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El desfile forma parte de las actividades del programa académico de la  Licenciatura en Diseño de Moda (LDM) de la Universidad de Monterrey (UDEM). Foto: Elisa Cardona

Efímeros, una reflexión sobre la moda como expresión artística


Por: Elisa Cardona

En muy pocas ocasiones he visto el museo MARCO tan lleno. Más de 600 personas están reunidas para un evento único. Largas filas dan cuenta del enorme interés causado por el desfile. Aunque la organización trata de mantener cierto grado de orden, el bullicio derivado del entusiasmo de los asistentes llena el lugar. 

A medida que avanzo en la fila de ingreso, noto un paulatino aumento en el volumen del ruido que proviene de otros asistentes: se preguntan entre sí por las sorpresas que depara esta noche. Sus miradas revelan curiosidad. En algunos casos, éstas yacen ocultas tras lentes de sol, a pesar de hallarnos en un lugar cerrado y en un horario nocturno. Por un momento, los murmullos dan la impresión de convertirse en una ola muy cerca de estallar. Los organizadores, con auriculares y comunicación constante, tratan de mantener el orden en un espacio abarrotado. 

Cuando llego a la sala en donde se va a llevar a cabo el evento, veo a muchas personas tratando de alcanzar un lugar en primera fila. Momentos después, las luces se apagan sin previo aviso, el ruido provocado por el público se esfuma y el sonido de la música empieza a atravesar la oscuridad. Justo cuando el ambiente se transforma inmediata y radicalmente, salen a escena las primeras modelos. Caminan con pasos firmes, controlados. Sin embargo, sus expresiones reflejan el nerviosismo propio de quien recibe atención de los reflectores. Lo anterior se ve potenciado por el hecho de portar piezas que, más allá del esmero que implicó trabajarlas, difícilmente alcanzan la perfección para quienes las elaboran o modelan. ¿Qué cosas consiguen la perfección, al fin y al cabo? 

El desfile, más que reflejar una idea completa, se siente como un constante ejercicio de adaptación. Este imaginario no tiene un gran arraigo, ya que a menudo asociamos las pasarelas de moda con glamour, vanguardia, lujo y belleza. En la cabeza de muchos es casi un sinónimo de perfección pero, a decir verdad, cada paso de las modelos pone a prueba el trabajo de los diseñadores.

Las luces del escenario iluminan cada pliegue y costura. Al hacerlo, me resulta inevitable pensar en cuántas horas de trabajo, sacrificio e ideas –que no todos comprenden ni aprecian– contiene cada pieza detrás de su diseño. Sin embargo, luego me enteraré que la confección de varias piezas del desfile se terminó solo unos minutos antes, en el backstage.

Mónica Garza, directora del Programa Académico de la Licenciatura en Diseño de Moda (LDM) de la Universidad de Monterrey (UDEM), me confirmará que el proceso de realización de un evento como este siempre tiene retos significativos: “Todo lo que pasa en la pasarela es producto de un trabajo arduo, pero siempre hay factores que no puedes controlar. Cuando las cosas salen bien me siento aliviada, pero no dejo de tener presente que siempre hay espacio para mejorar”. Confirmaré, entonces, que lo inesperado es un elemento inherente a la moda. 

Las luces del escenario iluminan cada pliegue y costura. Al hacerlo, me resulta inevitable pensar en cuántas horas de trabajo, sacrificio e ideas –que no todos comprenden ni aprecian– contiene cada pieza detrás de su diseño.

Efímeros es el tema del desfile. Este se manifiesta por igual en diseños –evolución que va de lo clásico a lo vanguardista– y creadores, quienes se reinventan una y otra vez para superar los retos que, ante la magnitud del evento, resultan inevitables. El cambio en sí transforma su esencia en cada prenda que desfila. Lo mismo sucede con su sentido, que las modelos realzan con cada paso que dan sobre la pasarela. 

Durante la apertura hay una revelación de la dualidad: un abrigo negro, de volumen dramático, se ciñe al cuerpo de la modelo como una suerte de armadura. Su estructura rígida contrasta con un encaje beige que –delicado y etéreo– asoma su tersura por debajo, como si la prenda misma se hallara en un proceso de transformación. El contraste, originado por una mezcla entre fuerza y fragilidad, encapsula la sustancia misma de lo efímero al sugerir una lucha entre solidez y fugacidad. 

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Las piezas modeladas fueron realizadas por alumnos de LDM de la UDEM. Foto: Elisa Cardona

Por otro lado, la efimeridad se siente en el carácter momentáneo de las apariciones que transcurren sobre la pasarela: segundos en que parecen cobrar vida las piezas para después desaparecer. Este concepto, además de añadir un toque poético al evento, invita a reflexionar sobre la naturaleza pasajera del arte y la belleza. En ese sentido, el desfile se convierte en un diálogo sostenido por la permanencia y lo transitorio, con énfasis en la importancia de disfrutar el presente. 

