Image Not Found
Manuel Pérez Tejada se desempeñó durante 10 años como maestro del Departamento de Cine y Comunicación en la Universidad de Monterrey. Foto: Agencia Informativa UDEM

Manuel Pérez Tejada: la historia de una vocación


Por: Miguel Ángel Lapuente Franco

Cuando Manuel Pérez Tejada me dice: “mi historia es como la del judío errante, pero en otra versión”, me doy cuenta que la entrevista ya inició y que tengo que prender la grabadora. Habían pasado cinco minutos, quizá, desde que llegué a su oficina precisamente para entrevistarlo. Y es que hay entrevistas que suelen difuminar su inicio y su conclusión.

No exagera con su comparación con el judío errante: su historia está marcada por viajes y traslados. Algunos literales y otros más metafóricos. Manuel nació en el Puerto de Veracruz en 1964 y se crió en una familia de seis hermanos. Cuando relata esta etapa hace énfasis en que era una familia grande, como las de antes. Y sí, con ellos convivía la hermana menor de su mamá, su tía Alma y, por lo menos, 10 perros Cocker spaniel que formaban parte del criadero que había emprendido su papá. Todos en la misma casa.

Su infancia se desarrolló en la década de los 70. En ese momento Veracruz iniciaba una extensión de su estructura urbana, relacionada también con la relevancia que había cobrado por ser un punto estratégico en el desarrollo del modelo económico conocido como el “milagro mexicano”, que consistía en impulsar la industrialización y dejar atrás las importaciones.

En ese contexto de crecimiento urbano, la casa de Manuel estaba situada en la avenida 20 de Noviembre, una avenida importante de la ciudad, la cual no le dejaba mucho margen para salir a jugar o a convivir con amigos. Como se dan muchos aprendizajes, en retrospectiva se dio cuenta que le iba mejor estudiando y se divertía más jugando cuando iba a las casas de sus amigos, ubicadas en calles más pequeñas, empedradas y con mucho menos flujo vial.

Su relación con las historias o, mejor dicho, con el oficio de contar historias inició desde segundo de primaria, cuando comenzó a dibujar historietas, las cuales contaban historias de soldados. A los pocos años comenzó a editar un periódico que contaba los hechos más importantes de su salón y, a falta de cámara fotográfica, el apoyo gráfico dependía totalmente de su talento como dibujante. Estos proyectos fungieron como los primeros registros de un currículum que lo llevó a integrarse al equipo que hacía el periódico mural de su escuela. “Me gustaba escribir”, asegura, y cuando lo hace parece que no está afirmando cualquier cosa, sino reivindicando una vocación.

Después, entre la secundaria y la preparatoria, escribió dos obras de teatro: una era una parodia de Batman, que en esos años, en su presentación televisiva, ya era en sí una parodia, y otra que contaba la historia de una persona que consumía drogas y tenía problemas con su familia. Este preámbulo lo motivó a estudiar Filosofía y Letras. Sin embargo, sus padres, sus amigos y maestros, lo incitaron a que no lo hiciera. En ese momento la carrera de Comunicación surgió como otra posibilidad, pero generó la misma reacción de rechazo.

A Manuel yo lo conocí como maestro especializado en la historia del cine y en la apreciación cinematográfica. Esta primera parte de su historia de vida me genera una inquietud: su perfil, al que he asociado tanto tiempo con el ejercicio contemplativo y analítico, se relacionaba más con la creación y con el periodismo. “¿Dónde aparece el cine en esta historia?, ¿cuándo nace el gusto por este tipo de expresión artística?”, me pregunto durante un rato hasta que lo cuestiono directamente.

“Empecé a ir al cine con conciencia de lo que iba a ver hasta la secundaria. Iba con un grupo de amigos, pero recuerdo particularmente a Toño Reyes, quien solía decirme: ‘me gusta ir al cine por la forma en la que platicamos posteriormente las películas’. Nos tocó lo que hoy se conoce como el Nuevo Hollywood, por lo tanto, vimos filmes como Serpico, Atrapado sin salida y El diablo sobre ruedas”.

Al terminar la preparatoria se dio uno de sus primeros traslados: se fue de intercambio a Corvallis, Oregon. El plan era estar ahí tres meses y regresar, pero al poco tiempo quiso extender su intercambio. Por cuestiones logísticas no pudo quedarse en Corvallis y, entonces, se fue a Aberdeen, Washington. Ahí ingresó a Aberdeen High School, conocida históricamente como J.M. Weatherwax High School. Estuvo seis meses, de enero a junio de 1982.

