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La escritora tamaulipeca Marlene Navarro Guevara alude en su primera novela, La palabra más monstruosa, a temáticas de maltrato, abuso y desamor en el hogar. Foto: Fernando Chávez Rivera

La palabra más monstruosa: la otra cara de la violencia familiar que la sociedad no se atreve a contar


Por: Gloria Inés Pérez Galvis

Para no invocarla, Héctor tiene mucho cuidado de no pronunciar la palabra «madre» porque Martina es el monstruo del cual quiere proteger a su pequeño hermano Nicolás y protegerse él mismo. Esto suena duro —dice la escritora mexicana Marlene Navarro Guevara, autora de la novela La palabra más monstruosa—, pero forma parte de la realidad que la sociedad se niega a ver, a reconocer.

La violencia intrafamiliar, que normalmente está relacionada al hombre, también es ejercida, en algunas ocasiones, por la mujer, y en el caso de esta historia de ficción, por una madre contra sus dos hijos menores de edad.

«Tenemos dos grandes sesgos. Primero, comúnmente imaginamos que la violencia doméstica la realiza el padre, tanto a la madre como a los hijos, y, segundo, que estas situaciones generalmente suceden en niveles socioeconómicos bajos. En mi novela quise abordar estas dos concepciones un poco erróneas, que generalizan y que reducen todo a ser exactamente lo mismo. En mi obra presento la otra parte de esta narrativa: que la violencia doméstica también ocurre en clases socioeconómicas altas y también cuando la perpetúa la madre, no solo el padre. Y esto es algo que está pasando en nuestra sociedad y, muchas veces, nos negamos a voltear a ver», afirma la autora, quien es egresada de la Licenciatura en Letras, carrera que cursó en la Universidad de Monterrey (UDEM).

Ésta y otras temáticas deben ser abordadas y resueltas, sugiere Navarro, para quien ayudar a visualizar estas situaciones se convierte en un acto de responsabilidad social. «Las personas que aspiramos a crear historias debemos pensar en hacer más grande el mundo y llenar con nuestras narraciones espacios que todavía no han sido tan explorados en el mundo real, espacios tristes, negativos, o simplemente dar voz a todos esos sentimientos que ya existen en el mundo, pero que no les hemos dado palabras, que no les hemos querido dar un reconocimiento propio».

Navarro Guevara, originaria de Reynosa, Tamaulipas, publicó su primera novela —La palabra más monstruosa— en agosto de 2025. En ella toca temas de abuso y violencia doméstica, de estereotipos de género, de desamor, descuido, abandono, de situaciones violentas que se replican entre generaciones, de los sentimientos y la manera que tienen los niños de entender el pequeño mundo que los rodea y que los influye en su totalidad, de cómo los sentimientos y actos de una madre pueden cambiar según la clase de relación o de amor al que se enfrente, y de cómo sobrevivir, siendo un niño, en un mundo que es tan hostil y agresivo.

Héctor, un niño de 13 años que se enfrenta a los cambios propios de la pubertad, mantiene una relación difícil con su madre Martina. Los abusos físicos, psicológicos y emocionales de la madre para con Héctor y su hermano menor Nicolás hacen que los pequeños le teman y la vean como a un monstruo que los quiere cazar y del cual desean escapar. Ante la pasividad e indiferencia del padre frente a estos hechos violentos, Héctor intenta protegerse y proteger a su hermano menor de los abusos y castigos de la madre, y busca refugio en la amistad de otros dos adolescentes —Viridiana y Manuel— que también son víctimas de la violencia en sus hogares.

«Me interesa abordar en mis historias esta clase de lecturas, de realidades hostiles, a las cuales creo que no se les debe sacar la vuelta, no debemos ser evasivos con lo que decimos porque, si no, pareciera que sólo estamos romantizando la idea. Busco, en mis escritos, exponer situaciones humanas como la violencia, la pobreza o el odio para visibilizarlas, porque mientras nos neguemos a voltear a ver estos conflictos, estas realidades trágicas y tristes no van a desaparecer«.