Debo decir también que la primera vez que escuché acerca de Efímeros fue inevitable preguntarme si el concepto haría justicia al gran esfuerzo que hay detrás de un desfile de moda. En mi mente, un proyecto

que lleva meses de planeación, diseño y ejecución no podía ser “efímero”, debido a que, por definición, lo efímero no puede conectarse con lo perdurable.

“No es solo una presentación estudiantil; es una oportunidad para que los alumnos muestren su talento ante profesionales del medio”, explicará Edgar Morejón Flores, profesor de Diseño Textil y Moda en la UDEM. Y sí, la asistencia de más de 600 personas y los 65 diseños presentados por estudiantes de la Licenciatura en Diseño Textil y de Modas refuerza su declaración.

Por otro lado, la efimeridad se siente en el carácter momentáneo de las apariciones que transcurren sobre la pasarela: segundos en que parecen cobrar vida las piezas para después desaparecer.

Por otra parte, Edgar también resaltará los retos que implica la organización de un evento así pero destacará su sentido de colectividad: “Efímeros no es solo una pasarela; es un reflejo del esfuerzo de un grupo de trabajo y una muestra del potencial creativo que estamos impulsando en la UDEM”. 

Greta Ortiz, una alumna cuya confección participó en el desfile, me contará con una sonrisa en el rostro cómo fue que se involucró con este proyecto: “Mi historia con este desfile comenzó como parte de un proyecto final en la materia Experimentación Textil”, asignatura cuyo enfoque consistía en “aprender a crear texturas nuevas, a experimentar con textiles de formas que no existen”. 

Su idea de arranque fue el concepto de la crisálida de una mariposa, un símbolo perfecto de transformación. Inspirada por este concepto, decidió diseñar un corsé. “Como diseñadores, a veces imaginamos cosas imposibles. El mayor reto es aterrizar esas ideas y encontrar maneras de hacerlas funcionales. Cada imprevisto y cada ajuste son aprendizajes que se quedan contigo para el futuro. Si no lo vives aquí, lo vivirás allá afuera”.


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La temática central de esta edición del desfile fue la efimeridad. Foto: Elisa Cardona

Antes de presenciar Efímeros mi relación con los desfiles de moda se limitaba a verlos por televisión. Admito que la experiencia de asistir a uno es completamente distinta. Las imágenes que se aprecian en pantalla se esfuerzan por mostrar un ambiente y una ejecución perfectos, mientras que un desfile en vivo brinda la oportunidad de apreciar el esfuerzo, así como el enorme nivel de concentración y ajustes que son necesarios para que las circunstancias no rompan con la estética que ha sido pensada para el momento. 

La segunda parte trae consigo un aire de sofisticación a la pasarela: un vestido de satén champagne, con caída y movimiento fluido, el cual refleja sutilmente la luz con su brillo. La asimetría de esta prenda –un hombro cubierto por un drapeado envolvente– teje la narrativa de una evolución. El encaje negro, adornado por la falda –semitransparente y revelador–, insinúa un contraste entre lo oculto y lo visible, como un recordatorio de que la elegancia, por más pulida que se encuentre, tampoco está exenta de mostrar rasgos de vulnerabilidad.

Cada una de estas piezas despliega una exhibición de técnica frente al público del desfile. Sin embargo, los creadores no limitan sus obras a una estética superficial; por el contrario, demuestran que poseen una sensibilidad capaz de narrar historias a través de la moda. Es así, con una narración que alcanza mayor solidez, que la pasarela pasa de un escenario para la exhibición a un testimonio sobre el poder de la transformación.

Las imágenes que se aprecian en pantalla se esfuerzan por mostrar un ambiente y una ejecución perfectos, mientras que un desfile en vivo brinda la oportunidad de apreciar el esfuerzo, así como el enorme nivel de concentración y ajustes que son necesarios para que las circunstancias no rompan con la estética que ha sido pensada para el momento.

Otras prendas destacan por su confección, otras por su elegancia atemporal. Pero todas son el testimonio del talento de quienes las convirtieron en una realidad. La diversidad en los diseños muestra que la moda posee un lenguaje universal, capaz de conectar a las personas a través de la belleza e innovación.

Una de las creaciones que más aplausos recibió fue un vestido con intrincados bordados –en tonalidades doradas– que brillaban bajo las luces de la pasarela. La caída de la tela y los detalles en cada puntada recuerdan que la moda es, al mismo tiempo, arte y oficio. 

