«The Odyssey» (2026): ¿cuál es el punto, Nolan?


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Por: Kurt Benze Hinojosa

The Odyssey, de Christopher Nolan, estuvo envuelta en controversia desde que se publicó el primer trailer: se le criticó por la falta de precisión histórica de las vestimentas y, sobre todo, por mostrar actores de diversas etnias y colores de piel. Así, de entrada, la película se sumergió de lleno en las guerras culturales. Sin embargo, ahora que ha sido estrenada, está recibiendo excelentes críticas y elogios, en general. Sea como sea, sigue habiendo mucho ruido alrededor del filme. En esta crítica, quiero centrarme en aquello que Nolan –quien lo escribió y dirigió– cambió con respecto a la obra clásica de Homero, y en qué transmite o intenta transmitir con esos cambios. Después de todo, esta película es una reinterpretación moderna de un mito antiguo. Por naturaleza, los mitos son vivos y dinámicos: con el paso del tiempo, se transforman y adaptan a distintos contextos. No obstante, yo argumentaría que una buena reinterpretación debe entender, al menos, la esencia del mito original, sin mencionar que idealmente debería ser sensible a la cultura y contexto en que se originó. Tomando esto en cuenta, ¿se podría afirmar que Nolan entiende la Odisea?

Por cierto, una advertencia: obviamente, aquí hay spoilers para un poema épico de 2 mil 800 años de antigüedad, y para su adaptación fílmica más reciente.

Antes que nada, quiero dejar claro que, en sus aspectos técnicos, The Odyssey es un logro increíble. La cinematografía es bellísima, la edición es muy buena, los efectos prácticos definitivamente son inmersivos, y las actuaciones son de primer nivel. Las secuencias de acción son sumamente entretenidas e incluso hay un par de escenas (los encuentros con el cíclope Polifemo y con la diosa bruja Circe) que entran en territorio de terror: son oscuras, perturbadoras y memorables. La película crea un contraste efectivo entre lo íntimo y lo vasto, y también construye una atmósfera oscura y tensa que transmite de manera apropiada la ansiedad de enfrentarse a lo desconocido.

 Entonces, tomada como una simple película de aventuras, The Odyssey hace un muy buen trabajo. Como mero espectáculo, es todo un éxito. Pero escarbemos un poco más.

 Primero hablemos de los cambios más superficiales y luego de los temáticos –aunque, en realidad, ambas cosas se encuentran entrelazadas–. Las vestimentas son extrañas. Las armaduras de los soldados griegos parecen sacadas de un videojuego genérico de fantasía: se ven falsas, estilizadas y con algunos elementos anacrónicos, como los cascos corintios, que no fueron utilizados hasta varios siglos después de Homero (un dato curioso es que, si bien las obras de Homero –o los “homéridas”, el grupo hipotético de poetas que escribieron la Ilíada y la Odisea– fueron anacrónicas en muchos sentidos –después de todo, narran eventos que supuestamente habían ocurrido medio milenio antes de su tiempo–, sí fueron precisas en la descripción de las armaduras de la Edad de Bronce, como el casco de dientes de jabalí de Odiseo). Las armaduras de los troyanos parecen de plástico, Agamenón ciertamente se ve como Darth Vader con su armadura negra, y los lestrigones –los gigantes caníbales de Sicilia– visten una especie de cruce entre una armadura de placas renacentista y algo tomado de un ánime. Por otro lado, los barcos de Odiseo son más vikingos que griegos y hay pocas ubicaciones en la película que realmente se ven mediterráneas. La isla de los cíclopes es el único ejemplo claro de esto. La mayor parte de la película se da en lugares desérticos, oscuros y desolados. También hay unas pocas ubicaciones boscosas, que no se ven del todo mediterráneas. Nolan eligió a Escocia, Islandia y Estados Unidos como locaciones importantes, y se nota.

