Cómo aprovechar (en verdad) el tiempo de ocio


Desde que somos jóvenes, muchos de nosotros tomamos como inspiración a una figura pública cuya vida refleja aquellas cualidades y características a las que aspiramos. Es natural y reconfortante buscar personas que hayan alcanzado nuestras metas más soñadas, porque su ejemplo puede abrirnos el camino hacia la posibilidad de hacer lo mismo. Hoy en día, nuestra cultura suele girar alrededor de “ser productivos”, un concepto que generalmente se presenta como receta: supuestas fórmulas que nos ayudarán a moldear nuestra mejor versión y nos conducirán a nuestro objetivo de manera invariable. Sin embargo, estar expuestos constantemente a ese tipo de contenido y a su diversidad de significados distorsiona con facilidad nuestra percepción cotidiana.

El stresslaxing, o estrés por ocio, es un concepto que se utiliza para hablar de la necesidad que surge en una persona de ser productiva constantemente y que, incluso en los momentos de descanso, se siente culpable por no estar haciendo algo de provecho. De acuerdo con una encuesta realizada por OCC entre trabajadores de México, el 58% manifiesta una sensación negativa que impide descansar correctamente después de su jornada, mientras que el 36% presenta dificultades para desconectarse de este estado de productividad.

Se ha vendido la idea de que trabajar de manera constante y con esfuerzo es la clave para alcanzar el verdadero éxito. Es una narrativa que, por un lado, proviene de los discursos motivacionales. Si una figura pública en una alta posición relata que su jornada comienza a las 5:00 a. m. porque debe aprovechar cada minuto, su mensaje puede generar en nosotros autorreproches que internalizan un sentimiento de culpa. Por otro lado, de acuerdo con el estudio de OCC, otros factores que influyen en este tipo de mentalidad son la autodemanda, las exigencias de un jefe y la cultura de la empresa en la que se trabaja.

Dado este contexto, en la actualidad se considera ocio cualquier actividad que esté fuera de lo relacionado con el trabajo. La misma palabra trae consigo una connotación negativa, un prejuicio que buena parte de las personas asimila. ¿Lo que decidimos hacer en nuestro tiempo libre es malo entonces? Quizá, en lugar de sentir el ocio como algo prohibido, debamos buscar nuevas maneras de implementarlo y llevarlo a cabo.

La Feria Internacional del Libro (FIL) es un evento anual que reúne diversas voces de todo el mundo a través de sus libros y expositores. Surgió gracias a que un grupo de estudiantes y profesores notó que, en el Monterrey de ese entonces, el acceso a la literatura era tan limitado como las estanterías disponibles. Hacía falta un espacio local donde se pudieran reunir casas editoriales, lectores y presentaciones de libros.

Hoy en día, esta feria se ha convertido en uno de los eventos culturales más importantes del norte del país. Cada año, sus actividades y planeación se preparan con mucho tiempo de anticipación. Un gran número de personas involucradas se esfuerza para que este evento sea atractivo para la comunidad. ¿Cuántas personas no se emocionan cuando la fecha se aproxima? Es un evento gratuito y abierto, que busca ser un encuentro de voces y cultura.

Podemos considerar, entonces, que asistir a la Feria Internacional del Libro un fin de semana es una forma de ocio, ya que no está relacionado con lo laboral. Pero, tomando en cuenta sus antecedentes, la visión de quienes participaron en su creación y el empeño que se pone año tras año, no parece algo incorrecto ni algo que deba hacernos sentir culpables; al contrario, para muchos este espacio es la oportunidad perfecta para seguir nutriendo sus conocimientos y conectar con nuevas personas.

Ser productivos es importante hasta cierto punto: nos permite aterrizar nuestras ideas y caminar hacia nuestros objetivos, pero todo debe tener un equilibrio. Con las redes sociales, en especial, es fácil caer en la culpa de descansar, sobre todo si a eso le sumamos la comparación. Por eso es importante cuestionar aquellas tendencias o conceptos populares que surgen disfrazados de algo que no siempre son.

El ocio no debe ser acusado de inmoralidad o ausencia de ética, aunque su definición esté ligada a deslindarse del trabajo. De hecho, es importante seguir teniendo ese tipo de espacios a los cuales asistir y que nos permitan liberarnos del estrés y simplemente disfrutar. Pero, para conseguirlo, es necesario examinar nuestra narrativa interna sobre la definición y el peso de ambos conceptos. Hacerlo nos permitirá reconocer que nuestra opinión sobre algo no lo vuelve un hecho. La productividad puede ser distinta en dos personas diferentes, y aquello a lo que se aspira no necesariamente proviene de la acción de jamás descansar. De la misma forma, practicar el ocio puede ser una experiencia enriquecedora que nos beneficie en otros aspectos.

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