El cambio climático es un problema político


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Por: David Salinas

Cada mañana, cuando reviso el pronóstico del clima, debo ignorar la alerta que me advierte sobre la mala calidad del aire en la ciudad. Me dice que con esas condiciones no es recomendable salir o hacer actividades al aire libre, que la exposición a esa contaminación puede causar enfermedades respiratorias crónicas, pero si le hiciera caso no saldría nunca. Alertas ambientales se emiten cada mes y el cielo gris (a veces amarillento) es parte de las vistas de la ciudad. Este año se rompieron récords de altas temperaturas en la ciudad y tenemos más de un año en una crisis de escasez de agua.

En una ciudad caracterizada por sus discursos de progreso industrial y económico, las medidas necesarias para hacer frente a estos problemas son una amenaza a su identidad. Pensar en proteger el ambiente no es suficiente motivación para sacrificar algo tan importante como el estatus y excepcionalismo del estado. Además de esto, en un marco neoliberal, la regulación de la industria es el último recurso.

A partir de esto resulta importante cómo se define y enmarca el problema del cambio climático para generar la acción efectiva que podría, si no revertir el daño, frenarlo de manera significativa. Por esta razón, expertos y organizaciones como la Organización Mundial de la Salud han promovido plantear la crisis climática como un problema de salud pública. El riesgo de plantearlo de esta manera es que la respuesta sea aumentar o mejorar los servicios de salud para que puedan atender los problemas que surgen a partir del cambio climático y la contaminación, en lugar de atender el problema de raíz para evitar que estos casos sigan aumentando.

El cambio climático es un problema que nos afecta a todos, pero no de la misma manera. Las estructuras de desigualdad social también significan que las personas más vulnerables económica, social y políticamente son las que sufren los efectos del cambio climático y la contaminación ambiental en mayor medida. Ya lo vemos en la ciudad con la falta de agua y las altas temperaturas: las personas que no tienen acceso a un tinaco o a una cisterna, y quienes no tienen aire acondicionado, son las más afectadas. El cambio climático también es un problema político. Es una cuestión transversal de derechos humanos, pero la respuesta ha sido deficiente.

Mucha de la responsabilidad se le transfiere a la persona común: al consumidor. Es nuestra culpa por no reciclar, por usar un carro particular, por tardar más de 5 minutos en la regadera, por usar popote… No hace falta cuestionar por qué el plástico terminó en nuestras manos, por qué sentimos que es necesario andar en carro particular en la ciudad, por qué se nos está acabando el agua, entre otras cosas. Se desvía la atención del rol de un sistema estructural, de todas las decisiones que se toman por nosotros y por las que después nos responsabilizan.

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