Por supuesto, también hay que mencionar al elenco diverso. La mayoría de los actores son británicos y estadounidenses blancos, pero varios de ellos tienen ascendencia africana, hindú y asiática. Todos ellos hablan inglés moderno con acentos norteamericanos. En conjunto, esto hace que no se sienta que los personajes sean griegos –más bien, son anglos modernos en casi todo sentido–, ni que la película esté ocurriendo en el Mediterráneo durante la Edad de Bronce, sino en una especie de universo fantástico separado. Por otra parte, de manera extraña, Nolan sí se preocupó de que las armas de los soldados fueran micénicas, y que la música fuera compuesta con instrumentos tradicionales griegos. El contraste entre esas decisiones es un tanto desconcertante.

Tomando todo esto en cuenta, clara y deliberadamente la película nos dice que no es acerca de Grecia ni del antiguo mundo micénico.

Ahora, abordemos los temas. En el texto clásico, Odiseo encarna una especie de arquetipo trickster que representa el valor guerrero de la astucia e inteligencia, personificado en la diosa Metis. Él engaña y miente de manera natural, pero enfoca ese talento marcialmente y, gracias a eso, los aqueos ganan la Guerra de Troya. Esa cualidad hizo que llamara la atención de Atenea, quien sin duda se identificó con él, decidió protegerlo y hasta da la impresión de haberse enamorado de él en alguna medida. El subterfugio era celebrado por los antiguos griegos, pues, lejos de ser un defecto o un vicio, era una virtud indispensable para la supervivencia.

Pero, en The Odyssey, el concepto de metis se vuelve un pecado. En la versión de Nolan, Odiseo es atormentado por la muerte y destrucción que su engaño ocasionó en Troya. Una escena muy importante en el texto de Homero es la conversación que Odiseo tiene con la sombra de Aquiles, en el límite con el inframundo. Odiseo trata de consolar a Aquiles recordándole sus grandes hazañas como guerrero, pero Aquiles le contesta que habría preferido llevar una vida tranquila como campesino. Esa es una de las grandes sorpresas del poema, pues subvierte los valores griegos tradicionales, según los cuales la gloria y trascendencia en batalla son el mayor logro al que un mortal puede aspirar. En la película, Aquiles es sustituido por Sinón –un personaje tomado de la Eneida, no de la Odisea–, quien fue manipulado por Odiseo y murió creyendo una mentira. La conversación con Sinón solo inflama los sentimientos de culpa de Odiseo. En este sentido, Odiseo se muestra más como un antihéroe cristiano en busca de redención –una especie de caballero artúrico, esencialmente– que como un héroe tradicional griego.

Los aspectos religiosos del poema épico también fueron distorsionados en la película. Para los antiguos griegos, los dioses estaban presentes en el mundo mortal, en todo momento, en cada evento que ocurría y en cada acción que se realizaba. Sin embargo, en The Odyssey de Nolan, los dioses parecen haber abandonado el mundo. Definitivamente hay monstruos, pero no hay dioses presentes. También da la impresión de que Odiseo odia a los dioses: le reclama a Atenea por no hablarle claramente –a pesar de que sí lo hace– y hasta incendia un templo suyo, una acción absolutamente impensable para el Odiseo original. La película incluso deja ambiguo el hecho de que Odiseo conversaba con Atenea y recibía su favor; pudo haber sido real, o todo pudo haber sido un mero delirio detonado por su culpa.

Luego está la idea conductora del poema épico: nostos, el regreso a casa. El anhelo absoluto e imperante de Odiseo por regresar al hogar, a su esposa Penélope y a su hijo Telémaco —la fuerza que define el poema—, sí está presente en gran parte de la película. Pero, luego, el final lo cambia todo. En el poema, Odiseo regresa a Ítaca disfrazado como mendigo por Atenea, se revela a su hijo, ambos planean y ejecutan el asesinato de los pretendientes de Penélope, y después Atenea interviene para evitar la venganza de sus familiares. En la película, las cosas ocurren casi de la misma manera, excepto por la última parte. Atenea no interviene a favor de Odiseo: para evitar la furia de las familias de los pretendientes, él decide exiliarse junto con Penélope y dejar a Telémaco como sucesor en el trono de Ítaca. Nuevamente, esto habría sido impensable para el Odiseo de Homero, pues habría sido una derrota humillante, y él otra vez habría quedado privado de la tierra que tanto amaba y buscaba proteger. El tema de nostos fue hecho a un lado para dar cabida a la sucesión de una nueva generación.

