“The legend of Zelda”: la libertad como forma de juego

Despiertas después de 100 años sin recordar quién eres. Sales de una cueva y, frente a ti, aparece un reino enorme, lleno de montañas, bosques, ruinas y enemigos. No sabes qué pasó ni a dónde ir y prácticamente no tienes con qué defenderte. Probablemente, tu primera arma sea un palo que encontraste tirado por ahí. A partir de ese momento, Breath of the Wild te deja descubrir casi todo por tu cuenta.
Creo que todo lo anterior constituye uno de los aspectos más especiales de los últimos juegos de The Legend of Zelda. Breath of the Wild y Tears of the Kingdom nos dieron mundos enormes, en donde podemos explorar con mucha libertad y hacer las cosas a nuestro ritmo. Esa libertad es especialmente interesante porque estamos acostumbrados a pasar gran parte del día siguiendo horarios, instrucciones y pendientes.
Este año, The Legend of Zelda cumplió 40 años y la celebración deja bastante claro el tamaño que tiene la saga. Nintendo prepara la primera película live action de Zelda y también anunció un remake de Ocarina of Time para Switch 2. El juego original marcó un antes y un después para los videojuegos en 3D, pero casi tres décadas después la saga funciona de una manera muy diferente. En 2017, Breath of the Wild cambió gran parte de su estructura tradicional y abrió Hyrule para que cada jugador decidiera cómo recorrerlo.
Esa libertad también parece tener efectos más profundos de lo que podríamos pensar. Un estudio publicado en 2025 hizo un experimento con 518 estudiantes para analizar qué pasaba al jugar un videojuego de mundo abierto como Breath of the Wild. Quienes jugaron reportaron un promedio de felicidad de 4.56, contra 3.17 entre quienes no jugaron. Los investigadores también relacionaron estos resultados con sensaciones de exploración, calma, dominio de habilidades y propósito.
Los resultados ayudan a explicar una sensación muy particular que genera Zelda. Hyrule es gigante y puedes pasar horas recorriendo sin sentir que estás siguiendo una lista de pendientes. Hay una historia que avanzar y un objetivo final, pero también se puede cocinar, escalar una montaña, buscar Koroks, entrar a un bosque porque se veía interesante o simplemente caminar sin tener un objetivo específico.
Otro estudio publicado en 2024 analizó las experiencias de 609 jugadores y encontró una relación entre los videojuegos de mundo abierto, el escapismo cognitivo, la relajación y el bienestar. Entre los juegos mencionados están justamente Breath of the Wild y Tears of the Kingdom. Los investigadores encontraron que estos mundos pueden dar un espacio para desconectarse de preocupaciones externas y sentirse más relajado.
La autonomía tiene mucho que ver con esa experiencia. Gran parte de nuestros días están organizados alrededor de clases, trabajos, entregas, horarios, mensajes y notificaciones. En Zelda, el jugador entra a un espacio donde puede decidir qué quiere hacer y cuánto tiempo quiere dedicarle. Puedes ir directamente hacia un objetivo o desviarte porque viste algo interesante a kilómetros de distancia. Las dos decisiones forman parte de la experiencia.
Tears of the Kingdom amplió esa libertad y dejó que el jugador también decidiera cómo resolver los problemas que encontraba. Esto se nota especialmente en los santuarios. El juego te da herramientas y después te deja experimentar con ellas. Dos personas pueden entrar al mismo santuario y llegar al final de maneras completamente diferentes. Una puede encontrar la solución más lógica y otra puede construir alguna cosa absurda que, de alguna manera, funciona.
Esa libertad fue una decisión intencional de sus desarrolladores. Eiji Aonuma, productor de Zelda, explicó que el equipo quería que los jugadores pudieran encontrar sus propias soluciones. Descubrir que una idea que se te ocurrió realmente funciona hace que la sensación de logro sea mucho más personal. El juego constantemente te permite experimentar, equivocarte y volver a intentar hasta encontrar una manera de avanzar.
Aquí, los resultados del estudio de 2025 cobran todavía más sentido. La felicidad reportada por los participantes estuvo relacionada con la exploración, la calma, el dominio de habilidades y el propósito. Son experiencias que aparecen constantemente mientras recorres Hyrule. Encuentras algo que llama tu atención, descubres cómo llegar, intentas resolverlo y eventualmente lo consigues.
Los efectos de un videojuego sobre el bienestar dependen de muchas cosas y estos estudios analizaron grupos y condiciones específicas. Sus resultados sirven para entender que jugar también puede generar experiencias psicológicamente significativas. La relajación, la curiosidad, la creatividad y la sensación de conseguir algo por tu cuenta también poseen valor.
Por eso, perderse en Hyrule puede sentirse tan bien. Breath of the Wild y Tears of the Kingdom construyen su libertad alrededor de la curiosidad de cada jugador. Puedes explorar, equivocarte, probar ideas rarísimas, cambiar de dirección o simplemente detenerte a ver qué hay alrededor. Pasamos gran parte de nuestros días sabiendo cuál es la siguiente cosa que tenemos que hacer. Entrar a un mundo enorme donde puedes elegir por tu cuenta qué hacer durante las próximas horas puede parecer algo simple, pero quizá esa libertad explica por qué millones de personas seguimos queriendo regresar a Hyrule.
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