Por: Estefanía de la Peña y Gisela Cuadros

El embarazo de niñas y adolescentes es un problema de salud pública que, ante la integración del Grupo Estatal para la Prevención del Embarazo en Adolescentes en Nuevo León, se presenta también como un tema con implicaciones estructurales de tipo social, económico, psicológico, cultural, físico y emocional.

La adolescencia es el periodo de desarrollo biológico de los seres humanos. Si un embarazo ocurre durante esta etapa, es considerado de alto riesgo debido a la inmadurez física de la mujer; condición que podría devenir en un parto prematuro, bajo peso en la madre, desprendimiento de placenta, trauma a nivel abdominal o desgarros en el canal de parto, informa la Dra. Mariana Moncada Madrazo, investigadora de la clínica de Ginecología y Obstetricia en el Hospital Zambrano Hellion.

Por otro lado, la estructura cerebral de una mujer cambia durante el periodo de gestación. La madre no presta la misma atención a los estímulos exteriores al estar aprendiendo a leer estrictamente el comportamiento del infante. 

La responsabilidad que se asume en la maternidad es colosal, por lo que una joven interrumpe de alguna forma su interacción con los elementos sociales, señala Paola Josefina González Castro, psicóloga docente en la Universidad de Monterrey (UDEM) con estudios en Psicología Perinatal. 

México ocupa el primer lugar a nivel mundial en embarazos precoces entre las naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con una tasa de fecundidad de 77 nacimientos por cada mil adolescentes de 15 a los 19 años. 

Esta situación se incrementó 2.5 veces más en México durante el confinamiento por la pandemia causada por la covid-19, respecto a los datos registrados en años anteriores por la Secretaría de Gobernación (Segob). 

En Nuevo León, el 34 % de los embarazos son de mujeres adolescentes, de acuerdo al estudio de Determinantes Sociales de la Salud y su Asociación con Embarazo Adolescente del 2019. 

¿Cuáles son las consecuencias fisiológicas y psicológicas a las que se enfrentan estas jóvenes? ¿Qué es lo que causa la conservación de este fenómeno de salud pública? ¿Cuáles son algunas de las acciones que podrían implementarse para hacer frente a la problemática? 

Desde la Ginecología y la Obstetricia

En México, de cada 10 adolescentes embarazadas entre los 15 a los 19 años, dos han estado embarazadas en más de una ocasión, reporta la doctora con estudios en Didáctica en Ciencias de la Salud, Moncada Madrazo. 

Los embarazos de repetición presentan un riesgo mayor para las mujeres. Si existe un periodo menor a un año y medio entre un embarazo y otro, hay una mayor exposición de ruptura uterina, especialmente si hubo un procedimiento de cesárea previo. Otro de los riesgos en este tipo de embarazos es el desprendimiento de la placenta, lo cual puede disminuir el suministro de nutrientes y oxígeno para el bebé. 

“Cuando existe una ruptura uterina, en algunos casos es necesario realizar una histerectomía obstétrica. Si es una urgencia, y la mujer está perdiendo mucha sangre, se tiene que quitar el útero en ese momento. Este riesgo no es inherente por ser adolescente, también puede pasar en una mujer adulta que tenga un corto periodo entre embarazos.  Pero nosotros estamos viendo que es más común que esto pase en la adolescencia”, informa. 

Existen tres etapas principales en la adolescencia. La inicial se encuentra de los 11 a los 13 años, la media de los 14 a los 17 y la tardía de los 19 a los 21. Los riesgos que pueden presentarse en el embarazo dependen de la etapa en la que la joven se encuentre. 

La inmadurez en el canal de parto que puede provocar desgarros pélvicos o la necesidad de un procedimiento de cesárea, la competencia de recepción de nutrientes entre la madre y el feto y el bajo peso tanto en la mujer como en el bebé; son factores que se presentan con mayor incidencia en un embarazo en la adolescencia inicial y media. 

También influyen en el riesgo del periodo de gestación las conductas de peligro en la adolescencia tales como los trastornos en la alimentación, el consumo de alcohol, narcóticos y la transmisión de enfermedades sexuales.

 “Si bien los embarazos adolescentes no están relacionados directamente con anomalías, sí están frecuentemente relacionados con la pobre ganancia de peso del feto. Esto automáticamente afecta el desarrollo neuronal del bebé, por lo que se debe estar muy al pendiente de su evolución”, previene Nelly García Blackaller, pediatra y profesora de embriología en la UDEM.

Esta afectación a nivel neuronal no indica una desventaja total del infante, sino que se debe tener un seguimiento muy cercano con el pediatra para estimularlo adecuadamente y evitar complicaciones cognitivas a futuro. El sostenimiento de la propia cabeza, la habilidad de girar, sentarse, gatear, caminar y hablar; son solo algunas de las competencias que indican el desarrollo del bebé, y que pueden verse afectadas por las complicaciones presentadas en el periodo de gestación y de parto. 

Desde la Psicología

En Nuevo León, de cada 10 embarazos precoces, 6 fueron buscados y planeados, revela Moncada Madrazo.

De acuerdo a un estudio observacional descriptivo sobre las determinantes sociales de la salud en adolescentes embarazadas del Hospital Regional Materno Infantil de Nuevo León realizado en el 2019, algunos de los factores que las jóvenes compartieron como motivo de sus embarazos fueron la soledad, el deseo de convertirse en madres, el deseo de formar una familia con sus parejas, entre otros.

La adolescencia tiene una función en el psiquismo de las personas: esta busca transicionar al ser humano del núcleo familiar al mundo social, para conocer y experimentar el exterior, resultando en la formación de la identidad y los criterios propios.