Durante casi todo el evento, los asistentes han mostrado una creciente fascinación y las cámaras no han dejado escapar un solo momento: inmortalizan las piezas que van dejando su huella en la audiencia. 

Mientras tanto, tras bambalinas sucede otro tipo de espectáculo. Eventualmente conoceré que Rosalinda Medellín Rodríguez, involucrada en este proyecto desde el año 2016, juega un papel fundamental como profesora de LDM y responsable del backstage de los desfiles. En colaboración con otros profesores, como el maestro Edgar Morejón –encargado de la logística externa–, ella supervisa todo lo relacionado con el vestuario y las prendas: se asegura de que todo esté listo para el desfile.

En una plática que sostendremos, afirmará que el proyecto ha crecido de manera enorme y destacará la mejora que se ha visto tanto en la calidad de las prendas modeladas y su confección, como en la organización del evento. Así mismo, resaltará la importancia de adaptar los diseños a una talla universal y a las tendencias internacionales. 

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La realización de este evento fomenta que los estudiantes de Diseño de Moda de la universidad vivan experiencias más apegadas al mundo laboral. Foto: Elisa Cardona

Sin embargo, el crecimiento no solo se refleja en las prendas y su confección; también está presente en la forma que estudiantes y profesores han ido aprendiendo a trabajar en equipo al enfrentar retos que están más allá del perímetro del aula.

Rosalinda, en la entrevista, añadirá que uno de los aprendizajes más importantes para los alumnos es el desarrollo de su capacidad para resolver problemas en tiempo real. “Cuando estás detrás del escenario, tienes que pensar rápido y actuar aún más rápido. Desde un botón que se cae hasta una cremallera que se atasca, los imprevistos son inevitables, y eso les enseña a manejar la presión”.

Además cada año se enfrentan a desafíos únicos, desde encontrar modelos que se ajusten a las exigencias de los diseños hasta garantizar que la iluminación y música se adapten al tema central del evento: “Por más que planeemos cada detalle, siempre hay algo que se escapa, y es ahí que entra la verdadera prueba para todos los involucrados”. 

El proceso de realización de este proyecto, por lo tanto, también contempla ese trayecto en el que los estudiantes transforman sus ideas en algo tangible, incluso trascendiendo a lo estético: las historias que la moda es capaz de contar y la forma en que estas ayudan a construir una percepción del mundo.

Otro aspecto clave que Rosalinda referirá es la influencia que poseen las tendencias globales en la elección del enfoque que adopta el desfile. Cada año, los estudiantes investigan y analizan los sucesos que tienen lugar en el mundo de la moda, desde las pasarelas de París y Milán hasta movimientos de corte alternativo que se presentan en ciudades como Tokio y Berlín. “Queremos que los alumnos entiendan que la moda no ocurre en un vacío. Cada diseño que crean debe tener un diálogo con lo que está pasando en el mundo, ya sea una tendencia en textiles, un tema social o incluso avances tecnológicos que impacten en la industria”.

El proceso de realización de este proyecto, por lo tanto, también contempla ese trayecto en el que los estudiantes transforman sus ideas en algo tangible, incluso trascendiendo a lo estético: las historias que la moda es capaz de contar y la forma en que estas ayudan a construir una percepción del mundo. Y entonces recuerdo esa frase tan importante para los que estudiamos comunicación: “la forma es el mensaje”.

Durante el desfile solo puedo recurrir a la imaginación para tratar de vislumbrar lo que pasa tras bambalinas, pero cuando platique con Rosalinda sabré que todo el concepto performativo que los espectadores alcanzamos a ver es precedido por un caos con sentido –si es que se puede entender así–.

Ya entrada la fase final del desfile, irrumpe en la escena una pieza: retazos de telas en tonos burdeos, lavanda y blanco, que dan forma a un diseño que, por medio de fragmentos intencionalmente unidos, parece relatar una historia. La falda luce transparencias irregulares y encajes desgarrados, y es acompañada por un corsé que constantemente se ajustaba y liberaba. Cada paso de la modelo que porta estas prendas parece evocar la reconstrucción de algo roto: una celebración de la belleza misma.

Esa en particular, pero realmente cada pieza modelada dejó su huella en la pasarela entre risas nerviosas y murmullos por parte de la audiencia. Durante todo el show hubo algo en el aire, un sentido de admiración por el esfuerzo, pero también una dosis de reflexión sobre la forma de expresión que representa la moda como arte.

Parecido al ambiente de la entrada, el bullicio de las personas que comparten impresiones y comentan los diseños que más les gustaron forman parte del trayecto de salida. Quizá si solo fuera una espectadora no lo notaría y solo me preocuparía salir lo más rápido posible para que no tenga que esperar más tiempo en el estacionamiento. Pero hoy estoy aquí como cronista.

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