
“La sensación de desamparo e impotencia la hemos sentido todos los seres humanos a lo largo de la historia”: Liliana Blum
Por: Ivana Ramírez Olayo
Con más de 70 millones de muertes, la Segunda Guerra Mundial fue el conflicto más mortífero en la historia. El régimen nazi dejó tras de sí la persecución de los judíos, invasiones y un periodo de violencia y crueldad desenfrenada. Frente a este escenario, en una Holanda ocupada, surge el ícono de la resistencia neerlandesa, Hannie Schaft. Una mujer que, tomando armas contra oficiales nazis y “traidores” holandeses, luchó contra el fascismo de Adolf Hitler.
La novela histórica de Liliana Blum, Ráfaga Roja, rescata la vida de la combatiente pelirroja en forma de thriller, poniendo sobre la mesa una requerida discusión sobre la resistencia ciudadana en el contexto sociopolítico actual. Marcados por conflictos como aquellos de Ucrania, Palestina o el Congo, la creciente ola de polarización política y el aumento de gobiernos autoritarios a nivel global, surge una pregunta: ¿la historia estará destinada a repetirse?
Para Doble Espacio, un proyecto de los Medios Académicos UDEM, dialogo con la autora sobre su libro, su proceso creativo y la importancia del involucramiento de la ciudadanía en la política.
Tu literatura suele gravitar entre géneros como el terror o el horror psicológico. ¿Qué te motivó a salir de estos y acercarte a la novela histórica a través de la vida de Hannie Schaft?
A mí me gusta salir de mi zona de confort. Sin embargo, debo reconocer que no fue mi idea totalmente, ya que fue mi editor el que me presentó al personaje de Hannie Schaft y me pidió echarle un ojo para ver si me interesaba. Posteriormente me dijo: «¿No te animarías a escribir una novela histórica?». Ese fue el empujoncito que me faltaba. Y fue algo que me costó mucho esfuerzo. A la mitad quise abandonar múltiples veces, pero tenía que cumplir con el contrato. Así que, sí, fue una idea de mi editor, pero me alegro de que lo fuera. Finalmente, fue una gran experiencia.
Contemplando estas complicaciones, ¿cómo fue el proceso de escritura?
En mis otras novelas, yo construyo todo a partir de mi imaginación y usualmente no investigo nada porque me muevo en territorios conocidos como el estado donde vivo, Durango. Pero con esta historia estuve poco más de un año investigando, generando información y tomando notas, cuando de pronto vino el gran reto de decir: “¿ahora qué hago con toda esta información?”. Tengo que hilar una historia que no solamente no suene a una biografía, sino que funcione como una novela. Fue muy difícil encontrar la estructura correcta, la voz y decidir en qué parte de la historia iba a empezar a narrar. En realidad, tomó muchísimo trabajo y dos versiones de la novela. La primera la terminé escrita en tercera persona y en orden cronológico. Eran 300 páginas y las tiré. Después la reescribí desde cero.
Hay una gran diferencia contextual que se presenta entre tú como autora mexicana y la novela que se lleva a cabo en Holanda. ¿Qué libertades y qué desafíos encontraste en términos de perspectiva o de trasladar contextos?
De alguna manera, la Segunda Guerra nos es familiar, porque hemos tenido años para ver en retrospectiva. Hemos visto películas y libros, pero creo que el elemento humano en cualquier conflicto bélico es siempre el mismo, lo que cambia es el contexto. Por ejemplo, la situación actual de México, aunque no es una guerra formal, tiene más muertes que muchas de las guerras actuales. Es una sensación humana el sentir que los malos están impunes, que la muerte está acechando en cualquier esquina, que las injusticias están a la orden del día y, más importante, que nadie va a hacer nada. Esa sensación de desamparo e impotencia, la sentimos ahorita y la han sentido todos los seres humanos a lo largo de la historia humana. El conflicto, la guerra y los seres humanos son consecuencias del otro, así que es fácil trasladarlo. Diría que esa empatía es lo que me ayudó a ponerme en los zapatos de Hannie.
La novela presenta una conversación unilateral en primera persona de Hannie hacia su hermana muerta. ¿Hay alguna función simbólica que le asigne Hannie a Annie en su mente? Por ejemplo, ¿alguien que intercede por ella o un soporte de su fe?