Años después, asegura, se enteraría que en el semestre de otoño del mismo año –1982– un joven llamado Kurt Donald Cobain ingresó a esa misma preparatoria, en la que estudió hasta 1985. Si ese joven no se hubiera convertido en fundador y cantante de Nirvana, banda icónica del grunge noventero, quizá nunca se hubiera enterado de ese dato y tampoco tendría relevancia alguna en esta entrevista, pero lo hizo y entonces anoto ese dato en mi libreta para que no se me olvide, junto con el comentario: “buscar nombre de la preparatoria”.

Image Not Found
Durante su estancia en la Universidad, Pérez Tejada dirigió el Cine Club. Foto: Agencia Informativa UDEM

Al regresar a México, Manuel aplicó para ser aceptado en la Universidad Iberoamericana, pero esta ya había cerrado su periodo de inscripciones. Le recomendaron la Universidad Metropolitana, pero tampoco llegó a ser una opción real porque su mamá no quería que se fuera de Veracruz. En ese momento su papá le dijo que en el Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro todavía estaban admitiendo solicitudes de inscripción y a su mamá no le quedó de otra más que aceptar su voluntad de estudiar fuera. Sin embargo, la elección de la carrera seguía siendo un tema: “Te pago cualquier cosa menos Comunicación”, le dijo su papá.

“¿Y qué argumento le diste finalmente para… ?”, le pregunto, asumiendo que el Manuel que conozco, un distinguido académico en el área de la Comunicación y las Humanidades, no pudo haber estudiado otra cosa que no fuera, precisamente, Comunicación. “No tenía argumento”, responde y agrega: «estudié la Licenciatura en Sistemas Computacionales y Administrativos”.

Estudiar Sistemas Computacionales a principios de los 80 implicaba muchas cosas que quizá hoy, en pleno 2026, sean difíciles de imaginar. En los primeros semestres se enfrentó al reto de hacer todos los cálculos a mano, ya que el campus de Querétaro no contaba con equipo de cómputo. Esto fungió como aliciente para buscar un cambio, mudarse a Monterrey y terminar sus estudios en el Campus principal.

Al terminar le ofrecieron trabajo en Chihuahua, en una maquiladora. Corría el año 1986 y toda la frontera Norte de México estaba cambiando. Todavía no se firmaba el Tratado de Libre Comercio, pero el país empezaba a implementar un nuevo modelo económico en el que se fomentaba la manufactura y la apertura comercial. Este viraje en las políticas económicas venía precedido de la crisis que vivió el país a finales del sexenio de José López Portilo, la cual había trascendido al contexto político del país, materializándose en el fortalecimiento de los partidos de oposición, como el PAN.

Manuel aprovechaba cualquier tiempo libre que le dejaba el trabajo para escribir. Se integró a talleres de poesía y mandaba colaboraciones a periódicos locales. La espinita seguía ahí y, por lo tanto, a pesar de que en su trabajo estaba creciendo y había alcanzado una gerencia, empezó a preguntar por opciones para estudiar Comunicación.

Pronto se dio cuenta que eso le implicaría renunciar a su trabajo o mudarse a otra ciudad, lo cual complicaba todo. Fue Frank Malgesini, dueño de una academia de idiomas, quien le sugirió que aplicara a la beca Fulbright. Aplicó y se la dieron. Así, finalmente, llegó a la Universidad de Syracuse para estudiar la maestría en Televisión, Radio y Cine e inició otro viaje de más de 30 años que hoy está concluyendo. Sin embargo, ¿qué es un final sino la oportunidad de volver al trayecto recorrido?

Image Not Found
En 2024, Pérez Tejada fundó el Cinef, ahora conocido como Inquorum Cine, primer coloquio de la disciplina en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Monterrey. Foto: Agencia Informativa UDEM

¿Cómo te fue en la maestría?

Me costó un poco de trabajo la clase de Métodos de Investigación por las cuestiones estadísticas, pero de ahí en fuera, bien. Recuerdo mucho a una maestra, Fiona Chow, que era brillante. Con ella veíamos las teorías principales y analizábamos muchos casos de publicidad. Era muy crítica del consumismo. Otra clase que me gustó mucho fue la de Guión, en la que presenté un proyecto que llevaba como título: Cómo matar a un presidente. Y un día nos levantamos con el asesinato de Colosio. Peter Moller, que era el profesor de esta clase, me estuvo buscando toda esa mañana para preguntarme si yo estaba enterado de algo.

Inicia la etapa complicada de los 90 y justo regresas a México en medio del “Efecto Tequila”.

Sí, estaba difícil la situación. Sin embargo, un amigo me dijo que había un proyecto en Hewlett Packard que pretendía desarrollar un canal de televisión corporativa. Les interesó mi perfil, esa mezcla de computación y comunicación, y trabajé con ellos seis meses. En ese proyecto conocí a gente que estaba involucrada en el Tecnológico de Monterrey y ellos me sugirieron que me fuera al sistema de clases a distancia, pero no se hizo porque alguien en el departamento de Comunicación del mismo Tec vio mi currículum y me contrataron como coordinador de laboratorios, en el campus del Estado de México.

