Literatura, preservación de la memoria

La literatura, desde sus inicios, ha permitido que la raza humana inscriba sus más profundos deseos y pensamientos. Este invento ayudó fielmente a preservar la memoria y concede un espacio en el abismo del mundo que mantiene viva la mente humana.
Es así como el arte permite que se mantengan vivas las ideas, las pasiones y, de forma física o visual, los sueños. Plasmar en un papiro, una piedra o un papel nuestros descubrimientos más recientes, bajo el principio de que puedan ser útiles a las futuras generaciones o simplemente impresionarlas, es una de las características que la mayoría de las civilizaciones comparten. A pesar de la crisis que atraviesan las artes y las humanidades hoy en día, estoy segura de que perdurarán, pues son esenciales para mantener la memoria y la historia vigentes.
Por otro lado, si el arte es el medio a través del cual podemos expresar nuestras pasiones y sueños, el traductor de estos pensamientos es el artista. Cada persona observa el mundo con una perspectiva única y presenta sus visiones e interpretaciones desde una esquina propia del universo. No podemos ver cómo era el mundo hace cien años, pero podemos vivirlo a través de las experiencias narradas por quienes lo habitaron.
La literatura, el cine e incluso la pintura son disciplinas que han permitido preservar la memoria de quienes deciden observarla. Cada artista asume el rol de Dios y demuestra de qué está hecho el mundo que se postra bajo sus pies. Como lectores y estudiosos de las humanidades, debemos ser conscientes de las limitaciones que tiene cada creador al plasmar su verdad: solo muestra aquello que se encuentra al alcance de su interpretación.
A pesar de esto, es indispensable mencionar que, como intérprete, el artista moldea y observa su realidad a través de un lente prediseñado y escogido con el propósito de mostrar tanto como desea, por lo que siempre apartará perspectivas que para otros quizá resulten importantes. Así, al mirar el pasado mediante los ojos de quienes lo vivieron, lo hacemos siempre desde una perspectiva determinada. Nunca obtenemos la imagen completa.
Asimismo, como sociedad, creemos que cada invento o descubrimiento crea una nueva pauta en el universo y que, por lo tanto, seremos la generación que marcará el inicio de una era insólita. Sin embargo, el pasado nos revela que siempre hemos sido los mismos bajo el peso de quienes nos precedieron. Las tendencias, como suele decirse, vuelven y reaparecen en prácticas parecidas. Y es mediante la preservación de las artes, las lenguas, las escrituras y las tradiciones que podemos comprender las ideas que guiaban a nuestros antepasados y que quizá siguen inquietándonos hoy. Gracias a estas visiones, el arte ofrece un atisbo del pasado que permite observar la relación entre el presente y la historia: los errores que se repiten y, a la vez, los grandes logros de la humanidad.
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