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Henoc de Santiago, director de la Feria Internacional del Libro (FIL) Monterrey desde 2023. Foto: Medios Académicos

“Las ferias del libro son un espejo de lo que está pasando en la sociedad”: Henoc de Santiago


Por: Luis Santiago Camarillo Castro

La Feria Internacional del Libro Monterrey se ha consolidado como uno de los más grandes eventos culturales en el norte del país a través del fomento a la lectura y la construcción de diálogos entre diferentes disciplinas como la literatura, las humanidades y la ciencia.

En 2023, Henoc de Santiago fue designado director de la FIL Monterrey. En este transcurso, su gestión ha consolidado una visión que busca utilizar a la literatura y al pensamiento para (re)pensar el noreste del país y los temas que lo atraviesan. De igual forma, ha impulsado un crecimiento que se ve reflejado en la cantidad de visitantes –en los últimos tres años la Feria ha pasado de  275 mil a 365 mil– y en el espacio, el cual también contó con un incremento de 4 mil metros cuadrados en 2025.

En la víspera de la edición 2026, que se realizará entre el 10 y el 18 de octubre, conversamos con Henoc de Santiago, quien aborda los retos que enfrenta el ámbito editorial, comparte su trayectoria en el fomento a la cultura, reflexiona sobre el rol de las ferias del libro en la conversación pública e invita a los regiomontanos a sumarse a este evento literario: “Vengan, seguramente se enamorarán de algún libro”.

Estudiaste psicología, pero gran parte de tu trayectoria profesional ha estado asociada con la promoción cultural.

Después de vivir en la Ciudad de México me fui a estudiar psicología en la Universidad Autónoma de Morelos y en una primera etapa sí ejercí mi carrera. Sin embargo, terminé trabajando con libros. Comencé en el área de comercialización en Educal. Ese fue mi ingreso al mundo de la cultura de los libros y duró 11 años. En esta empresa, que ahora se ha fusionado con el Fondo de Cultura Económica, desarrollamos una serie de proyectos. Mi trabajo era abrir librerías y distribuir libros del gobierno, lo cual me hizo venir a Monterrey varias veces. De hecho, a mí me tocó abrir la librería de la Cineteca. Fue una etapa padrísima porque estaba adquiriendo experiencia profesional y tuve la oportunidad de conocer editoriales y autores. Después trabajé durante un tiempo en la diplomacia cultural: estuve en la Embajada de México en Moscú varios años. Al regresar al país me incorporé al Museo del Estanquillo, del escritor Carlos Monsiváis, que está en Ciudad de México. Ahí estuve 10 años, hasta que me vine a Monterrey a dirigir la Feria Internacional del Libro.

Es difícil sintetizar la figura de Carlos Monsiváis, la cual tiene muchas facetas: ¿qué Carlos Monsiváis te tocó conocer y de qué forma te marcó en la labor que haces actualmente?

Tuve la oportunidad de conocer al escritor, al pensador y al luchador social. Carlos Monsiváis fue una figura sumamente relevante para la cultura nacional de la segunda mitad del siglo XX y la primera década del XXI. Esta fue una época dorada en todas las artes, pero especialmente en la literatura, donde destacaron nombres como el de Octavio Paz, José Emilio Pacheco, Sergio Pitol y Elena Poniatowska. Convivir con Monsiváis y trabajar en el Estanquillo me permitió desarrollar una visión sobre la producción literaria de esa época y seguir en contacto con todas las editoriales, porque el mismo Museo difundía las colecciones de esa generación que acompañó a Monsiváis. Así que fue una puerta muy importante.

¿Qué cambios has visto en el ámbito editorial en los últimos 20 años?

Por un lado, no ha cambiado mucho; pero, por otro, sí lo ha hecho bastante. Yo veo que el sector editorial ––en muchos aspectos–– está en auge y realmente va caminando muy bien, pero no para todos. Veo una gran polarización en cuanto a los agentes que participan en el mercado editorial. Cada vez, las editoriales grandes tienen mayor participación en el mercado ––hay muchísimos lectores, sobre todo jóvenes; la gente hace filas enormes, de muchas horas, esperando por la firma de un autor; y ya no es raro ver tirajes de 10 mil, 15 mil, 20 mil o hasta 100 mil ejemplares––, mientras que las editoriales independientes ––en donde hay una gran riqueza en cuanto a diversidad de autores, temáticas y hasta de manufactura de libros, los cuales están muy bellamente editados–– han ido surgiendo con mucho trabajo, y aunque muchas veces tienen grandes dificultades para sobrevivir, sí hay un auge, no sólo en México, sino en países como Colombia, Argentina y otros, en donde realmente se está concentrando esta riqueza editorial. Otra cosa que ha cambiado son las mismas ferias, las cuales son cada vez más masivas, no sólo porque acuden grandes cantidades de personas a encontrarse con algunos escritores para la firma de libros, sino porque cada vez las ferias tienen un mejor cartel de autores.

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Doble Espacio es un proyecto de los Medios Académicos UDEM.

¿Qué estrategias tienen los autores para superar los obstáculos que hay en el mundo editorial?

Entrar al mundo editorial es complicado y por eso creo que se está dando este fenómeno de la autoedición y autopublicación. Las grandes editoriales le van a apostar a aquellos autores que tengan la suficiente preparación literaria para que el libro tenga un movimiento comercial importante y que, obviamente, esté bien escrito. Actualmente, las editoriales grandes se piratean a muchos de los autores de las editoriales independientes o emergentes, que son mucho más exquisitas en la selección de sus autores. No es nada fácil, pero creo que no lo es para cualquier creador: para el fotógrafo, el artista plástico, el pintor, el escritor. Es difícil, pero hay algo que se debe explorar: si no hay quien te lo publique, lo puedes hacer tú de manera independiente. Ahora lo puedes promover a través de tantas redes sociales y tecnologías que hay; en un descuido, si pega el libro, ya lo toma alguna editorial. También, aquellos autores que se están promoviendo tienen que echar un ojo a las convocatorias públicas que hacen diversas instituciones federales, estatales, entre otras. El punto es que hay que prepararse y mostrar talento también.

