Apuestas en línea: el discreto secuestrador de la afición mexicana


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Por: Diego André González Garduño

Con la cifra de 31 comerciales de apuestas en un solo partido de futbol, la televisión abierta transforma el entretenimiento familiar en una carnada que incentiva y normaliza la ludopatía. Y nadie muestra preocupación por esto.

Recuerdo con una claridad especial un juego que aconteció el 10 de mayo del año en curso: Pumas y América se vieron las caras en busca de obtener el boleto a las semifinales del torneo Clausura 2026. A mi parecer y al de muchos otros, se trató del duelo más llamativo de los cuartos de final. A quien le falle la memoria, los siguientes datos se la refrescarán: hablamos de un clásico capitalino en plena Liguilla, en horario estelar y transmitido por televisión abierta. ¿Qué podría salir mal?

A pesar de lo atractivo que lucía este choque entre dos grandes clubes del futbol mexicano, mi atención fue capturada por algo que iba más allá de los goles: la saturación publicitaria. En tiempos recientes, el aficionado mexicano se ha visto incomodado por una abundante presencia de publicidad durante las transmisiones de partidos de futbol. Usuarios de internet han registrado la aparición de hasta cuatro comerciales en solo 30 segundos, independientemente de sus formatos.

Sin embargo, lo que causa verdadera preocupación es la frecuencia con la que aparece la publicidad de casinos y casas de apuestas en línea, la cual supera –con una amplia diferencia– la presencia de comerciales de otros productos y servicios. Basta con mencionar que, durante la transmisión del partido mencionado en esta columna –en el que el C. F. América se enfrentó a Pumas UNAM en la Liguilla del torneo Clausura 2026–, se proyectaron 31 comerciales de distintos casinos y casas de apuestas en línea. Hablamos de 31 comerciales en 90 minutos de juego, más unos cuantos minutos de compensación agregados por el árbitro. La cifra se vuelve aún más grave una vez que se sabe que el encuentro contó con más de 15 millones de espectadores de todas las edades. En 31 ocasiones se hizo mención –en vivo– de momios, bonos de bienvenida y promesas de “dinero gratis”. Aunque todo esto podría parecer inofensivo en primera instancia, estas apuestas ponen en riesgo la estabilidad económica de miles de jóvenes e incluso de familias enteras… ¡Un riesgo que se encuentra al alcance de un botón!

Si la saturación publicitaria en las transmisiones es molesta por sí misma, su carácter puede resultar engañoso para mucha gente. Y esto convierte una simple molestia en una oferta potencialmente peligrosa. Todos estos anuncios y comerciales que prometen dinero fácil cuentan, en realidad, con letras pequeñas que esconden lo difícil que es obtener ingresos de manera continua mediante las apuestas en un casino.

Para comprender el verdadero problema, hace falta empatizar con la recepción que podrían tener estos comerciales entre diversos tipos de espectadores: mientras que para buena parte de los televidentes la publicidad en torno a las apuestas en línea quizás pase desapercibida, para un joven desempleado o un padre de familia que necesita mantener a sus hijos esa misma publicidad bien podría tornarse en la representación de una oportunidad única para mejorar su solvencia económica. Incluso –dado que los comerciales de casinos y casas de apuestas en línea suelen jugar con la posibilidad de que sus clientes ganen mucho dinero de manera rápida y fácil–, puede estimular en algunas personas la fantasía de obtener una abundancia económica sin precedentes.

Desde luego, la fantasía puede conducir a una cantidad significativa de personas a arriesgar dinero que no pueden permitirse perder, lo que a su vez las orilla a internarse en un círculo vicioso de ganancias y pérdidas que, eventualmente, puede producir en ellas una fuerte adicción y deudas que corren el riesgo de aumentar hasta volverse impagables. La razón por la que esta actividad puede resultar tan adictiva es que apostar no solo afecta el bolsillo de quienes apuestan. Su salud mental también corre un riesgo muy elevado, ya que los mecanismos de recompensa asociados al juego pueden contribuir a perpetuar este círculo vicioso: el Dr. Joaquín Castillo Woo asegura que el juego estimula los circuitos cerebrales relacionados con la dopamina, al ofrecer sensaciones intensas de recompensa y placer a los jugadores.

