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Isabella Cota fue reconocida con el premio Maria Moors Cabot Prize, en 2025. Foto: Lexie Harrison-Cripps

El modelo de negocios del periodismo en México está roto: Isabella Cota


Por: Ana Treviño

CCon una trayectoria que abarca redacciones en México, Reino Unido y Centroamérica, Isabella Cota se ha consolidado como una de las periodistas más reconocidas de la región. Su trabajo en temas económicos, de corrupción y justicia social la ha llevado a colaborar con medios internacionales como Reuters, Bloomberg News, El País y, actualmente, en el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ).

El año pasado, fue reconocida con el premio Maria Moors Cabot Prize –otorgado por la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York– “por su excelencia profesional y su cobertura del Hemisferio Occidental que promueve el entendimiento interamericano”.

En esta entrevista, Cota comparte los momentos clave que definieron su vocación, los retos de ejercer el periodismo en México, la importancia de las mujeres en los medios y los aprendizajes que la han acompañado a lo largo de casi dos décadas de carrera.

¿Recuerdas el momento en el que descubriste que querías dedicarte al periodismo?

Sí, fue cuando llevé la materia de periodismo en la UDEM. Estaba en segundo semestre de la carrera de Comunicación y mi maestra era Silvia Olivares. En esa época acababa de terminar una relación y decidí cortarme el cabello muy corto, así que propuse escribir un reportaje sobre cómo los cambios de look pueden simbolizar procesos de transformación y crecimiento personal. Pensé que era una idea tonta, pero mi maestra me dijo: “Ve y busca especialistas. Si encuentras algo interesante, escríbelo”. Ese ejercicio me hizo entender que el periodismo es una profesión que idealmente te paga por ser curioso. Aprendí que hacer preguntas forma parte del proceso, que no necesitas saber todas las respuestas desde el inicio. Ese fue el momento en el que supe que quería dedicarme a esto: a seguir la intuición, a observar y a transformar la curiosidad en conocimiento.

¿Cómo fue tu experiencia en la Agencia Informativa de la UDEM y qué aprendizajes te dejó?

Fue una experiencia completamente transformadora. Entré como becaria y aprendí cómo fluye la información desde la realidad hasta los medios y, finalmente, al público. Descubrí cómo se construyen las historias y entendí que el periodismo no puede separarse del vínculo humano: depende profundamente de las relaciones interpersonales y del trato con las personas. También fue el primer lugar donde comprendí cómo funcionan las dinámicas laborales dentro de una redacción: la comunicación entre reporteros, la organización de la información y el trabajo en equipo. Fue mi primer acercamiento real al mundo del periodismo y resultó invaluable para mi carrera.

Luego diste el salto a medios locales como El Norte. ¿Qué retos enfrentaste al integrarte a redacciones más grandes?

Entrar a El Norte fue mi primer trabajo formal y, aunque al principio me intimidaba, tuve una experiencia muy positiva. Comencé en la sección Vida, cubriendo temas de estilo de vida, y después me asignaron la Secretaría de Educación, algo completamente distinto. Lo hice con miedo, pero lo hice. Tuve la fortuna de trabajar con un equipo diverso, profesional y muy humano. Me guiaron y me trataron con respeto. Esa experiencia marcó el estándar de cómo esperaba ser tratada en el resto de mi carrera.

Después viviste y trabajaste en lugares como Costa Rica y el Reino Unido. ¿Cómo fue enfrentarse a entornos periodísticos y culturales tan distintos?

Fue un choque fuerte y, al mismo tiempo, un gran reto. En Londres trabajé para Reuters y me di cuenta de lo rígidas que eran las estructuras: los puestos más altos estaban ocupados, en su mayoría, por hombres ingleses. A pesar de hablar perfectamente inglés y tener una maestría en el país, comprendí que mis ventajas competitivas no se valoraban igual y que no había mucho espacio para crecer.

Decidí regresar a América Latina, a un lugar donde mi trabajo tuviera más sentido y mi iniciativa fuera valorada. En México logré reunirme con la jefa del buró de Reuters y me ofrecieron ir a Costa Rica. Acepté sin pensarlo. Esa decisión cambió el rumbo de mi carrera y mi vida profesional.

¿Cómo describirías tu evolución como periodista a lo largo de estos años?