¿Qué rol juegan las ferias y estos eventos en la promoción de la cultura del libro?

Son muy importantes. Siempre ha sido mi trabajo hacer que la gente salga a la calle, tanto cuando hacía eventos culturales en los museos como cuando dirigía una empresa que era –y sigue siendo– la que más librerías tiene en nuestro país. El punto es que la gente salga y que se apropie de los espacios públicos. Es la manera a través de la cual podemos tener una mejor sociedad y hacer que la gente consuma cultura. En el caso de las ferias del libro, son muy relevantes por varios aspectos: son espacios que promueven la lectura en los niños, pues tenemos una gran cantidad de visitas escolares; y son espacios para el fomento a la lectura de los jóvenes, porque también hay un programa de visitas escolares donde van los chavos a platicar con autores y a escuchar pláticas muy importantes y ad hoc al momento que están viviendo, desde alimentación sustentable hasta bullying y estabilidad psicoemocional. En fin, están todos los temas que realmente creemos que pueden incidir en ir creando mejores ciudadanos o mejores jóvenes.

Las ferias del libro, al traer ciertos autores y seleccionar ciertos libros, proponen una agenda. ¿Qué temas podemos encontrar hoy que se adhieren a los tópicos de la conversación pública?

Creo que las ferias son un retrato o un espejo de lo que está pasando en la sociedad, de lo que se está hablando y de la agenda pública. Nosotros, por un lado, sí promovemos un programa cultural literario que tenga que ver con temas de actualidad y con distintas propuestas literarias que están siendo vigentes no solamente en México, sino en Hispanoamérica o en todo el mundo. También lo dicta a menudo la misma demanda de las editoriales y de los autores. Hay libros de muchísimas temáticas: desde el ensayo hasta la novela, la ficción, etc.; sin embargo, en muchas ocasiones, cuando tú ves un programa literario de la Feria –especialmente el relacionado con la parte humanista–, sí es algo que tratamos de poner sobre la mesa y en donde nos llegan propuestas que tienen que ver con temas de muchísima actualidad. Por ejemplo, una de las mesas que tenemos en la Feria tiene que ver con los escritores del norte y del noreste, con Diálogos del norte. Generalmente ahí puedes ver literatura y propuestas que se relacionan con temas de actualidad en esta parte de nuestro país: migración, violencia, narcotráfico; pero también hay muchas otras temáticas menos duras sobre lo que está pasando: creación artística y musical. Hay de todo, hasta política. Y todos los libros son bienvenidos, aunque siempre buscamos publicaciones que no difamen y que no tengan un carácter destructivo.

¿Qué distingue actualmente a la Feria del Libro de Monterrey?

Cada feria tiene su tamiz, su manera de ir incorporando autores a su programa cultural. Hay temas muy transversales que todas las ferias del libro tocan porque hay una propuesta que puede ser similar; especialmente de las editoriales que están este año promoviendo distintos libros. Muchas veces son autores que van a estar en Guadalajara, en Ciudad de México, en Monterrey y, quizá, en León, en Mérida o en la feria de Ciudad Juárez. En fin, hay ciertos temas transversales. A nosotros no nos interesa ser la copia de otra feria. Creo que somos una Feria que ya tiene una personalidad distinta a la que tienen otras y estamos creciendo cada vez más. De igual manera, estamos diversificando contenidos y las maneras de atender a todos los lectores y sus gustos, así como todos los niveles de comprensión lectora. Por ejemplo: una de nuestras líneas distintivas como Feria es una que se llama Las mil formas del libro, la cual aborda la tendencia que existe de adaptar obras literarias a series, películas, pódcast y audiolibros. Nosotros decimos que esta es una Feria donde las letras llevan al norte, y estamos dándole entrada a autores precisamente de nuestra región para que convivan con autores que vienen de otros sitios, pero, antes que nada, tenemos que pensar que somos una Feria que tiene que atender a la población regiomontana, así como a la población universitaria.

¿Qué lugar tiene el libro impreso en la cultura que vemos actualmente?

Creo que hay que dejar de satanizar a las otras plataformas del libro. Si bien pienso que el libro impreso es el rey de la literatura, no satanizaría el libro digital. Es decir, hay momentos en los que se puede leer el libro digital; yo lo hago en algunos momentos, como en ciertos viajes. Cuando necesito leer algo muy rápido, a veces lo hago de manera digital; sin embargo, la comprensión que tengo es mucho menor, y la facilidad de ir adelante y atrás no la tiene el libro digital. También está el audiolibro, que ha sido una entrada a la literatura de muchísima gente que no tiene el hábito o que no puede leer. Actualmente estamos en una etapa muy buena desde el punto de vista tecnológico, pero también en una muy perversa como no habíamos visto nunca. Hoy, todo el mundo está pegado al celular, viendo el mismo contenido que, además, está muy manipulado. En donde sí tienes total libertad es en el libro, porque tú lo escoges y porque ahí no vas a tener comerciales ni te van salir los mismos reels o lo que están pagando las grandes compañías, corporaciones o gobiernos. El libro sigue siendo un mecanismo indispensable para ayudarte a fijar la atención, algo que se ha perdido. Ahora no podemos ver algo más allá de tres minutos porque nos comienza a hartar y esto ha sido por las nuevas tecnologías. Yo creo que la lectura y el libro siguen siendo un magnífico mecanismo para entrenar tu atención.

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