La ludopatía ha de considerarse un problema real de salud mental y, por lo tanto, debe ser vista y tratada con la misma precaución y seriedad que cualquier otro.

Acaso lo más triste de todo este asunto es que, cuando se trata de ganar dinero, la pasión por el deporte acaba por trasladarse a un segundo plano. No son pocas las personas en la que he observado una paulatina pérdida de interés por los partidos de futbol que sintonizan en sus pantallas; su atención se concentra en mantenerse al tanto de las puestas que ha realizado. Dado que su dinero está en juego, el futbol pasa a segundo plano. Así, la línea que separa al entretenimiento de la ludopatía se vuelve, con cada día que transcurre, más estrecha para estas personas.

Pese a todo, cabe aclarar que esta problemática no es exclusiva de México, sino que constituye un problema grave a nivel mundial. Por ejemplo, según datos de Kids Online Argentina 2025, uno de cada cuatro adolescentes argentinos declaró haber apostado en línea por lo menos una vez en su vida. Este dato evidencia que, si bien se trata de aplicaciones dirigidas a mayores de edad, las restricciones y regulaciones legales que deberían mantener a los jóvenes alejados de su uso son insuficientes. Al fin de cuentas, para ellos la experiencia de apostar en línea puede estimular sus fantasías de ganar dinero de un modo sencillo: basta con presionar un botón.

Esta situación se ha tornado tan alarmante en algunos países que sus respectivos gobiernos ya toman o planean tomar medidas al respecto. Por ejemplo, Lula da Silva –presidente de Brasil– tomó la decisión de prohibir los sitios de apuestas en línea en su país, con la intención de erradicar sus consecuencias cuanto antes.

En México, un país en donde una porción significativa de la población sobrevive con una economía personal o familiar delicada y donde la salud mental ni siquiera recibe el nivel adecuado de atención desde el sector público, me parece fundamental que el gobierno se pronuncie al respecto.

Si en México hay un control riguroso sobre la distribución del tabaco, bajo la premisa de que su consumo daña la salud de sus consumidores, ¿no sería lógico que se adoptaran medidas similares para regular las apuestas deportivas y los casinos en línea? Al fin y al cabo, hablamos de una actividad que no solo pone en riesgo la salud mental de sus jugadores, sino que amenaza con arruinarlos económicamente.

Lamentablemente, optar por la prohibición total de las aplicaciones y los sitios de apuestas en línea podría no conducir a una solución rápida y mucho menos sencilla. Pero hay medidas que sí pueden y deben tomarse. Me parece que las autoridades, por lo menos, deberían regular el alcance de la publicidad de los negocios de este giro. Encargarse de mantener sus comerciales fuera de los horarios de transmisión familiar –en los cuales aparecen constantemente– podría ser un buen comienzo.

De igual manera, considero que las televisoras deberían mostrar un mayor compromiso con sus audiencias mediante una oferta basada en el entretenimiento puro y evitar la proyección de publicidad con características potencialmente engañosas. Como amante del deporte, me resulta deprimente ver cómo una reunión que solía girar en torno a qué equipo de futbol le deseábamos una victoria o una derrota ha ido perdiendo ese carácter, hasta centrar su atención en qué conviene más para obtener una mayor ganancia monetaria y/o evitar pérdidas en este rubro: ¿una victoria?, ¿una derrota?, ¿cierto número de tiros de esquina?

Me gustaría ver que el futbol se viva, nuevamente, con pasión en nuestro país, en lugar de reducirse a cifras que revelan, en una pantalla, la apuesta realizada.

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