraciones que han marcado incluso su desarrollo y han definido mucho del presente de algunos países, como el caso de Haití.

«En 1590 hubo un colapso demográfico indígena en todo el continente, lo cual causó una de las más grandes migraciones, en su mayor parte forzadas, en casi toda América Latina, para traer una población esclava procedente de África y Asia, y esto creó una serie de características sociales y económicas que perduraron y repercutieron en la población, como en Haití, que tiene ahorita uno de los éxodos más grandes de habitantes», explicó García García, catedrático de la Universidad de Monterrey.

Luego, agregó, en la década de 1890 se dio una gran migración procedente de Europa hacia América Latina, que se concentró principalmente en Argentina, el sur de Brasil, Uruguay y parte de Paraguay. Además, los procesos de industrialización de principios del siglo XX, en Brasil y en otros países de la región, requirieron mucha mano de obra, lo cual provocó importantes flujos de inmigración.

«Pero, a la vez, con la industrialización también se dieron las primeras migraciones internas en América Latina, donde la población rural emigró a la ciudad. Después las cosas no funcionaron en América Latina como se esperaba, y la región pasó de ser destino a ser un lugar de salida, y comenzaron las migraciones a Estados Unidos, desplazamientos que se acentuaron por las crisis políticas y económicas que se vivieron en varios países», señaló el historiador.

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Los expertos panelistas junto a un grupo de universitarios de las carreras de Relaciones Internacionales, Ciencia Política y Gobernanza y Derecho que organizaron el panel. Foto: Carlos Rodríguez Carcur

Piden empatía y una mirada más humana

En enero del año 2025, con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la política migratoria se tornó más estricta y la situación para las personas que buscaban llegar a ese país y para quienes ya vivían allí se complicó.

Estados Unidos era el lugar a donde muchos deseaban llegar, empujados por la pobreza y los problemas sociales, políticos y económicos en sus países. Personas de México, El Salvador, Guatemala y Venezuela, entre muchas otras, dejaban sus lugares de origen en busca de un mejor futuro.

La economista Rosa María Morales Valera, originaria de Venezuela, habló durante el panel sobre las condiciones que han impulsado a los venezolanos a dejar su país. La hiperinflación, causas políticas, acceso a la educación, a la salud, a la alimentación y encontrar o no insumos en un hospital han sido algunos de los grandes motivos de expulsión de venezolanos, dijo.

«Una de las consecuencias más importantes de estos flujos de personas ha sido la fuga de talentos de los países de origen y de la región», afirmó Morales Valera, profesora de la Universidad de Monterrey y experta en análisis económico y social desde una perspectiva comparada.

La también investigadora recordó la política de puertas abiertas que tuvo su país en materia migratoria durante las décadas de los setenta, ochenta y noventa, y la contrarrestó con la expulsión de venezolanos de su país durante los últimos años, y pidió a la sociedad actuar con empatía hacia estas personas, especialmente hacia los niños migrantes que se tienen que enfrentar a situaciones nuevas y, muchas veces, adversas, y sin posibilidad de retornar a sus propios entornos.

Y, al ser Nuevo León uno de los lugares de tránsito de las personas migrantes, los panelistas coincidieron en pedir mayor solidaridad con ellos, sobre todo después de que los albergues para migrantes en el Estado se quedaron sin la mayoría de los recursos con los que operaban, luego de que algunas agencias internacionales les recortaron los fondos de ayuda desde principios de 2025.

«En Nuevo León quien se ha venido haciendo cargo de resolver las necesidades básicas de las personas migrantes ha sido la sociedad civil e incluso ha estado trabajando en colaboración con las universidades en la elaboración de manuales sobre cómo integrar a las personas en los distintos entornos, además de construir nuevas narrativas que sean incluyentes», indicó Ximena Peredo.

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Marcela Chavarría y Chavarría, decana de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UDEM. Foto: Justine Brancacho

Marcela Chavarría y Chavarría, decana de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UDEM, destacó la creación de estos espacios de diálogo y dijo que son muy importantes para la formación de ciudadanos críticos y para pensar también el rol de Monterrey en los procesos de migración.

“No solamente somos espacios de generación de conocimiento, sino también en donde se forman ciudadanos críticos, sensibles y comprometidos con la realidad social que les rodea. En un contexto global donde observamos simultáneamente el incremento de los flujos migratorios y el surgimiento de discursos cada vez más restrictivos o excluyentes, la reflexión y el diálogo informado resultan indispensables”, afirmó Chavarría, quien resaltó la relación estrecha que existe entre migración y humanismo debido a que todas las historias de movilidad tienen que ver con la esperanza y la resiliencia.
Philippe Stoesslé hizo un llamado para que tanto autoridades y sociedad aborden el tema de la migración de una manera informada, crítica, pero sobre todo humana. «Se trata de un fenómeno que ha marcado profundamente la historia de nuestra región y en muchos sentidos también hace parte de su identidad. Es necesario reflexionar sobre esto para que las sociedades puedan responder de manera más justa, solidaria y responsable frente a estos movimientos, y adquieran una mayor conciencia sobre la importancia de construir sociedades que reconozcan la dignidad y los derechos de todas las personas, sin importar su lugar de origen».

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