He pasado de observar los problemas de México como algo local a entenderlos como parte de un contexto global. Mis estudios en Europa me ayudaron a ver cómo los fenómenos económicos y políticos están interconectados. También he tratado de unir disciplinas y fenómenos como la economía, las finanzas y la corrupción. Me interesa mostrar cómo los negocios afectan al ciudadano común. Además, he abordado temas de justicia social y violencia de género, porque el periodismo, para mí, también es una causa.

Desde tu perspectiva, ¿cuáles son los retos más importantes para el periodismo en México hoy en día?

El principal reto es el modelo de negocios: está roto y los medios no tienen fuentes de financiamiento sostenibles. Otro desafío es la relación con el poder económico; cuando los grandes capitales compran medios, se vuelve difícil cuestionarlos. Y, por supuesto, la violencia. México es el país más peligroso para ejercer el periodismo fuera de una zona de guerra. Aunque no todos recibimos amenazas, trabajamos en un ambiente donde colegas son agredidos o asesinados. Ese clima no es normal y no debemos normalizarlo.

¿Qué papel juegan las mujeres en la prensa mexicana actualmente?

Hoy las mujeres ya no somos la excepción. Cada vez somos más y ocupamos espacios clave. Desde figuras como Carmen Aristegui y Marcela Turati, hasta muchas periodistas jóvenes, el trabajo de las mujeres ha transformado la narrativa mediática. Además, cuando hay más mujeres en las redacciones cambia la manera en que se cuentan las historias sobre mujeres, se deja de revictimizar y se les da voz. Y ahora, con una presidenta mujer, los medios están obligados a repensar cómo se refieren al poder cuando éste es ejercido por una mujer. Eso es un cambio enorme.

¿Has vivido o presenciado situaciones de discriminación o violencia en el ámbito periodístico?

Sí. En Bloomberg, por ejemplo, llegué a escuchar comentarios como que debía “aprovechar mis encantos femeninos” para conseguir información. También me enfrenté a fuentes que me trataban como asistente de mis colegas hombres o que no tomaban mis preguntas en serio. Aunque no se hable tanto, ese tipo de violencia existe. Sin embargo, he tenido suerte de trabajar en lugares donde ser mujer no era un obstáculo, pero sé que muchas colegas mexicanas no gozan del mismo privilegio. Es un problema estructural que aún debemos combatir.

En tus investigaciones sueles abordar redes de poder. ¿Cómo manejas el riesgo y la responsabilidad de ese trabajo?

El periodismo de investigación conlleva un costo emocional alto. Exponer redes de poder genera ansiedad y miedo. Por eso, es importante tener apoyo. En mi caso, mi esposo también es periodista y compartimos esa comprensión mutua. Voy a terapia, hago ejercicio y mantengo contacto con colegas mujeres que viven experiencias similares. Tener una red de apoyo es esencial para sostenerse emocionalmente en este oficio.

Acabas de recibir el Maria Moors Cabot Prize 2025. ¿Qué significa para ti este reconocimiento?

Es un sueño hecho realidad. Me honra haberlo compartido con otras tres mujeres extraordinarias. Este premio materializa los objetivos que me propuse hace más de 15 años. También representa un reconocimiento al periodismo latinoamericano, que, aunque muchas veces se subestima, está produciendo algunos de los mejores trabajos del mundo. A pesar de los retos, nuestros colegas en la región siguen haciendo periodismo de impacto, y eso merece celebrarse.

Si miras hacia atrás, ¿qué historia marcó un antes y un después en tu carrera?

Cuando trabajaba en Costa Rica, fui la primera periodista internacional en reportar que los parques nacionales estaban siendo utilizados como paradas técnicas del narcotráfico. La historia tuvo un gran impacto y fue publicada por varios medios internacionales, incluido The New York Times, lo que incluso provocó cambios en las políticas del país. También fue la primera vez que recibí una amenaza directa de un funcionario. Mis editores lo tomaron muy en serio, y aprendí que se puede sentir miedo y aun así seguir adelante. Ese reportaje me confirmó que podía enfrentar el riesgo y seguir haciendo periodismo con convicción.

Finalmente, ¿qué consejo darías a las nuevas generaciones de periodistas —especialmente mujeres— que inician en esta profesión?

Primero, busquen una especialización. Vivimos en una era en la que la atención es el bien más preciado, y destacar requiere profundidad. Segundo, no teman usar herramientas de creación de contenido: las redes sociales y los nuevos formatos son aliados, no enemigos. Y, sobre todo, protejan a sus fuentes. La verificación y la ética son lo que distingue al periodismo profesional del ruido digital. La credibilidad es nuestro mayor valor, y debemos cuidarla con rigor.

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