Hannie venía de una familia cristiana, como muchas otras en Holanda. Pero como suele suceder en la juventud, uno puede tener crisis de fe o sentir como si las tuviéramos todas contra nosotros. Siendo joven, uno cree que puede controlarlo todo, pero en los momentos de más angustia o peligro, los seres humanos apelamos a nuestra madre o a Dios. Esto es precisamente lo que le pasa a ella. La novela inicia donde Hannie ya fue capturada por los nazis, la están torturando para sacar información de superiores en la resistencia, y ella sabe que, les dé o no la información, la van a matar. El tener la certeza de la muerte inminente nos hace ponderar: ¿sigue algo después de esto? ¿Habrá algún poder superior que me pueda ayudar? He ahí el dilema. Cuando todo está bien no nos acordamos de Dios, solo en situaciones de desesperación, y Hannie empieza a cuestionar eso. Parte de la tortura es estar totalmente a oscuras y sola, por lo tanto, para conservar su cordura empieza a hablarle a su hermana muerta. Y cuando estaba escribiendo, en 2023, también murió mi padre. Me encontré hablándole cuando estaba sola, lo hacía tanto que de repente dije: ¡claro! Esta puede ser una buena estructura para que Hannie analice su vida en retrospectiva y nos vaya contando lo que hizo, pero sin que sea tan de libro de historia. Entonces, Hannie platica con su hermana, pero el lector está asomado y escuchando, como cuando escuchamos una conversación en un restaurante que no nos compete, y entonces se vuelve más íntimo. La narración, por lo tanto, se vuelve distinta a un libro de historia y más corta. Creo que esa fue mi aportación: humanizar a Hannie y entrar un poco en su cabeza en esos últimos momentos.
La quiromancia se presenta como un detonante para el futuro de Hannie en la resistencia y como presagio de su muerte. ¿Cómo fue que llegaste a esta elección como punto de partida narrativo? ¿Tuvo alguna influencia el querer explorar la idea de un destino puesto en piedra o el libre albedrío?
La relación con el libre albedrío fue la única licencia que me tomé. Todos los sucesos y cosas que pasan con Hannie son totalmente sacados de la investigación. El personaje de Julius Spier, el que aparece al inicio, era un psicólogo junguiano que leía la mano y sí existió. Huyó de Alemania por los nazis, ya que pensaba que iba a estar seguro en Holanda. Es un personaje real que coexistió con Hannie en Ámsterdam, lo único es que no hay registro de que se hayan juntado. Así que esa es la única libertad creativa que me tomé, pero creo que fue una buena manera de enganchar porque solemos creer que nuestro destino está marcado, pero nunca es así. Considero que siempre tenemos la opción de decidir y es algo que Spier le dice: «vas a tener una vida muy corta, vas a morir joven, pero vas a hacer grandes cosas». Quizá eso es lo que detona su decisión. Sin embargo, su motivación también eran sus amigas judías, ver lo que estaba sucediendo paulatinamente en la sociedad, que es un poco también como en México. La destrucción de la democracia no llegó de un día para otro, sino que todos los días pasaba algo.
Otra cuestión que también funciona como detonador es el personaje de Jan, que más que un interés amoroso, terminó como catalizador en la historia de Hannie.
Jan Bonekamp era un hombre casado que también estaba en la resistencia y uno no decide de quién se enamora. El amor nunca es perfecto. Además, Hannie era una chica muy tímida, introvertida y sobreprotegida que ni había tenido novio. Y, obviamente, cuando estás conviviendo mucho con ciertas personas y, sobre todo, en situaciones que ponen en peligro tu vida, se van a formar lazos. Jan es un gran propulsor de lo que ella termina haciendo porque entró ahí creyendo que estaba haciendo lo correcto. Pero cuando uno se enamora, quiere que lo vean, poner su mejor cara y mostrar su mejor plumaje. Entonces, por mucho tiempo, eso también le ayuda a tener menos miedo. Su lógica es que si está en esta misión con él, todo va a salir bien. Eso la lleva a animarse a hacer cosas muy peligrosas hasta que lo matan lamentablemente. A Hannie le afecta muchísimo psicológicamente; se le viene la depresión tremenda. La muerte de Jan no solo es una muerte, sino la del único hombre que ha amado y que amará. En ese sentido, todo en Hannie se exacerba, porque tiene tan poquito tiempo que el amor y la muerte valen mucho más.
Tus protagonistas, tanto en Ráfaga Roja como en otras novelas, suelen romper los moldes convencionales de lo que se espera de la mujer. ¿Cómo definirías tú la feminidad en tus personajes y qué te atrae de representar esta idea de rebeldía o de resistencia?
Aunque muchas personas dicen que esta novela es muy distinta, creo que Hannie sí se parece a mis otros personajes porque es una mujer valiente que sale de los moldes y hace cosas que normalmente no se esperan de las mujeres. Es decir, la sociedad en general subestima mucho a las mujeres, decimos cosas como: «No, las mujeres no pueden pelear, no pueden hacer esto, no podrían hacer tal otro». Hannie explota esa subestimación, porque ¿quién esperaría que una chica seduzca a un nazi para luego irlo a matar al bosque o que vaya en su bicicleta con una canastita de verduras y le tire un balazo a un oficial? Es una chica extraordinaria, igual que otros de mis personajes mujeres que llegan a matar, como Irlanda en Cara de Liebre. Claro, Hannie lo hace por razones más dignas y necesarias, pero son mujeres que a pesar de todo nunca se asumen como víctimas. Les pueden estar pasando cosas terribles, pero hacen todo lo que pueden y está en sus manos y pelean sin esperar ser salvadas; ellas salen con todo.
