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Imagen capturada por la tripulación de Artemis II el 6 de abril de 2026 mientras avanzaba en su paso por detrás de la Luna. El lado iluminado de la Tierra muestra la región de Australia y Oceanía. Foto: NASA

Artemis II no fue un simple regreso a la órbita de la Luna, fue el comienzo de un ambicioso proyecto exploratorio


Por: Regina Nájera y Camila Sánchez

Además de ser un objetivo para la investigación científica, para la superioridad política y para el orgullo del ser humano, la Luna ha pasado a ser un lugar al que el hombre ahora ve como un sitio estratégico desde el cual avanzar en el conocimiento y la conquista del espacio profundo, y como un destino del cual podría sacar recursos valiosos y al que podrían comenzar a realizarse misiones comerciales redituables económicamente para compañías privadas, dijo el astrónomo regiomontano Pedro Valdés Sada.

En 57 años años desde que el hombre pisó por primera vez la Luna y 53 años desde que la pisó por última vez, el satélite natural ha pasado a significar cosas cada vez más ambiciosas para el hombre.

Primero fue cumplir el sueño de que el hombre viajara a la Luna y pudiera regresar a la Tierra en medio de la carrera espacial que libraban Estados Unidos y la Unión Soviética por la conquista del espacio exterior durante la Guerra Fría. Ahora, el sueño es instalarse en la Luna para, desde allí, llegar a Marte o incluso a otros lugares del sistema solar, y poner en el satélite natural un observatorio para poder estudiar con mayor facilidad el universo. También, explorar la Luna para sacar de ellas riquezas para ser utilizadas en beneficio de la Tierra.

La primera parte se hizo realidad mediante el Programa Apolo, el cual fue realizado por Estados Unidos entre 1961 y 1972 y constó de 17 misiones, 12 de ellas tripuladas, tanto con destino a la Luna como de prueba en las órbitas terrestre y lunar, y cinco no tripuladas. De los vuelos tripulados, seis misiones alunizaron, la más recordada fue la del Apolo 11, en la que en 1969 el hombre pisó la Luna por primera vez. La última vez que el hombre caminó sobre la superficie lunar fue en 1972 con la misión del Apolo 17. 

De esos viajes los astronautas obtuvieron muestras de polvo y rocas lunares que han permitido en las últimas décadas conocer algunos de los minerales y otros elementos que se encuentran presentes en el satélite. Por ejemplo, el polvo seco y oscuro que recogieron los astronautas de la superficie lunar mostró que la Luna está cubierta por una capa de polvo, muy espeso, llamado regolito lunar, el cual contiene partículas muy pequeñas de polvo que, además de ser peligroso si se inhala, según los estudios, podría ser de gran utilidad para el hombre en la Tierra. 

El regolito lunar, explicó Pedro Valdés, resultaría de gran interés y utilidad para el hombre porque contiene algunos minerales valiosos. Además de oxígeno, tiene metales como el silicio, hierro, aluminio y magnesio. En el caso del oxígeno, este podría utilizarse para la misma permanencia del hombre en la Luna por largos periodos y para el cultivo de plantas. 

“Y los metales, al igual que minerales como el piroxeno, plagioclasa y olivino pueden ser usados en la industria, por ejemplo para la fabricación de papel de lija, de herramientas abrasivas, azulejos, revestimientos, en la cerámica, la industria del vidrio, en joyería, como material de fundición, como fertilizante y para la fabricación de baterías, ya que contienen silicatos ricos en hierro, magnesio, calcio y sodio, entre otros”, detalló el astrónomo regiomontano, quien colabora en proyectos de observatorios internacionales y de la NASA. 

“Ojalá este regreso a la Luna, que comenzó con la misión Artemis II, signifique una presencia humana sostenible en la superficie lunar y que podamos utilizar los recursos que hay en el satélite. No hay muchos, pero hay algunos minerales interesantes, hay agua congelada en los polos, hay helio-3 y el regolito que puede ser utilizado para producir energía. Así que los cohetes gubernamentales y privados que planean ir a la Luna podrían recoger estos materiales y traerlos a la Tierra para venderlos, con lo que podría crearse una economía espacial interesante”, dijo Valdés Sada, también astrofísico y profesor asociado e investigador del Departamento de Física y Matemáticas en la Universidad de Monterrey.

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Pedro Valdés Sada, astrónomo regiomontano. Foto: UDEM

El helio-3 es un gas raro que China descubrió en el viaje lunar que hizo en el año 2020. Este gas, que está contenido en un nuevo mineral llamado Changesite-(Y), es muy escaso en la Tierra, pero es abundante en la superficie lunar. Se ha creado durante miles de millones de años por efectos del viento solar que es atrapado por el regolito y por la intensa actividad volcánica que se registró en la Luna.

El helio-3 es una fuente de energía muy deseada que podría revolucionar la manera como ésta se produce, ya que permitiría operar plantas de energía de fusión nuclear de manera limpia, pues este combustible no produciría residuos radioactivos”, señaló Valdés Sada, quién tiene un asteroide a su nombre, llamado 31648 Pedrosada.

