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La poeta Ana Fabiola Medina durante la instalación de la exposición Canto del libro, que se podrá visitar en el marco del Festival del Libro Santiago Lee. Foto: Cortesía

Ana Fabiola Medina, poeta visual, presenta “Canto del libro” en Santiago Lee


Por: Katherine Maní Acosta

Cuando el tema de charla son los libros, el arte o las ideas, el tránsito por el mundo –simultáneo a dicho diálogo– se torna igualmente poético. Y, en plena hora pico, un embotellamiento puede ser un momento desesperante o el origen de un diálogo profundo y ameno. El factor diferenciante entre un resultado o el otro es una buena compañía y un buen tema. 

Es lunes 16 de febrero y, siguiendo la Carretera Nacional rumbo a Santiago, mi buena compañía es la profesora Ana Fabiola Medina, poeta visual y querida profesora del Departamento de Humanidades de nuestra universidad. Salimos de nuestra habitual clase de poesía para sumergirnos en el mundo poético que ella había creado a unos cuantos –en realidad varios– kilómetros de la Universidad de Monterrey (UDEM). 

Desde que tocamos piso en Santiago, la atmósfera parece suplicarme que la pintara, o cuanto menos, que la congele en mi mente. “¿Traes tijeras, de casualidad?”, me pregunta Ana Fabiola. En este momento, ella no es precisamente mi profesora, sino una imponente pero elegante artista. Su energía y presencia emana de su vestido, de sus rizados cabellos, de la destreza visual que había curado ese salón que ahora resguarda sus obras de arte. 

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Obra Sueños Lúcidos. Foto: Katherine Maní

Titulada bajo un inteligente juego de palabras, su exposición Canto del libro está pronta a ser inaugurada. Ella afina los últimos detalles. Flores, personas, escenas de sueño, de días y noches han sido esculpidas las últimas semanas por sus hábiles manos en las páginas de libros; unos clásicos, otros poéticos: todos mundos prestos a revelarse al lector. Estos decoran la Sala 2 de exposiciones en la nueva Casa de la Cultura de Santiago María Teresa Caballero. Este nuevo hábitat cultural nace en el pueblo mágico este mismo día.

Al entrar en esa sala, lo primero que roba mi atención es un libro objeto sobre el que la Maestra Ana Fabiola y yo hemos charlado hace unos minutos en el camino de ida. Como un tríptico de su contemplativo proceso de creación, la intimidad del espacio de trabajo de un artista se revela sobre el piso. 

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Libro objeto: Un habitar propio. Foto: Katherine Maní

Mientras los árboles de la Sierra de Santiago se hacían cada vez más nítidos, Ana Fabiola me contaba sobre Un habitar propio, nombre de este libro objeto. Basado en el emblemático ensayo de Virginia Woolf Una habitación propia, Ana Fabiola demarca con este libro espacio su mesa de trabajo donde la creación de su poesía visual tiene lugar. Así, tanto la mesa como el libro objeto se divide en partes importantes de su cotidianidad: un extremo está destinado para pintar, otro para leer su Biblia; uno más para su escultura y el otro para escribir.

En el mundo del poeta existe una fascinación por las pequeñas cosas, por el descubrimiento del mundo individual que pueden proporcionar otros mundos compartidos. Nuestro propio espacio, ya sea una mesa o la carretera, nos revela aquella nostalgia que constituye nuestra riqueza: la riqueza de la memoria. Esos libros que fueron esculpidos por sus manos y que ahora reposan en espera del espectador en la nueva Casa de la Cultura de Santiago, pueden ser un nuevo espacio para la memoria de ese otro que acudirá al encuentro con ellos.

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The gently setting sun. Foto: Katherine Maní

Ana Fabiola, quien ha expuesto en tantos otros lugares, suele compartir estos espacios, que a ella le son sagrados e incitadores para la creación, con artistas que le tienen el mismo cariño al hábitat del caminar humano. En esta ocasión, nuestra apreciada artista tiene como vecino a Armando Alanís, poeta visual cuya labor tiene lugar nada más y nada menos que en las calles de Monterrey. Su proyecto es el nada ajeno título Acción Poética. Así como Ana Fabiola, Armando Alanís moldea el espacio y lo torna aún más expresivo de lo que ya es. La particularidad del poeta puede verse en ambos: identifican la poética del espacio, acerca de la cual ensayaría largamente Gaston Bachelard, y la depositan en objetos tan cotidianos de una manera tal que encuentran en su labor una manera de hacer evidente la experiencia estética de un artista. 

Transito, entonces, fuera de la sala de exposiciones de Canto del libro, para escuchar el canto de la naturaleza que inspiró a Ana Fabiola a crear esta espectacular transformación del espacio del libro. En el centro del patio de la Casa de la Cultura, miro hacia arriba: he ahí el acceso a la contemplación del cielo. La poética del ocaso, la poética que solo inspira la poesía visual. Esta es la musa de Ana Fabiola, de Alanís, de los pintores, de los escritores: esta es la maravilla que se retrata. El ocaso tiene un azul cerúleo que los árboles observan a diario, pero para mí, nueva a ese paisaje, el cielo se revela como una historia contándose.

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Ana Fabiola Medina, poeta visual, durante la inauguración de la exposición Canto del Libro en la Casa de la Cultura de Santiago “María Teresa Caballero”, N.L. Foto: Cortesía

Contar, crear y esculpir historias, eso es lo que Ana Fabiola hace con su poesía. Extiendo la invitación a que el lector experimente esta fascinación por la transformación del espacio por sí mismo poético durante la jornada de Santiago Lee. Santiago Lee, feria cultural y literaria que se celebrará del 6 al 8 de marzo, contará con muestras artísticas diversas para todo tipo de público, entre ellas Canto del libro, la cual estará disponible para acceso general durante los días del evento en la recientemente inaugurada Casa de la Cultura de Santiago “María Teresa Caballero”.

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