Hannie presenta un punto interesante: el tomar decisiones activas contra el sistema opresor de los nazis, a pesar de los riesgos que implica. En contraste, se presenta a otros holandeses como pasivos. ¿Qué reflexiones éticas te interesa transmitir al mostrar a Hannie como alguien que decide actuar sabiendo el costo?
Cuando te conviertes en un personaje histórico, es porque perteneces a esa minoría que sí decidió actuar. Pero con el tiempo, uno aprende a juzgar menos duro a quienes quizá no se levantan, porque, en este caso, Hannie era una chica soltera. Obviamente, tenía a sus padres, pero es más fácil arriesgarte cuando nadie más depende de ti. En Holanda, en ese período, quizá un hombre que tenga a su esposa y sus hijos piense que es más difícil entrar a la resistencia porque sabe que si lo matan… ¿Quién va a ayudar a su familia? Así que a veces es una forma de sobrevivir, podrá estar errada o no, pero mucha gente creía que nadando con la corriente se iban a proteger de algo. A algunos les funcionó, a otros no. Al final del día, en la guerra, cada quien intenta sobrevivir de la mejor manera que puede. Siempre están estos héroes que van a hacerlo a pesar de que saben que es muy probable que mueran y lo pierdan todo. Hannie sabía que no iba a derrocar a Hitler sola. No hay garantía de que funcione; sin embargo, hay que intentarlo. Creo que son estos personajes extraordinarios los que hacen historia. Y, sin embargo, probablemente haya muchísimas personas que se quedaron en el anonimato e hicieron cosas de menos intensidad, pero igual de valiosas.
Al inicio de la novela se percibe esta alienación del sufrimiento ajeno entre la comunidad holandesa. Aterrizando esto en el mundo actual, donde el activismo performativo para la actualización y satisfacción moral propia es cada vez más común, ¿cómo ves el rol que debemos asumir nosotros frente a la injusticia y el sufrimiento? ¿Y qué nos enseña esta superficialidad sobre la acción versus la complacencia?
Voy a decir algo terrible: a muchas personas les importa más que se vea que están del lado correcto y terminan haciendo ciertas acciones que no tienen ningún impacto. Por otro lado, hay otras que son más silenciosas y no tan visibles, pero que al final pueden generar un cambio. A veces no alcanzamos a entender lo poco que les interesamos a los políticos. En la guerra que le toca a Hannie, los reyes de Holanda se refugian en Londres en cuanto empiezan los primeros bombardeos. Los reyes de Inglaterra los reciben y los holandeses se quedan atrás. Además, mucha de la cúpula militar se alió a los nazis, dejando al pueblo desamparado. El no dividirnos se vuelve esencial. Hay ciertos momentos en los que las acciones sacan lo que realmente hay detrás. Importa más la ideología, las posturas que la gente o la democracia en sí. Podemos extrapolar un montón de esto, pero al final es eso: la gente es lo importante y los políticos se van a salvar independientemente. Nos queda a nosotros hacer las acciones reales y puntuales, porque todo empieza como sociedad.
Reflexionando sobre nuestro contexto sociopolítico actual a nivel global, con conflictos como el de Israel-Palestina, el creciente sentimiento antimigrante y el aumento de regímenes autoritarios, es inevitable encontrar conexiones con el contexto histórico de la novela. ¿Qué mensajes esperas que deje Ráfaga Roja a la sociedad? Y, ¿qué desearías decirle a tus lectores en particular?
A veces nos es más fácil discutir un tema cuando no lo tenemos tan encima; es más fácil reflexionar sobre un conflicto bélico que ya sucedió. Pero justo esa reflexión tendríamos que siempre traerla al presente, porque mientras haya seres humanos habrá guerra y se repetirá el ciclo. Por ese lado, esperaría que mis lectores entren a esta novela, sin pensar que es una novela que escribí yo. En ocasiones, mis lectores previos esperan lo mismo. Entonces les pediría que lean libros por el libro en sí, sin importar quién sea el autor. Porque cuando el autor se vuelve más importante que la historia que está contando, ya estamos mal. Un buen libro debería de ser bueno, aunque no puedas ver al autor. Hay que leer como si el autor fuera desconocido, entonces puedes decir si te gustó o no y por qué, no por las expectativas, sino por la historia en sí. Leer de manera más crítica y objetiva siempre será algo muy recomendable.
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