
Estudiantes de Cine abren puesto de piñas coladas en la UDEM
Por: Paolo Millán, Erich Ruther y Juan Pablo Ochoa
Para ayudar a financiar la realización de su cortometraje, el cual es requisito para obtener su título profesional, cuatro estudiantes de la carrera de Cine emprendieron un negocio con la venta de piñas coladas y sabalitos en el Campus de la Universidad de Monterrey.
Mauro Cavazos Hidalgo, Frida Jiménez, Manuel Montemayor y Mauricio Nevarez, todos estudiantes de último semestre de Cine, comenzaron con la venta de estos productos en este verano y se instalan todos los martes y viernes a la entrada del Centro de la Comunidad Universitaria (CCU), de 12 del mediodía a las 5:00 de la tarde para recaudar fondos para su proyecto, gestión que sólo durará este semestre de Otoño.
“Los productos los elegimos aprovechando las altas temperaturas, pues los estudiantes los compran por ser refrescantes, y porque la novedad nos permite atraer clientes. Sólo nosotros vendemos piñas coladas en la Universidad”, dijo Mauro Cavazos, quien aclaró que el producto estrella de este punto de venta es la piña colada, con precios de 50 pesos la de medio litro y de 80 pesos el litro completo. También cuentan con una gran variedad de sabores de sabalitos.
“Tomar en cuenta el calor para vender nuestros productos y aprovechar la exclusividad fue una estrategia acertada, que nos ha permitido que el negocio prospere. Además, vender piñas coladas nos añade un buen distintivo como negocio”, agregó.
El equipo de estudiantes trabaja en el cortometraje “Donde se ocultan los monstruos” que abordará el tema de la violencia y la inseguridad que se vivieron en el norte de México durante los años 2010 y 2011.
La historia narra el viaje que hacen unos niños al norte de México durante el cual la hermana mayor de Elena, la protagonista, desaparece en el bosque cuando jugaba a las escondidas. Los niños creen que un monstruo que, según una leyenda, habita en ese bosque se la llevó en castigo porque los niños no le llevaron ninguna ofrenda. Esos niños cuando crecen entienden que, en realidad, no hubo ningún monstruo y que la niña fue secuestrada.
“Cuando éramos niños, escuchábamos los balazos y nuestros padres nos decían que eran cohetes. Crecimos sin darnos cuenta de la realidad porque nuestros padres nos protegieron. Y quisimos reflejar esta realidad en el corto y preguntarnos si es más importante proteger a las infancias o decirles la verdad aunque eso les cueste una parte de su inocencia. Sería importante reflexionar sobre esto”, explicó Frida Jiménez.
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