Y desde ese momento no te has separado de la academia.

No, aunque sí me empecé a preguntar: ¿y ahora qué? Entonces se me ocurrió aplicar para otra maestría con la beca Fulbright y terminé haciendo el doctorado en Cine. Habían pasado cinco años desde el término de mi maestría.

¿Dónde hiciste el doctorado?

Lo hice en la Universidad de Kansas. Yo quería hacerlo en Columbia o en la Universidad de Nueva York, pero como el proyecto que presenté estaba enfocado en el género documental, me mandaron a Kansas porque ahí estaba la doctora Tamara L. Falicov, quien había investigado y trabajado temas sobre el documental en América Latina. Y me fue bien. Durante la realización de mi tesis me invitaron a ser Teaching Assistant y me quedé más tiempo. De hecho, terminé yéndome al posdoctorado, que era una especie de programa de desarrollo de profesores universitarios, en Georgia Tech.

Y después a México, de regreso.

Sí, en el 2010 regreso y me voy a Puebla. Estuve un semestre en la UPAEP (Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla) y luego me integré a la Universidad de las Américas como jefe del Departamento de Comunicación. Ahí estuve hasta 2016.

En 2016, la UDEM.

Desde 2009, cuando sabía que iba a regresar, estuve mandando mi currículum a varias universidades y una de ellas fue la UDEM. En 2010 me contactaron porque estaban buscando a alguien que se encargara de las clases de televisión y en ese momento no me convenció. Por algo pasan las cosas, porque cinco años después se volvió a dar el contacto y ya existía la carrera de Cine, lo cual representaba un gran incentivo. Ahora puedo decir que fue una de las mejores decisiones que tomé en mi vida.

Image Not Found
Manuel Pérez Tejada (derecha) durante un encuentro nacional de directores de Escuelas de Comunicación en la Ciudad de México, en 2011. A la izquierda, Juan Manuel González Fernández, director del Departamento de Cine y Comunicación de la Universidad de Monterrey. Foto: Cortesía

Como profe tienes fama de pedir muchos ensayos: ¿de qué manera crees que el ensayo, la palabra escrita, pueda ayudar a pensar otro lenguaje como el cinematográfico?

Te obliga a organizar tus pensamientos. Ayuda a agudizar la mente. También obliga a hacerse preguntas como: ¿de qué quiero hablar? Entonces necesito poner atención cuando vea la película para encontrar el tema del que quiero hablar. Y quizá algunas cosas no las entienda, pero aunque sea como duda ya se te está quedando algo y probablemente intentes clarificarla. En ese proceso descubres cómo funciona una película, cómo está armada. Te das cuenta que el director hace un movimiento de cámara para resaltar la emoción del personaje o de pronto ves que en una escena todo se va fuera de foco pero se queda la música y el diálogo. ¿Por qué se fue fuera de foco? Porque el director quiere que le ponga más atención a la música y al diálogo que estoy escuchando. Es como el poeta o el escritor que deben leer mucho. Con el tiempo se dan cuenta que todo lo que han leído les facilita su propia escritura.

¿Consideras que tus estudios en sistemas computacionales pudieron influir en tu capacidad de pensar el cine como un sistema?

Cualquier cosa que te diga sería mera especulación, pero sí hay una habilidad de análisis de un contexto, de una serie de eventos, de ir separando las partes. Entender lo que nos dice una película es un problema porque ves todo orgánicamente unido: sonido, imagen, edición, montaje, música, todo está unido. Entonces lo tienes que separar para analizar, para poder resolver ese problema y entender cómo se comunican las partes: cómo este corte funciona con este plano y cómo el movimiento de cámara funciona con la música. Todo está entrelazado para decir algo. Cualquier libro de apreciación cinematográfica te va a decir lo mismo.

La industria cinematográfica está presentando algunos cambios. Yo sé que es difícil sintetizar o acotar una industria que, de hecho, tendría que pensarse en plural, pero ¿cuál es el cambio más significativo que identificas, el que consideras que puede llegar a tener un mayor impacto?

Las pantallas han aumentado, hay nuevas formas de ver el cine o cualquier contenido audiovisual. Antes no tenías una tableta, un celular o una computadora. Tenías el cine y tenías la televisión. El canal de televisión abierta primero se multiplicó en muchos canales de televisión de paga y luego se transformó en plataformas que ya no necesitan la televisión porque pueden estar en una computadora. En una clase vemos a Casetti, que habla del post-cinema, de cómo se ha fragmentado y como no lo entendimos y lo llamamos cine, pero no es cine. Era otra cosa, pero en ese momento fue como lo pudimos describir. A lo largo de la historia ha tomado muchas formas, muchas vertientes y se ha extendido. Habrá quien en lugar de hacer un largometraje que salga en una sala de cine, haga microdramas verticales para el celular. Hoy en día ya se consume mucho en Tik Tok, en Instagram y en Youtube. Ahí está el caso de Backrooms, alguien que tenía su canal y llamó la atención de una productora. Es el equivalente a lo que hicieron los estudios con los cómics. Ya tienen su base de fans, entonces el éxito está garantizado.