Nolan también insertó otro tema completamente nuevo en la historia: el fin del mundo. En la película, hay varias menciones de los Pueblos del Mar, una especie de confederación de invasores que hicieron estragos en el Mediterráneo oriental y en el Cercano Oriente al final de la Edad de Bronce. También, en algún punto, Penélope afirma que “Nuestra Edad de Bronce está colapsando”. Son anacronismos descarados: el nombre “Pueblos del Mar” fue usado en un solo documento egipcio de la época (y adoptado posteriormente por académicos del siglo XIX) y “Edad de Bronce” es un término acuñado en el siglo XIX. Los temas apocalípticos han estado muy presentes en las películas de Nolan de años recientes, y una vez más los incorpora de manera un tanto torpe y forzada en The Odyssey, lo cual le añade a su transformación cristiana.

Antes de llegar a las conclusiones, quisiera comentar un par de cosas más. La película hace un comentario casi fugaz acerca de violencia doméstica al mostrar a Helena de Troya con el rostro desfigurado, dando a entender que Menelao fue quien lo hizo como venganza. En la Odisea de Homero, eso nunca ocurre: Menelao perdona a Helena y ella incluso parece revertir su lealtad hacia Esparta –más o menos; es ambiguo–. Es extraño que Nolan decidiera modificar la historia de Helena, cuando pudo haber usado la historia de las doce esclavas del palacio de Ítaca que fueron ejecutadas por Telémaco, en castigo por haberse acostado repetidamente con los pretendientes de Penélope. Margaret Atwood desarrolló esta idea en The Penelopiad –una reinterpretación sumamente interesante y bien lograda–; Nolan pudo haberla utilizado como inspiración, lo cual, en mi opinión, habría sido mucho más apropiado.

Otra cosa que me irritó mucho sobre esta película fue la manera en que trató al perro, Argos. La historia de Argos, el perro que esperó fielmente a su amo durante veinte años, rehusándose a morir hasta que finalmente lo vio, es quizás una de las narraciones más emotivas y desgarradoras en toda la historia de la literatura. Personalmente, como amante de los animales, estaba ansioso de verla y me había preparado psicológicamente para que me destruyera el corazón, pero en The Odyssey, el reencuentro entre Odiseo y Argos ocurre en solo treinta segundos, y es usado como un mero recurso para revelarle la identidad de Odiseo a Telémaco. Fue completamente dejado de lado. Una absoluta decepción.

En fin, resumiendo: The Odyssey sustituye el carácter griego del poema por uno anglo, es hostil hacia la religión, inserta temas cristianos sobre culpa y apocalipsis, habla sobre abrirle camino a las nuevas generaciones, hace comentarios poco sutiles sobre diversidad y violencia hacia la mujer, y, por cierto, también menciona repetidamente la violación a la “ley de Zeus” sobre hospitalidad, lo cual es una clara alusión al maltrato de migrantes. Con todo esto, Nolan deja claro que se refiere a problemas fuertes del mundo moderno, incurriendo desprevenidamente en apropiación cultural. Pero lo que le falta es una idea o hilo integrador. Todos estos temas están insertados y desarrollados de manera superficial, torpe, desordenada y confusa. ¿Por qué decidió usar a la Odisea para hacer esos comentarios específicos? ¿Cuál fue el punto de reinterpretar la Odisea, a final de cuentas?


Sobre el autor:

Kurt Benze

Kurt Benze es Maestro en Humanidades y Doctor en Educación por la Universidad de Monterrey, así como catedrático del Departamento de Humanidades en dicha institución.

Con el objetivo de motivar la participación ciudadana y para garantizar un tratamiento informativo adecuado frente a los contenidos presentados, los invitamos a escribir a agencia2@udem.edu en caso de dudas, aclaraciones, rectificaciones o comentarios.

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