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Magda Yadira Robles Garza asumió la dirección del CEGI a inicios de febrero. Foto: Isabella Zapiain

Formación personalizada: la apuesta del CEGI en la construcción de una comunidad más igualitaria


Por: Gloria Pérez Galvis

La Universidad de Monterrey anunció a inicios de año que a partir del 3 de febrero su Centro de Equidad de Género e Inclusión (CEGI) tendría una nueva directora: Magda Yadira Robles Garza. 

Con el paso de Marcela Chavarría, fundadora y directora en los primeros cinco años de trabajo, a la Decanatura de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, la Universidad apuesta por un perfil académico y mucha experiencia en el tratamiento de casos de discriminación y violencia en instituciones académicas. 

Sobre su nombramiento, la visión que tiene para el Centro y su apreciación sobre las nuevas generaciones y su forma de relacionarse con la construcción de una sociedad más igualitaria platicamos en esta entrevista. 

¿Cómo ha sido tu llegada al CEGI?

Había trabajado antes en la Universidad durante 24 años. Llegué muy joven, a los 21 años. Fui profesora, directora de Programa, directora de Departamento y de Posgrados. Luego me hice miembro del Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras y en ese punto me dije: quiero hacer otra cosa y me fui a Coahuila, donde estuve ocho años. Primero trabajé en un programa que se llama Profade, el cual brinda atención integral a las familias que tienen personas desaparecidas. Ahí realizamos diagnósticos y desarrollamos proyectos de políticas públicas. Al terminar este proyecto me fui a la Universidad Autónoma de Coahuila. El rector me invitó a ser la titular de la Defensoría de los Derechos Humanos Universitarios. Y bueno, en febrero acabó mi periodo, el cual no es renovable por ley. A la par yo había sido parte del comité consultivo del CEGI, que conozco desde su nacimiento. Al saber sobre los cambios apliqué a la vacante y fui elegida. 

¿Cuál es la relevancia del CEGI?

Su propósito es generar un espacio para la protección de las violencias contra la mujer. Tiene un protocolo que guía la actuación para atender a las personas que vienen a presentar alguna situación y a narrarnos sobre hechos que han vivido dentro de la Universidad. ¿Quién puede venir? Cualquier miembro de la comunidad universitaria. Y nosotros tenemos tres mecanismos: orientación, reporte y denuncia. Además, tenemos un área que es de formación, damos capacitación, talleres, cursos, seminarios y eventos como UDEM X Todas, ahora en conmemoración del 8M. Y tenemos otro que se llama Semana Morada, que es por el 25 de noviembre, día para la eliminación de la violencia contra la mujer. Y tenemos otro eje, otro camino, que es el de la vinculación, sobre todo con las áreas de aquí de la Universidad que nos pueden ayudar como: formación, deportes, las áreas académicas, espirituales y formativas de bienestar, entre otras. Y también con alianzas externas, personas o instituciones que nos pueden ayudar a seguir trabajando con estos temas.

Te integras cinco años después de su fundación, ¿cómo evalúas su desarrollo?

En cinco años ha crecido muchísimo y ha logrado una visibilización muy importante. Por otra parte, en este periodo se han generado las rutas de actuación, es decir: cómo llega una persona, cómo tiene que ser atendida, cuáles son las áreas a las que se puede canalizar. En cinco años se han recibido a 505 personas y se han canalizado. Esa estructura y esos números muestran la consolidación del Centro. 

¿Cuál es tu visión como líder actual en la continuidad del Centro? 

Dos vías son muy importantes: abrir un área de atención inicial y acompañamiento con personas especializadas en contención de casos de violencia de género, y también queremos empezar a trabajar en la vía de las vulnerabilidades, es decir, con personas que tengan alguna discapacidad física, intelectual o emocional, que también tienen que ser orientados. 

¿Qué tan importante es que una organización como el CEGI, dentro de una universidad, impulse el desarrollo de una sociedad más equitativa? 

Muy importante. Este tipo de centros sí ven y atienden los asuntos porque llegaron a su grado ya más álgido, pero es importante visibilizar que trabajan desde la prevención. Y si trabajamos desde la prevención en la cultura de la paz, la cultura del respeto y la cultura de la solidaridad puedes ir construyendo en la comunidad  valores con esta perspectiva. 

Es imposible que no haya conflictos porque somos personas y pensamos diferente, pero desde el CEGI tratamos de crear la cultura de la convivencia pacífica reconociendo esas diferencias.

¿Qué te llama la atención sobre la visión de los jóvenes en torno a las brechas de desigualdad de género que persisten en la sociedad? 

Voy a decir primero lo que me preocupa y luego las cosas positivas. Esta es la generación con más acceso a la información y eso normaliza temas que no deben ser normalizados, como ciertas violencias. La violencia en redes está normalizada y la normalización luego lleva a la indiferencia. Sin embargo, también pueden ser combativos y no dejar pasar situaciones desapercibidas, como todo el tema ambiental que les genera mucha angustia porque presenta una amenaza para su futuro. 

Con base en la misma visión de los jóvenes, ¿vislumbras un acercamiento a un contexto de mayor igualdad?

Creo que las nuevas generaciones han normalizado más la igualdad. Quizá los hombres no han tenido un rol tan activo, pero lo han asumido. Las chicas lo han impulsado y han tenido resultados. Ha sido también un proceso intergeneracional: de madre a hija se fue inculcando esta visión. Y esta generación que tenemos ahorita en la UDEM va a tener hijas e hijos con visión de igualdad todavía más normalizada. 

Quizá las causas y las consecuencias de la desigualdad sean ya muy reconocidas y está claro que en los últimos años se ha fortalecido mucho el movimiento feminista o social que se propone hacer una erradicación de estas. Dentro de este contexto, ¿qué ángulo a la conversación crees que es necesario aportar como organización y Universidad?

Soy profesora, entonces yo creo en la formación. Por ejemplo, la gente tiene que conocer más los protocolos.

¿Protocolos para solucionar un caso? ¿Protocolos que se deben seguir? 

Sí, por ejemplo, el caso de una violencia, un acoso, una persecución, lo que sea. Tenemos protocolos con seguridad y ya estamos trabajando en otros para casos de discriminación para personas con discapacidades. Pero yo creo que el trabajo no tiene que ser más normativo, sino que debe orientarse a un ángulo más vivencial. Vivir en una comunidad en donde cualquier persona que vea una violencia identifique que eso no está bien.

Más enseñar a reconocer. 

Sí, yo creo que sería un ángulo más formativo. Pero no a través de clases o zooms porque no funciona. 

Y entonces, ¿qué sí funciona? 

Desde mi experiencia, el cara a cara. Más información personalizada. Hablar con los jóvenes  en su comunidad y abordar los casos también de esa manera. Porque la omisión también es violencia.

¿Qué significado le das al 8M? 

Recordar que la lucha feminista continúa. No hemos terminado. Este día nos ayuda a recordar que debemos seguir trabajando por la igualdad.

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