
Mujeres chiapanecas productoras de café buscan visibilidad: más mercado y mejores precios
Por: Erika Polino Guajardo y Renata Correa Aburto
Detrás de una taza de café siempre hay una mujer: productora, recolectora, tostadora o catadora, pero sus ingresos no necesariamente compensan las intensas jornadas de trabajo en el campo mexicano, y su producto, a pesar de su alta calidad, no ha logrado posicionarse como la principal elección de los consumidores locales, dijo Silvia Herrera, una caficultora de Chiapas que trabaja desde una organización en busca de mejores condiciones y mayor visibilidad para las pequeñas productoras del grano en México.
La Unión de Ejidos y Comunidades San Fernando de Chiapas es una organización que agrupa a pequeños productores de café de esa región y les ayuda a comercializar su producto de manera justa en los distintos mercados. Silvia Herrera pertenece a esta agrupación y desde allí trabaja para dar a conocer estos productos al mundo y para ayudar a las mujeres caficultoras a mejorar sus condiciones laborales y a obtener mejores precios.
“El café ha estado en mi vida desde que era niña. Me tocó ir con mi papá a cortar (recolectar) y a secar café, y esas son actividades que requieren esfuerzo y profesionalización”, contó Herrera, quien conoce cada etapa de la cadena de valor de este producto, desde la siembra y el procesamiento, hasta la preparación de una taza de café y la detección de su calidad.
Herrera, quien salió de las plantaciones de café en Chiapas para estudiar en Puebla Gestión de Empresas de Economía Social y en la Ciudad de México una Licenciatura en Negocios Internacionales, invitó a los consumidores mexicanos a intentar cambiar el café comercial por el producto que siembran las caficultoras en Chiapas —que es un café orgánico, sustentable, de alta calidad y tipo exportación—, con lo cual apoyarían en la obtención de mayores ingresos económicos para las productoras, dado que la comercialización de este café se hace más directa, sin intermediarios.
“Este dinero (que no se queda en los intermediarios) va directo a las productoras, lo cual les da mayor independencia financiera. Esto les permite tener libertad en muchos sentidos, pero también ayuda a fomentar la participación e inclusión de las mujeres en la industria cafetalera”, explicó Herrera durante su conferencia “La historia de la mujer que hace posible tu café” que ofreció el pasado viernes 6 de marzo durante la sexta edición del evento UDEM X TODAS, que realizó el Centro de Equidad de Género e Inclusión (CEGI), de la Universidad de Monterrey, en conmemoración por el Día Internacional de la Mujer.
“El que el consumidor elija nuestro café nos permite establecer estructuras que nos ayuden a darle mayor visibilidad al trabajo de las mujeres dentro de la caficultura. Y no se trata solamente de aumentar la comercialización de nuestro producto para lograr más ingresos, sino de las implicaciones que esto tiene: mayor empoderamiento y reconocimiento de que detrás de cada taza de café está el trabajo de las mujeres mexicanas”, dijo la expositora, quien cuestionó que en México no se conozca el dato de cuántas productoras de café hay en el país y de que siga existiendo el liderazgo del hombre en la toma de decisiones a lo largo de la cadena de valor del café, salvo en lo relacionado con el comercio justo, en donde la mujer ha logrado una representatividad importante.

En México se producen más de un millón de toneladas de café anuales, lo que ubica al país como el onceavo mayor productor de grano del mundo, y hay más de 500 mil productores en los 15 estados en donde se cultiva el grano. “¿Cuántas mujeres somos? No aparecemos en cifras, pero ahí estamos entre esos 500 mil productores, de manera genérica, con lo que se invisibiliza la doble o hasta triple jornada que hacemos las productoras de café, una de las actividades más tradicionales de nuestro país”.
Sólo en Chiapas, que es el mayor estado productor de café en términos de volumen, hay cerca de 181 mil productores, de los cuales el 61% son pequeños cultivadores, algunos de los cuales han estado siendo apoyados por distintas organizaciones en temas de producción orgánica, certificada, calidad y comercio justo, lo cual agrega valor al proceso que realizan.
Organizaciones como la Unión de Ejidos y Comunidades San Fernando de Chiapas, que agrupan a pequeños productores de café, nacieron hace un poco más de 40 años para ayudarlos a comercializar su café de manera justa en los distintos mercados y para desarrollar proyectos de economía social que beneficien a sus comunidades. Por ejemplo, esta Unión de Ejidos fue fundada en diciembre de 1984 y, al igual que otras, respondió a una coyuntura política internacional en la que el café comenzó a ser un commodity, con lo que muchos productores dejaron de tener un precio mínimo asegurado que, en aquel entonces, otorgaba el Instituto Mexicano del Café y quedaron en manos de intermediarios que pagaban precios injustos al productor del grano.
“Entonces, nos unimos para crear estas organizaciones en Chiapas, Oaxaca, Puebla y Veracruz, con la intención de hacer proyectos de economía social, obtener mejores precios, implementar canales de comercialización, dar asistencia técnica y crecer en los distintos mercados, pero siempre teniendo en el centro a las personas y a sus comunidades para lograr mayor participación e inclusión, especialmente de las mujeres, en esta industria”, explicó Herrera.
Hoy, la Unión de Ejidos y Comunidades San Fernando de Chiapas suma 906 personas asociadas, de las cuales 286 son mujeres y 165 personas provienen de pueblos originarios a lo largo de 10 municipios en Chiapas. Y entre los proyectos sociales que ha impulsado y apoyado está la producción y comercialización del café orgánico Biocafé. De igual manera, la cooperativa Ts’umbal Xitalha’, que está conformada por más de 300 familias tseltales en la región de la Selva Norte de Chiapas, produce el café Capeltic, también orgánico y de alta calidad. Estos dos cafés van al mercado de exportación, principalmente a los mercados de Estados Unidos y Europa.
Herrera dijo que a su organización (la Unión de Ejidos y Comunidades San Fernando de Chiapas) le gustaría que gran parte de los 4 millones de sacos de Biocafé que se producen al año se queden en el mercado local. “Es un café al que se le invierte mucho en calidad y se hacen capacitaciones constantes para mantener ese nivel del producto. Los consumidores podemos hacer la diferencia, con nuestras elecciones podemos generar un impacto en las comunidades que producen el grano”.
La Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores y Trabajadores de Comercio Justo (CLAC), que agrupa a distintas organizaciones sociales y productivas, como la Unión de Ejidos, es el organismo que les da las capacitaciones a los cultivadores del grano. Entre otras cosas, no sólo les enseña a identificar los buenos cafés, sino también a venderlos de una manera correcta en términos de preparación y precio.
La productora de café chiapaneca invitó a las nuevas generaciones, especialmente a jóvenes y mujeres, a integrarse sin temores a esta industria que ha contribuido a enriquecer la historia agrícola y cultural del país, aunque afirmó que en México vivir del café es difícil.
A los consumidores nacionales les pidió darle la oportunidad a estos cafés orgánicos para apoyar la economía de las mujeres productoras y contribuir con el desarrollo social de sus comunidades. “Elegir un café especial, diferenciado, es permitirnos contar historias, las historias de nuestros pueblos, de nuestros campos, de nuestras vidas en los cafetales”.
Con el objetivo de motivar la participación ciudadana y para garantizar un tratamiento informativo adecuado frente a los contenidos presentados, los invitamos a escribir a agencia2@udem.edu en caso de dudas, aclaraciones, rectificaciones o comentarios.