Los científicos estiman que en la superficie lunar hay un millón de toneladas de helio-3, mientras que en la tierra existe un 0.01% de esa cantidad, y el poco gas que se encuentra en el planeta proviene del núcleo terrestre y del residuo del uso de armas nucleares. Los países que lo han usado han tenido que producirlo de manera artificial y muy limitada a través del tratamiento de tritio, una forma de hidrógeno que es radioactiva. La razón por la cual el helio-3 se encuentra en grandes cantidades en la Luna es porque el satélite recibe el impacto constante del viento solar, la principal fuente de helio-3, al no poseer un campo magnético, como sí lo tiene la Tierra.

El agua congelada que se almacena en los polos de la Luna también es de interés para los científicos, quienes buscan estudiarla para saber si podrá ser usada por el hombre en futuras misiones al satélite o cuando se instale por largos periodos allí.

Además, según la Agencia Espacial Europea, la iniciativa privada está interesada en utilizar combustible de la Luna extrayendo agua en lugar de helio-3.  

Sin embargo, el regreso del hombre a la Luna va más allá de explorar sus potenciales riquezas y traerlas a la Tierra. El viaje de Artemis II buscaba, entre otras cosas, ubicar lugares para que el hombre pueda establecer a futuro una base lunar desde la cual no sólo continúe con la exploración del satélite, sino que también se pueda utilizar para desde allí mandar naves a Marte o a otros lugares del sistema solar.

Quien logre poner la base lunar, podrá tener mucha más influencia en el desarrollo de un marco legal para el espacio, tendrá más voz en decidir quién controla los recursos que se encuentran allí. Y en esta carrera por dominar el espacio, Estados Unidos está buscando mantener su liderazgo, en una competencia con China e India, y algunas corporaciones privadas como Blue Origin, de Jeff Bezos; y SpaceX, de Elon Musk, las cuales también quieren demostrar su capacidad de ir al espacio y participar en la política que se establezca sobre éste”, dijo Pedro Valdés, quien desde el año 2000 tiene el programa Obsesión por el cielo, el cual se transmite todos los martes, de 7:00 pm a 8:00 pm, por Radio UDEM.

Según el astrónomo, uno de los lugares donde el hombre podría instalar una base lunar es en los tubos de lava que existen en el satélite y que quedaron en los volcanes después de erupciones que se registraron hace millones de años. Allí, dijo, podría construirse un hábitat seguro, dado que en la superficie lunar no se podría por ser muy vulnerable al impacto de los meteoroides. En los tubos de lava estarían protegidos, al estar ubicados debajo de la tierra.

“Tener una base permanente en la Luna le permitirá al hombre aprender mucho de geología y desarrollar tecnologías para manejar la energía en el satélite, pues al durar el día lunar el equivalente a 14 días terrestres y luego la noche lunar otros 14 días terrestres, el hombre tendrá que aprender la manera de poder conservar energía durante ese tiempo de oscuridad, ya sea capturándola del sol y guardándola o generando energía nuclear”, indicó el experto.

Para Valdés Sada, la presencia constante del hombre en la Luna es fundamental, pues también le permitirá aprender sobre el efecto de la radiación en los seres humanos, el efecto de la gravedad, y sobre los cambios en la salud humana estando en el satélite, algo que no se puede lograr solamente enviando robots a la Luna. 

El astrofísico destacó que uno de los avances tecnológicos más importantes de esta nueva etapa de exploración lunar será el uso de la radioastronomía, es decir, la astronomía a través de ondas de radio. Los radiotelescopios en la Tierra, explicó el experto, tienen mucha interferencia por la cantidad de empresas de comunicaciones que envían ondas de radio constantemente, lo cual contamina la señal. “Si pones un radiotelescopio en el lado oculto de la Luna, podrás observar el resto del universo sin que te haga interferencia la actividad de ondas de radio en la Tierra, lo cual permitirá una mayor exploración y conocimiento del espacio profundo”.

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La astronauta Christina Koch, especialista de la misión Artemis II, mira por una de las ventanas de la cabina principal de la nave espacial Orion, contemplando la Tierra, mientras la tripulación viaja hacia la Luna. La imagen fue tomada el 2 de abril de 2026. Foto: NASA

La misión Artemis II pertenece al Programa Artemis de la NASA para el regreso del hombre a la Luna, el cual contempla nueve misiones al satélite o a la órbita lunar. La primera de estas misiones, Artemis I, fue un vuelo de prueba no tripulado alrededor de la Luna en el año 2022. Artemis II fue el primer vuelo tripulado del Programa Artemis, el primero en enviar humanos a la órbita lunar (sin alunizar) en más de 53 años, el que llevó al ser humano a la mayor distancia registrada lejos de la Tierra: 406 mil 778 kilómetros, y el que lo introdujo a la distancia más lejana en el espacio profundo: 7 mil 400 kilómetros más allá de la Luna.

Artemis II, que duró 10 días (del 1 al 10 de abril de 2026), visitó por primera vez la cara oculta de la Luna y tomó imágenes de ella, realizó algunos experimentos científicos y probó nuevos trajes espaciales para la supervivencia de la tripulación. El viaje también permitirá conocer más sobre radiación espacial, la salud de los astronautas, las comunicaciones y la navegación espaciales.

Después vendrá Artemis III, la cual está prevista para mediados de 2027 y cuyo objetivo es llevar nuevamente al hombre a la superficie lunar para explorar el polo sur de la Luna. Las demás misiones Artemis buscan establecer una estación espacial en la órbita lunar e instalar una base permanente en la Luna, desde donde se enviarían los primeros viajes tripulados a Marte.

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