
Argentina vs. Inglaterra: el partido del que se sigue hablando 40 años después
Por: Miguel Ángel Lapuente Franco
“Es raro lo que pasa con este partido”, me dice el periodista argentino Andrés Burgo desde la Ciudad de México, donde se encuentra cubriendo el Mundial de futbol. Se refiere al encuentro entre Argentina e Inglaterra de 1986, en los Cuartos de Final de aquella justa que terminó ganando la albiceleste. Y añade: “Parece que el partido se jugó ayer, es como un milagro atemporal, algo que atraviesa”, refiriéndose a cómo no ha perdido vigencia.
Quizá tenga razón. Argumentos, a final de cuentas, no le faltan. De hecho, tiene un libro de casi 300 páginas que funge como uno de ellos y recientemente se acaba de estrenar un documental basado en el mismo libro que parte de una premisa que también alude al tiempo: ¿cuándo empieza y cuándo acaba un partido?
Y es que aquel enfrentamiento llevado a cabo el 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca a las 12:00 del día pudo haber tenido varios inicios –los cuales nos remontan a los orígenes de la relación entre los dos países o, más recientemente, a la Guerra de las Malvinas, sucedida apenas cuatro años antes, en 1982– y puede –el verbo en presente ahora es intencional– que no haya terminado del todo porque henos aquí, 40 años después, en una sesión de zoom, hablando de él.
Esto cobra sentido si se asume que el futbol trasciende a lo que pasa en una cancha desde su capacidad de ser narrado. Si no, cómo entendemos la pasión que despierta un deporte en el que predominan los fracasos. Martín Caparrós, otro periodista argentino, plantea: ¿qué es un partido sino una serie de intentos? Pues eso, pero también: historias.
Sin embargo, en su capacidad de ser narrado intervienen la pluralidad de visiones y experiencias. Es imposible que un partido se recuerde de la misma manera por todos los involucrados –ya sean jugadores, entrenadores, árbitros o aficionados–. Y en su reconstrucción, por lo tanto, siempre hay que lidiar con la tensión entre la realidad y la fábula.
Andrés Burgo, como periodista, lidia con esa tensión y logra presentar en su libro –El partido (del siglo) Argentina – Inglaterra 1986– una historia coral o una composición de microhistorias en torno a uno de los partidos más recordados de todos los mundiales. “La función del periodista no es jactarse de ‘esto es lo que pasó’, sino de ‘esto es lo más cerca que yo llegué a lo que pasó’. Es como una especie de viaje en el tiempo para ver qué es lo que pasó ese día, que es inagotable”, asegura.
En su viaje en el tiempo logra recuperar anécdotas como las de las playeras que utilizó el conjunto argentino en ese partido, las cuales fueron hechas en México, un día antes, en un taller de Héctor Miguel Zelada, que fungía como tercer portero y ya era un ídolo americanista; relata lo que sucedió en las primeras horas del día y los buenos augurios con los que se levantó Diego Armando Maradona, así como cuáles eran las tres canciones que escuchaban en el autobús: Eye of the tiger, de Survivor; Total eclipse of the heart, de Bonnie Tyler; y Gigante chiquito, de Sergio Denis.
Hace una reconstrucción del juego contemplando los puntos de vista de la mayoría de los jugadores, tanto argentinos como ingleses, y presenta los dos hechos que mitificaron al partido y a Maradona: el primer gol que metió con la mano y el segundo, en el que dejó a medio equipo inglés en el suelo después de un recorrido en zigzag de más de 50 metros.
Sobre el primero destaca las reacciones iniciales de los jugadores ingleses y del propio Maradona, quien unos segundos antes de festejar volteó a ver al árbitro para confirmar que lo había dado por bueno. De igual forma, presenta las reacciones de algunos periodistas y de los narradores que estaban en ese momento en el estadio. Entre estas destaca la de Víctor Hugo Morales, narrador uruguayo y otro protagonista –a su forma– de ese partido: “Fue con la mano”, afirmó durante la transmisión. Y en retrospectiva él subraya haberlo dicho porque identifica un valor periodístico en ello.
Sobre el segundo, “El Gol del Siglo” –como lo denominó la FIFA a través de una votación en 2002–, ¿qué se puede decir más allá de lo que ya dijo el mismo Vícto Hugo Morales? Hay pocos goles que no se pueden entender sin la forma en la que fueron narrados y este fue uno de ellos.
“Arranca por la derecha el genio del fútbol mundial… y deja el tendal y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… ¡Gooool! ¡Gooool! ¡Quiero llorar! ¡Dios santo, viva el fútbol! ¡Golazo! ¡Diegoooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme… Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos… ¡Barrilete cósmico! ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Gracias, Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2, Inglaterra 0”.
En el libro, Andrés cuenta lo que hay detrás de la expresión “barrilete cósmico“: una resignificación sarcástica derivada de una disputa filosófica de entender el futbol entre Carlos Salvador Bilardo, entrenador en ese Mundial de la selección Argentina, y César Luis Menotti, campeón del mundo con la albiceleste en 1978. Sin embargo, yo le pregunto sobre la metáfora que hace del país, ese puño apretado gritando por Argentina.
“Ese relato de Víctor Hugo es increíble y pasa que Maradona es inabarcable”, y agrega: “si Messi llega a ganar un segundo Mundial no sé si la figura de Maradona pasará a un segundo plano, pero la ventaja que sigue teniendo es que para la mayoría de los argentinos es mucho más que un futbolista. Con sus luces y sombras, como todos”.
Aquel Mundial también fue histórico porque fue el primero que se pensó para un contexto globalizado. La televisión, afianzada como medio de comunicación de masas, determinó las lógicas con las que se llevó a cabo, priorizando el ámbito comercial por encima de lo deportivo. (He ahí que ese partido se jugara a las 12:00 del día.)
“El estadio es un gigantesco estudio de televisión. Se juega para la tele, que te ofrece el partido en casa. Y la tele manda”, denunció en su momento el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano, y agregó una definición de lo que ya parecía presentarse como un nuevo sistema: “La Telecracia”.
Ese punto de partida de la evolución del futbol a un producto de consumo puede llevarnos a entender los altos costos de este Mundial y, por lo tanto, su poca accesibilidad. Empero, como se relaciona con un partido que fue más que un partido, tenemos que señalar su valor simbólico en la reivindicación de lo político en el futbol.
“En Argentina pasaron muchas cosas en la década de los 80. Empieza con una dictadura, sigue con una guerra ridícula, después hay un juicio a los militares, van presos, y después hay un indulto. Argentina sale campeón en ese contexto y por un tiempo el partido se perdió un poco. Pero luego regresamos a él y ahora pareciera que es más importante que la misma final contra Alemania que nos hizo campeones del mundo en el 86. La gente tiene derecho a decir que es una exageración ver una especie de revancha después de una guerra tan ridícula como la de Las Malvinas, pero al mismo tiempo es lo que Argentina puede festejar. El futbol para los países del tercer mundo es el mejor festejo posible, por eso son tan desbordantes. Lo que pasó fue eso: nuestro festejo fue ganarles y les ganamos”, añade Andrés antes de que nos despidamos.
Le agradezco por su tiempo y me comprometo a mandarle este artículo el martes 22 de junio, pero me corrige: “el martes es 23, los 40 años se cumplen el lunes”. Cuando colgamos entonces no me queda de otra más que ponerme a escribir esto, que no sé muy bien a qué género se adhiere, pero sí sé que es un esfuerzo honesto para fracasar dignamente en la tarea de entender qué fue lo que sucedió en ese partido –y qué sigue sucediendo–.
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