Este mismo tema nos lleva a pensar en el efecto que está teniendo la influencia de los algoritmos en la creación. Tomando en cuenta que el cine y el arte en general también tienen la capacidad de romper paradigmas, ¿qué está en riesgo?

En los estudios de la comunicación y del cine se aborda la parte de las audiencias: ¿qué hacen las audiencias con una película?, ¿por qué la ven?, ¿cómo llegan a ella? Pierre Bourdieu tiene un concepto que llama el “intermediario cultural”. Sigue en discusión, por cierto, porque el intermediario cultural puede ser el distribuidor, pero también el crítico de cine. Al final es un intermediario entre el producto cultural y un público. Los profesores y los publicistas también pueden ser intermediarios culturales. Pero ahora el intermediario cultural no tiene forma, es una abstracción porque es un algoritmo, que supuestamente está basado en tus propios gustos. Digo supuestamente porque no deja de estar atrás el interés de la empresa que está haciendo que estos productos lleguen a ti. Por lo tanto, hay que cuestionarse por qué vemos lo que vemos. En nuestro rol como consumidores tenemos que ser críticos. Si no sabes quién está guiando tu gusto, entonces piensas que el mismo patrón de tu gusto es el que va determinando tus decisiones. Acá vuelve a cobrar relevancia la voluntad y el libre albedrío, decir no. Es como si alguien decidiera leer solamente La Jornada o el Reforma. Tienes que leer muchos periódicos porque si no te vas a quedar solamente con un encabezado, que a lo mejor es tendencioso.

La experiencia del cine está ligada con la contemplación y pienso en cómo hemos estado discutiendo el rol del ocio desde las humanidades, en la reivindicación del significado que alude al pensamiento. ¿Podrá el cine mantenerse como una opción para proponer nuevas formas de pensar y no convertirse en un espacio al que asistamos a ver productos moldeados para nuestros gustos?

Sí podemos hablar y presentar argumentos para construir un discurso de reivindicación, pero no necesariamente podemos controlar eso. El ser humano, desde siempre, ha disfrutado de contar historias y le gusta que su imaginación se nutra de cuentos fantásticos, de posibilidades. Por ejemplo, en la ciencia ficción siempre se puede reflexionar desde la pregunta: “¿qué pasaría si… ? Quizá ahí podemos descubrir algo que no se había visto. Se suele decir que en los actos cotidianos, como bañarnos o cortar el pasto, llegan las grandes ideas. Sin embargo, en un plano secuencia de Tarkovsky también podemos descubrir una idea. Más allá del sueño y del descanso fuera del trabajo, necesitamos ese espacio de ocio para reflexionar. El cliché es esta ventana al mundo, el arte como ventana al universo. Pero a final de cuentas también puede ser una conversación o un diálogo. A lo mejor, al ver una película, te enfrentas con ideas que no compartes. No te gusta una película porque no te gusta lo que hace un personaje. Confrontas una posición, abres un debate. Ya hace mucho dejamos atrás lo de los espectadores pasivos.

Hace algunos años, en una entrevista, un escritor me dijo que un buen libro no es aquel que da respuestas, sino el que hace preguntas. Adaptando esta premisa al cine, ¿qué película te dejó una pregunta importante para tu vida?

Es difícil elegir, pero voy a tomar una de Josef von Sternberg: El ángel azul. La primera película en la que aparece Marlene Dietrich. Es la historia de un profesor que quiere alejar a sus alumnos de un centro nocturno donde baila y canta Lola, de quien termina enamorado. Y lo deja todo por ella y se suma al show. Tiene sus actos, sus números, pero como un patiño. Vemos el descenso a los infiernos morales de este profesor, donde él traiciona todo lo que es por este enamoramiento. La pregunta, entonces, es: ¿quién eres?

¿Qué sigue?

Fíjate que quiero escribir.

Y en cuanto a películas: ¿qué película tienes pendiente para tu tiempo libre?

La última tentación de Cristo, de Martin Scorsese, y El evangelio según San Mateo, de Pier Paolo Pasolini.

Con el objetivo de motivar la participación ciudadana y para garantizar un tratamiento informativo adecuado frente a los contenidos presentados, los invitamos a escribir a agencia2@udem.edu en caso de dudas, aclaraciones, rectificaciones o comentarios.

Scroll al inicio