Osaka y la salud mental: un partido que todos jugamos


Agustin Corral Huerga
Por: Agustín Corral

Naomi Osaka es una de las tenistas más destacadas de la última década. Con apenas 20 años, ganó el US Open en 2018 tras derrotar a Serena Williams y, desde entonces, se convirtió en referente del tenis femenino. Nacida en Japón y criada en Estados Unidos, Osaka no solo destacó por su habilidad en la cancha, sino también por alzar la voz en temas sociales como el racismo y la salud mental.

En 2021 anunció que no iba a participar en uno de los torneos más prestigiosos del circuito: nada menos que el Roland Garros. Lo sorprendente es que su motivo no estaba relacionado con una lesión física ni con un bajo desempeño, sino con algo que pocas veces recibe la seriedad que merece en el mundo del deporte: su salud mental. Naomi confirmó que llevaba tiempo sufriendo ataques de ansiedad y episodios de depresión debido a las altas exigencias mediáticas y físicas propias del deporte. Su decisión generó numerosas críticas, pero lo más importante fue que puso sobre la mesa un tema que hasta hace poco apenas se abordaba: el bienestar psicológico de los atletas.

Para mí, lo más valioso del caso de Naomi Osaka es que expone una realidad incómoda: los deportistas no son máquinas. Detrás de cada medalla, trofeo o récord hay personas que enfrentan múltiples adversidades, se sienten vulnerables y pueden quebrarse en cualquier momento. Sin embargo, la cultura del alto rendimiento y los medios de comunicación tienden a aplaudir el sacrificio extremo, como si admitir cansancio o ansiedad fuera sinónimo de debilidad.

Osaka no se quedó en ese punto de quiebre. Supo cuándo tomar una pausa, priorizar su salud mental y trabajar en su bienestar, lo que le permitió regresar al tenis profesional con un nivel altamente competitivo: avanzó a la semifinal del Canadian Open y llegó a cuartos de final en el US Open, luego de eliminar a contrincantes serias. Su regreso demuestra que cuidar la mente no solo es compatible con el éxito, sino que puede ser la base para alcanzarlo de manera más sólida y duradera.

Ha llegado la hora de replantear la forma en que vemos a los atletas. Así como se invierte en entrenadores, fisioterapeutas y nutrición, debería ser obligatorio contar con acompañamiento psicológico permanente. Las federaciones deportivas también deben asumir la responsabilidad de diseñar protocolos claros para identificar señales de alarma y evitar que los problemas se agraven. Incluso los medios de comunicación tienen un papel crucial: su cobertura debe humanizar a los atletas en lugar de presionarlos con juicios y expectativas irreales.

El ejemplo de Naomi deja claro que los atletas pueden caer, pero también levantarse con más fuerza. Su regreso competitivo, acompañado de títulos y grandes actuaciones, demuestra que la salud mental no detiene los sueños, sino que les da un nuevo impulso. Ojalá más figuras deportivas se atrevan a visibilizar estos temas, porque su valentía abre puertas a una cultura del deporte más humana y consciente.

La salud mental no puede seguir siendo un tabú en el deporte. Osaka no se rindió: dio un paso valiente que puso en el centro del debate algo que muchos prefieren ignorar. Su historia es prueba de que pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de fortaleza. Si realmente queremos que los atletas alcancen su máximo potencial, primero debemos garantizar que estén bien por dentro. Ninguna victoria vale la pena si se consigue a costa del bienestar de quien la alcanza.

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