Interestellar: el amor como fórmula de escape, de aceptación y de esperanza

Interestellar, la película de ciencia ficción que se estrenó en las salas de cine en 2014, es una de esas cintas que nunca pasará de moda. A los buenos comentarios que recibió al principio se siguen sumando críticas positivas porque el tiempo se ha encargado de mostrarnos su significado y su valor, tanto por la historia en sí, como por las actuaciones y la dirección.
El británico Christopher Nolan ya había dirigido otras películas exitosas, como Memento (2000), Insomnia (2002), The Prestige (2006) y The Dark Knight (2008), esta última una de las mejores calificadas por la crítica. Y en 2010 salió Inception, que siguió catapultando su carrera.
Pero volvamos a Interestellar. El pasado sábado decidí verla después de haber escuchado varias recomendaciones para que lo hiciera. Las dos horas con 49 minutos que invierte una persona en verla se volvieron casi cuatro horas, ya que la pausé cada cinco minutos para tratar de entender todo.
La película comienza en el año 2067, en un mundo donde hay sobrepoblación y falta de recursos debido a una plaga que destruye las cosechas. Por falta de alimentos y recurrentes tormentas de arena, se estimaba poco tiempo para la extinción de la raza humana. Joseph Cooper y su hija Murphy notan, durante una tormenta de polvo, un patrón en el polvo de la habitación de Murphy y se dan cuenta que es un mensaje codificado en código Morse. Cuando lo descifran encuentran unas coordenadas de una base secreta de la NASA.
El Dr. Brand y su equipo de la NASA le proponen a Cooper, un antiguo expiloto de la NASA, liderar una misión para atravesar un agujero de gusano –un túnel en el espacio que permite traslados instantáneos– cerca de Saturno para buscar los tres planetas marcados como potencialmente habitables y comprobar si realmente era posible salvar a la humanidad.
Le mencionan a Cooper dos planes: El Plan A consistía en encontrar cuál de los tres era el planeta habitable y utilizar la resolución de la ecuación de la gravedad que pudiera transportar a la gente de la Tierra a ese planeta. Y el Plan B implicaba que establecieran una nueva civilización humana usando embriones congelados, lo cual implicaba dejar morir a la población en la Tierra.
A pesar de plantearle esto a Cooper, el Dr. Brand sabía que el Plan A no era factible y que solamente el Plan B podría salvar a la raza humana, pero decidió no decirle para que aceptara la misión.
El desarrollo de la historia, que es tan interesante y cautivador, ustedes lo verán, pero lo que sí les diré es que me encanta cómo Interestellar no es solo una película sobre el amor, la ficción o la ciencia en sí, sino que también toca temas más complejos como la conciencia, la necesidad de estar rodeados de otros por el simple hecho de ser humanos y el sentimiento de ser un “fantasma”.
Entendí que el ser “fantasma” no se refiere únicamente a lo que plantea la película (en la cual la fantasía del fantasma es necesaria para completar la fórmula), sino que también simboliza aquello que nos persigue y que necesitamos para crecer, como lo representan los padres. El hecho de que Cooper no quisiera irse, pero de todos modos lo hiciera y al mismo tiempo rogara en la quinta dimensión que Murph lo obligara a quedarse, dice mucho de esa dualidad y el peso de ser el fantasma inevitable de los hijos.
Si Cooper no se hubiera ido, los libros no se hubieran caído, no hubiera existido un fantasma o un “ellos”, ni una solución para la ecuación, porque se necesitaba todo eso para que Murph creciera y encontrara la forma de salvar al mundo. Y eso mismo se puede interpretar en la vida real: los padres, hasta cierto punto, son el fantasma de los hijos.
El amor que describe Brand (“El amor es la única cosa que podemos percibir y que trasciende las dimensiones del tiempo y el espacio») es importantísimo para la trama, porque es ese mismo amor el que sienten Cooper, Murphy y Brand. Ese impulso más allá de la conciencia los lleva no solo a salvarse a sí mismos, sino también a salvar a toda la humanidad en sus respectivas formas (Murph en la Estación Espacial Cooper y Brand con la nueva colonia humana sosteniendo que el amor es una fuerza real y una guía en cierto modo para la ciencia).
“El amor no es algo que hayamos inventado, es observable, poderoso… Tiene que significar algo”, argumenta Brand cuando afirma que el amor puede ser algo tangible y una forma de conexión de una dimensión superior que trasciende el espacio y el tiempo, que los humanos usando su conciencia no pueden percibir y es por ello que aún sin saberlo lo usamos como forma de motivación para seguir adelante.
“Podemos preocuparnos profundamente –desinteresadamente– por aquellos que conocemos, pero esa empatía rara vez se extiende más allá de nuestro campo de visión”, explica en otro momento de la película el Dr. Mann, antagonista en la cinta, cuando reconoce que los humanos pueden sentir empatía por los demás, pero que esta es limitada cuando está fuera de nuestro propio beneficio personal.
He puesto estas dos frases porque me parece interesante el contraste en los personajes de su percepción de la naturaleza humana, pero también porque en ellos hay cierta similitud, dada por sus propias motivaciones personales durante la misión. Mientras que Brand quiere ir al planeta Kepler-186f con la esperanza de encontrar a su Edmunds, la persona de la que ella estaba enamorada, el Dr. Mann busca igualmente un beneficio individual, pero en el sentido de querer salvarse del planeta inhabitable sin importarle los demás.
Sin embargo, Brand decide apegarse al plan e ir al planeta helado de Mann, a pesar de sentir, por amor, que deberían no ir a éste, sino a Kepler-186f. Y Mann, al contrario, se mantiene en una posición individualista de salvarse él, sin importar lo que ocurra con los demás. Y es ahí donde radica la diferencia entre los dos.
Y, por supuesto, el poema de Dylan Thomas “Do not go gentle into that good night”, que escuchan antes de partir a la misión y que los impulsa a dar lo mejor de sí, a pesar de la muerte inevitable y las ganas de resistir a la desesperanza a la que se enfrentarían en el camino.
Después de Interestellar, Nolan dirigió Batman vs. Superman: Dawn of Justice (2016), Dunkirk (2017) y Oppenheimer (2023), que ganó siete Premios Oscar en el 2024: a mejor película, al mejor actor, a mejor actor de reparto, a la mejor banda sonora, al mejor montaje, a mejor fotografía y a mejor director, además del Globo de Oro a la mejor película dramática y muchos otros premios más.
El próximo año se estrenará The Odyssey, que retoma el viaje de Ulises después de la Guerra de Troya. Otra temática profundamente humana del poema clásico griego de Homero que ha quedado en la historia. Parece que estas son las temáticas preferidas por Nolan: todo aquello que impacta a la humanidad, lo que significa una oportunidad para la vida humana, todo lo que le afecta, pero también el mensaje final de esperanza de que, después de todo, siempre vendrá algo mejor.
En fin, esta es solo una interpretación personal de Interestellar. Los invito a verla para que cada quien descubra los diferentes significados que tienen la trama y los personajes, así como sus interacciones y, sobre todo, para que se sorprendan y conmuevan tanto como quien le pone punto final a este texto.
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