Imposible entender el arte del norte de México sin la mirada de Xavier Moyssén Lechuga

Como este es un reconocimiento póstumo a la trayectoria y carrera de mi papá, me parece pertinente hacer una especie de recorrido histórico de esta última.
Empezaré diciendo que mi papá nació en Toluca un 31 de enero de 1953, y creció en Coyoacán, en la Ciudad de México. Perteneció a la Asociación Internacional de Críticos de Arte, capítulo México, al Comité Mexicano de Historia del Arte y a la Sociedad Española de Estudios del siglo XVIII.
En la década de los 80, si no me equivoco en el 82, mi papá se mudó a Monterrey, alrededor de sus 27 años, con la intención de seguir su carrera profesional aquí, y con la intención de escapar al tráfico del entonces Distrito Federal (o por lo menos eso me contaba a mí).
Mi papá tuvo su primer trabajo en Monterrey en el ya difunto Canal 8, o Televisión Independiente de México, y también empezó escribiendo artículos culturales para el también ya extinto periódico, El Porvenir.
Después de eso mi papá empezó a dar clases de historia del arte en varias universidades de la ciudad, si no me equivoco, entre estas se encuentran: la Universidad Regiomontana (U-ERRE), el Tecnológico de Monterrey (ITESM), la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), y finalmente en la Universidad de Monterrey (UDEM), en donde se convirtió en profesor asociado durante más de 25 años, en el departamento de Arte, Arquitectura y Diseño.
Además de tener una extensa carrera de más de 25 años activo como profesor, curador y crítico de arte en Monterrey, Nuevo León, y México, mi papá también pasó a dirigir proyectos editoriales con varios colegas suyos, como Roberto Ortiz, Jaime Toussaint y Óscar Estrada. A partir de estos esfuerzos, tanto de iniciativa propia como en colaboración con otras instituciones, salieron libros como Nuevo León: Imágenes de Nuestra Memoria, CRGS: Centro Roberto Garza Sada de Arte, Arquitectura y Diseño, y La Catedral Metropolitana de Monterrey: Historia, Arte y Arquitectura, entre muchísimos otros, como aquellos hechos por la editorial Acequia y sus participaciones en las bienales de grupo FEMSA.
Pero, para lo que nos compete en esta ocasión, quisiera hacer un énfasis especial en una exposición que mi papá curó en el año 2000 para el Museo de Monterrey llamada 100 años a través de 100 artistas.
Al escribir este pequeño discurso, me topé con una entrevista que le realizó el períódico La Jornada, en la cual mi papá dijo que: “El desarrollo de las artes plásticas en Nuevo León es complejo y mucho más rico de lo que aparenta” (…), y que “La diversidad es el emblema del arte de Nuevo León, lo cual complica cualquier intento por encasillarlo”.
Me parece muy relevante esta cita para esta ocasión, ya que en esta exposición, que tendremos el gusto de recorrer en un momento, podemos ver esa diversidad artística de la que hablaba mi papá, hace 25 años. En esta exposición se encontrarán 200 años de historia y de arte en diversas manifestaciones, en pintura, en fotografía, en poesía, en grabado y, como me lo mencionó mi papá varias veces en nuestras últimas conversaciones, también en la música, ya que nos harán ahora el favor en un momento de poner una pieza regional que él sugirió.
Quisiera ahora, para cerrar, hacer mención de que mi papá fue una persona que creía en el potencial artístico de Monterrey, y de todo Nuevo León. No pude encontrar la nota, pero recuerdo que en alguna ocasión me topé con un artículo del periódico El Norte, titulado: “Monterrey, ¿la oportunidad cultural?” escrito por él.
Cito, asimismo, a Gabriel Contreras, quien subió un video a YouTube cuando el fallecimiento de mi papá era reciente, donde dijo que la historia del arte no solamente la hacen los artistas, ya que: “el criterio, y la organización del pensamiento artístico, son cosas igualmente importantes” para lo que hoy conocemos como el arte en el norte de México.
Y yo creo que así como mi papá decía que los artistas de Monterrey “no son flor de un día”, y así como “no se puede explicar un Julio Galán, sin un Fidias Elizondo”, debido a que estos son resultado de muchos años de trabajo, es seguro decir que aún queda mucho por hacer. La mejor manera de honrar su trayectoria y su legado, es realizando ese potencial artístico que él veía en esta ciudad, y en este estado.
Muchísimas gracias.
*Este texto fue leído en la presentación del libro Crepúsculos que duran un instante. 200 años de artes visuales y poesía en Nuevo León *
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