Por otro lado, la estructura cerebral de una mujer cambia durante el periodo de embarazo, por lo que la madre no presta la misma atención a los estímulos exteriores, al estar aprendiendo a leer estrictamente el comportamiento del infante. 

“El ejercicio de la maternidad requiere un esfuerzo colosal porque implica la autorregulación y el autoconocimiento para que la mamá pueda acompañar al bebé. Entonces, cuando la maternidad llega en la adolescencia, psíquicamente es complejo porque la joven interrumpe de alguna forma su interacción con los elementos sociales para comenzar a realizar una introspección y de esta manera concentrarse en su bebé”, señala González Castro, experta en Psicología Perinatal. 

Precisamente porque una adolescente se encuentra en una etapa de extrospección, la mayoría de las veces la decisión de convertirse en madre no proviene de un verdadero ejercicio de consciencia en el que se consideran aspectos importantes como la capacidad económica y la madurez emocional para sostener a un ser humano.

Existen muchas vertientes por las que se pueden estudiar las causas de los embarazos precoces desde la psicología. Una de ellas es el estudio de los patrones transgeneracionales. Es decir, una situación o comportamiento en particular se repite una y otra vez de generación en generación de manera inconsciente, advierte la psicóloga docente. 

“Se han hecho estudios muy interesantes que encuentran que en México, el embarazo es una alternativa para salir de la violencia familiar. Lo malo es que si no hay una introspección y conciencia de uno mismo y de nuestro entorno, como pasa en la adolescencia, vamos eligiendo figuras similares con las que crecimos, entonces es muy probable que éstas jóvenes también encuentren violencia en sus parejas”, indica.

Otro ejemplo de los patrones transgeneracionales se ve reflejado en las madres y las abuelas de las adolescentes embarazadas. Con frecuencia, las jóvenes repiten las conductas normalizadas dentro de su seno familiar, por lo que es muy común distinguir que las mujeres cercanas a ellas también tuvieron embarazos precoces. 

González Castro también relaciona la problemática a la romantización de la maternidad: “solo hablamos de ella como algo muy satisfactorio. Como si una mujer solamente puede realizarse a través de la maternidad. Mientras más oportunidades demos a niñas y adolescentes de desarrollarse en una profesión, de crear, de pensar, de publicar un libro, de ser científicas; podrán tener un mejor proyecto de vida”.

Desde la educación sexual

La problemática de los embarazos en la adolescencia es frecuentemente asociada a la falta de información y educación en los métodos anticonceptivos. Sin embargo, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) del 2018, indica que en México, el 90 por ciento de los adolescentes conocen o han escuchado acerca de algún tratamiento contraceptivo.

¿Por qué entonces las cifras de los embarazos precoces siguen tan altas? ¿Cómo puede entenderse la problemática para generar soluciones efectivas?

Enseñar en la sexualidad va mucho más allá de informar sobre los métodos preventivos y erróneamente se habla de esta hasta el periodo de la adolescencia. “La sexualidad está ahí desde que nacemos hasta que morimos. Es la que nos permite relacionarnos con nosotros mismos, con los demás, con el mundo y lo que implica para cada quien el ser hombre, ser mujer, o ser elle” explica Gabriela Arizpe, psicóloga con maestría en Educación y educadora en diplomados de sexualidad.

Una educación sexual responsable y saludable consiste en integrar temas como el autoestima, el autoconocimiento, la autoexploración, el autocuidado, el consentimiento, las relaciones con los demás y la biología de la reproducción.

Erradicar el fenómeno de embarazos adolescentes no debe ser la finalidad de la educación sexual, sino que esta debe invitar a los jóvenes a hacer consciencia de las consecuencias de cualquier acto, sexual o no, que realicen, asevera Arizpe. 

“Nosotros hemos tocado las puertas de muchas escuelas privadas en Nuevo León, y proponemos resolver todas las dudas de los jóvenes, dialogar con ellos, llamar a los genitales por su nombre en el proceso de aprendizaje. Sin embargo, las escuelas no responden favorablemente ante esta manera de enseñar por influencia de los padres de familia”, agrega. 

Los adolescentes tienen la necesidad de conocer sobre la sexualidad, y si no encuentran medios de comunicación seguros, recurren a buscar información en la pornografía y el internet. El consumo de pornografía en línea en México incrementó más del 40 % durante el confinamiento por la pandemia de COVID-19, según datos de PornHub. 

“Lo que no se habla, nos da miedo, y lo que nos da miedo, no lo queremos hablar. Entonces es un ciclo que debe romperse. Hay que hablar de la sexualidad, es una parte inherente del ser humano. La gente realmente cree que ya conocen acerca de este tema por leer un artículo, pero no se han analizado a sí mismos. ¿Qué me pasa a mí con mi cuerpo?, ¿qué me gusta y qué no? No hay una conciencia del desconocimiento tan grande que se tiene”, añade Arizpe.

Existen muchas jóvenes, que por distintas razones, dejan a un lado su infancia y adolescencia para adentrarse al rol de madre. Si bien sexualmente su cuerpo ha desarrollado propiedades que le permiten reproducirse, la madurez cognitiva, emocional, social, física y económica son aspectos que toman la batuta hacia el bienestar de la mujer en la maternidad.

El embarazo en la adolescencia es una problemática de salud pública en México, y en Nuevo León, que ha persistido a pesar de los esfuerzos por parte de organizaciones gubernamentales y sociales. 

Si bien la información acerca de los métodos anticonceptivos es relevante, un programa integral de la educación sexual juega un papel fundamental en la conciencia de los jóvenes hacia sus cuerpos, su autoestima, el impacto de sus decisiones en su salud emocional y física, y en la identificación de los límites propios y ajenos para respetar la autonomía y libertad de cada ser humano y planear proyectos de vida que estén constituidos por las distintas dimensiones humanas.