Antonio Guerrero Hilton: un maestro fuera del aula


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Por: Miguel Ángel Lapuente

Conocí a Antonio Guerrero Hilton cuando cursaba los primeros semestres de la carrera de Comunicación. Estaba llevando una de las materias de periodismo y ya empezaba a despertar un interés en esa profesión. En esos mismos días un periodista nacional había acudido a la Universidad a dar una conferencia y había dejado una convocatoria: los mejores reportajes sobre el asesinato de Luis Donaldo Colosio –a 20 años de distancia– se publicarían en un libro que pensaba editar y publicar –el cual, estoy casi seguro, nunca se hizo–. 

Motivado por la posibilidad de hacer un reportaje de un tema que me parecía enigmático, llegué a entrevistar a Toño. No sé si alguien me sugirió ir con él o fue por iniciativa propia. En fin, llegué. Estaba en la cabina de grabación de Radio UDEM y cuando le dije para qué estaba ahí chasqueó los labios y volteó los ojos. Después se dio cuenta que cargaba una libreta y me preguntó si ahí estaban mis preguntas. Le contesté que sí y por instinto –por no decir novato e ignorante– se las ofrecí. 

Cuando terminó de leerlas suspiró, me volteó a ver y me dijo: “Mira bro, claramente no tienes idea de qué pasó hace 20 años y veo muy difícil que puedas hacer tu reportaje. Además, no sé quién te dijo que vinieras conmigo. Quizá sería mejor que vayas con Sergio –Becerra–, él está más empapado de la grilla política, pero te advierto: todas sus opiniones están marcadas por su sesgo ideológico, es muy rojillo”.  No he olvidado ese día porque años después pude interpretar las lecciones implícitas, las cuales me acompañan todo el tiempo, pero, sobre todo, porque Toño se convirtió en un amigo. 

Quizá no de inmediato, ya que hubo más regaños de por medio. Me faltaba llevar las clases de radio y, por lo tanto, tener un programa en la estación de la Universidad. Toño llegó a Radio UDEM en 2007, invitado por el profesor Álvaro Guadiana. Durante 12 años fungió como conductor, programador y productor. Sin embargo, de manera paralela, era un maestro más para los alumnos y nos corregía y nos daba consejos para mejorar nuestra locución. Era muy riguroso con las muletillas y con los tonos dubitativos: “cuando tienes un micrófono enfrente tienes que asumir la responsabilidad de lo que eso representa”, solía decir. 

En sus tiempos libres siempre estaba leyendo el periódico. Lo recuerdo, sobre todo, con la sección deportiva. Su lectura siempre terminaba con un comentario crítico o irónico sobre alguna noticia o un personaje que formaba parte en ese momento de la coyuntura. Cuando lo escuchaba siempre me dejaba la percepción de que todo el conocimiento que tenía le brindaba la capacidad de analizar la agenda como una serie de hechos que ocurrían por inercia. El futbol, precisamente, nos acercó. Se convirtió en un tema de conversación que nunca dejó de estar presente en nuestra relación.

La trayectoria de Toño en la radio, la cual se remite hasta la década de los 70, siempre estuvo ligada a la música, al rock. Y estoy seguro que muy pocas personas saben más de rock que él. Pero uno de sus primeros acercamientos a la radio fueron las crónicas de Ángel Fernández en el Mundial de México 70 y eso lo motivó a ser cronista deportivo. Con el tiempo se dio cuenta que no era tan bueno para gritar un gol como para presentar una canción e inició su proceso para convertirse en el Espíritu de la radio, mote con el que se presentaba como locutor, el cual venía de una larga tradición radiofónica y que adaptó de la canción Spirit of the boogie, de Kool & The Gang. 

Después de escuchar la canción agarró un diccionario y leyó la definición de “espíritu”. Le hizo sentido y pensó que era una buena forma de presentarse. Como todas las palabras, esta puede tener muchas acepciones y hoy no sé cuál fue exactamente la que lo impulsó a identificarse de esa manera, pero me atrevo a inferir que tuvo algo que ver con la idea de: esencia. Toño primero se enamoró y estuvo hasta sus últimos días comprometido con la naturaleza de un medio de comunicación como la radio. 

Nunca lo expresó con un tono nostálgico que denotara resistencia a los cambios o a las nuevas tendencias de comunicación, sino que insistía y resaltaba la necesidad de no dejar de asumir la responsabilidad que conlleva tener un micrófono abierto. Esa responsabilidad estaba ligada con el fondo y la forma, es decir, con el conocimiento y con la presentación del mismo. 

Después de que terminara su etapa en Radio UDEM –en 2018–, nos seguimos frecuentando en reuniones que manteníamos con Sergio Becerra, Álvaro Guadiana y Alejandro González. Esa época representó un acercamiento distinto y el surgimiento de una idea: la realización de un libro sobre los 100 años de la radio. Fue un proyecto largo y complicado que pudo haberse perdido en las largas conversaciones y debates que detonaba si no fuera por el liderazgo de Alejandro, como reconoció el mismo Toño. 

Alejandro González, Sergio Becerra, Miguel Ángel Lapuente y Antonio Guerrero Hilton en la cabina de Radio UDEM transmitiendo desde la Feria Internacional del Libro en la víspera de la presentación del libro: 100 años de la radio. La historia contada por los protagonistas de Nuevo León


La realización, además, fue complicada porque se nos atravesó una pandemia. Sin embargo, también representó una oportunidad para atestiguar el gran conocimiento que Toño y Checo tenían sobre la historia de la radio, las familias que habían sido pioneras, los locutores más destacados y las características de distintas épocas. Aunque pensándolo bien, quizá sea más preciso decir que fue una oportunidad para aprender. Seguir aprendiendo de Toño al mismo tiempo que se extendió la oportunidad de seguir haciendo una de las cosas que más nos gustaba: hablar de medios y futbol. 

En una ocasión, en la fase final de la realización del libro, Alejandro me pidió reunirme con Toño y Checo para ayudarles con la identificación de las fotografías que formarían parte de sus anexos. Como era una clasificación en formato digital, la idea era que ellos identificaran a las personas en las fotos y yo tecleara rápido en la computadora. Alejandro nos alcanzó en la madrugada para apoyarnos o revisar el avance y al llegar se dio cuenta que no habíamos hecho nada. “¿Qué han estado haciendo todas estas horas?”, preguntó. Checo y yo, un poco avergonzados, no supimos que contestar. Toño, por su parte, respondió con mucha seguridad y con un tono de obviedad: “Nos pusimos a ver el partido y nos quedamos platicando”. 

Conozco más anécdotas e historias de su trayectoria que me compartió, las cuales, estoy seguro, más personas podrán referenciar, pero decido contar estas, las de un Toño que se convirtió en un amigo y se afianzó como un maestro, un maestro fuera del aula, que siempre va a estar presente cuando yo, y muchos otros compañeros, tengamos un micrófono abierto o estemos ejerciendo la labor de reportear o comunicar una historia. 

Sobre el/la autor/a:

Miguel Ángel Lapuente

Es Licenciado en Ciencias de la Información y la Comunicación (LCIC) por la Universidad de Monterrey (UDEM) y egresado de la Maestría en Comunicación por la U-ERRE. Forma parte del cuerpo docente del Departamento de Comunicación de la UDEM y es Director de la Agencia Informativa UDEM.

Con el objetivo de motivar la participación ciudadana y para garantizar un tratamiento informativo adecuado frente a los contenidos presentados, los invitamos a escribir a agencia2@udem.edu en caso de dudas, aclaraciones, rectificaciones o comentarios.

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