Inspirada en obras como El monstruo pentápodo, de Liliana Blum; La giganta, de Patricia Laurent Kullick; y Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor, Navarro dice que encontró el valor para narrar situaciones trágicas, viscerales, horribles, sin tener que ser tan explícita, pero sin dejarlo tampoco en sólo simbolismos que puedan incluso rayar en lo poético. «Aprendí a narrar solo el acto físico en sí y la reacción subjetiva de los personajes, sin metáforas, porque los actos violentos por sí solos ya son lo suficientemente poderosos que no necesitas adornarlos«.

Sin embargo, y a pesar de que logró en su novela narrar los ataques físicos de la madre a los hijos reduciéndolos a lo que eran, la autora reconoce que narrar otro tipo de violencia, como cuando Héctor pasa de ser víctima a volverse un verdugo, fue complicado y le generó miedo durante el proceso de escritura.

La idea de su novela y la construcción de sus personajes surgió como un proyecto final para obtener el máster en Creación Literaria en la Universidad Internacional de Valencia, el cual cursó luego de graduarse, en 2021, en la Universidad de Monterrey. La base de la historia entonces quedó puesta: la escena de un niño que regresa a casa, pero invadido por el miedo, el temor que, más adelante se sabrá, le genera su propia madre.

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La palabra más monstruosa, novela de 184 páginas, fue publicada por primera vez el 23 de agosto de 2025 por el sello editorial Tusquets. Foto: Planeta de libros

«Uno de mis símbolos favoritos en todas las culturas, en todas las literaturas, es el de la madre, y, especialmente, me despierta mucho interés y se me hace muy intrigante y fascinante el tema de la madre monstruosa, de la madre devoradora».

La madre, como un monstruo, en esta historia es Martina, un personaje complejo y, hasta cierto punto, misterioso y desconocido porque todo lo que el lector puede conocer sobre ella es a través de las palabras de Héctor, en las cuales puede elegir creer o no creer.

«‘Mi madre me odia y yo la odio a ella’, dice Héctor en la novela, y esto se explica porque un niño entiende las cosas lo más simple posible. Lo que le expreses con actos o con palabras, lo toma tal cual, no va a profundizar en ello. Por eso él, nunca profundizó en Martina, pero ella estuvo perdidamente enamorada de su esposo cuando fue su novio, sintió un amor muy grande por su padre y vivió una relación terrible con su madre. Ella fue el monstruo de Martina, un personaje que se mueve en la historia bajo la dualidad: monstruo, humana. Y a Héctor no le interesa Martina desde la perspectiva humana, a él sólo le interesa que ella debió haber sido su madre y debió haberlo cuidado, y no lo hizo. Entonces, es un monstruo», explica la autora sobre la naturaleza de la madre en su novela, «quien le temía a otra madre, lo cual se convierte en una cadena de maltrato y violencia».

En entrevista con la Agencia Informativa UDEM, la autora hace una reflexión sobre la importancia de que las personas se detengan antes de que sea demasiado tarde porque «cuando Martina golpeó a Héctor por primera vez y lo encerró en un sótano, algo se rompió en esa relación porque ella le perdió el miedo a tocarlo y lo volvió a hacer, al tiempo que los deseos de Héctor de que su madre lo abrazara y lo besara, como lo hacía con su padre, se derrumbaron y empezó a percibirse una distancia emocional».

Aunque la historia que se cuenta en la novela no da una resolución a los conflictos, Navarro dice que aspira a que la sociedad sí pueda crear soluciones para estas problemáticas de violencia familiar.

«En cuanto a mí, seguiré por esta vertiente de crear historias que exploren alguna dimensión de la humanidad tan rota como puede parecer e introduciendo estos elementos literarios fantásticos que nos hablan de la condición humana, como en La palabra más monstruosa, que es una historia sobre la pérdida de inocencia, sobre una realidad en la que, pese a parecer tan opresora, uno puede encontrar la forma (no de vencerla) de enfrentarse a ella», sostiene la autora.

(Con información de Marian Yerena Cavazos y Luis Andrés Delgadillo Morales)

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