Arte y discapacidades: el Concierto de PISYE


Durante un año tuve la oportunidad de realizar mi servicio social en PISYE, el Programa de Inclusión Social y Educativa de la Universidad de Monterrey, cuyo propósito es promover el desarrollo personal y la integración de personas con discapacidad a través de diversas actividades formativas. Dentro de estas actividades, el arte ocupa un lugar central, ya que su influencia en el bienestar emocional, cognitivo y social de los participantes está ampliamente demostrada. El taller de teatro, en particular, se convierte en un espacio de expresión, creatividad y confianza que transforma la experiencia de los alumnos.

Durante mi servicio social en el taller de teatro de PISYE pude vivir experiencias increíbles que me enseñaron lo mucho que el arte puede ayudar a los chicos. En mi segundo y último semestre de servicio social tuvo lugar el “Concierto PISYE”, en el cual, como maestros, nuestra labor consistió en apoyar y acompañar a los alumnos del programa.

La preparación del concierto tuvo una duración de tres meses y medio. El primer paso consistió en realizar una selección de repertorio: una búsqueda de las mejores canciones para que los alumnos pudieran interpretarlas en el concierto, priorizando que fueran canciones conocidas para ellos y así facilitar el proceso de aprendizaje y la retención de las letras.

La selección musical estuvo conformada principalmente por canciones de los años dos mil cinco a dos mil quince, aproximadamente. Una vez definido el repertorio, los maestros encargados del taller —Jaime Álvarez, Rodrigo Trujillo y Sandra Hernández— realizaron la distribución de las canciones entre los diversos grupos.

En este taller existen tres frecuencias: la de lunes y jueves, la de martes y viernes, y la de los miércoles. Dichas frecuencias están determinadas por el nivel de los alumnos, con el fin de tener claras las necesidades de cada grupo. Durante el semestre, quienes ejercemos el papel de maestros como parte de nuestro servicio social apoyamos a los alumnos en todo lo necesario y formamos parte del tipo de espectáculo a realizar, el cual se define según el semestre cursado.

Como maestros, tuvimos grupos asignados con base en una canción determinada. Esta forma de organización permitió ensayar con nuestros alumnos las distintas canciones que se presentarían en el concierto. El método utilizado fue la repetición: dado que los alumnos no suelen practicar en casa, enfocamos las horas de clase en esta tarea. En mi caso, trabajé la canción “Con Calma”. La dificultad para ensayar este tema es alta debido a la repetición constante y a los fragmentos de rap que incluye. Debo reconocer que fue un verdadero reto para mí. No obstante, el júbilo y el entusiasmo reflejados en el rostro de mis alumnos me hacían sentir profundamente involucrada con el programa y con el cumplimiento de sus objetivos.

Por otro lado, existen diversos factores a considerar cuando hablamos de arte y discapacidad, ya que pueden presentarse situaciones en las que los alumnos no quieran participar, se sientan mal o enfrenten alguna circunstancia que les impida realizar el espectáculo tal como se ensayó. Es por ello que, como maestros, debemos adaptarnos a las situaciones y hacer todo lo que esté en nuestras manos para que el show pueda llevarse a cabo. En cierta ocasión, sucedió que uno de mis alumnos no mostraba disposición a ensayar nuestra canción. No es un fenómeno tan extraño: cantar la misma canción una y otra vez, y encima hacerlo dos veces por semana, puede convertir los ensayos en un ejercicio tedioso para los alumnos.

En ese tipo de situaciones se echa mano de estrategias de distracción, como cambiar de tema por un momento, preguntarles cómo se sienten ese día o conversar sobre cualquier cosa que los ayude a despejarse, con el objetivo de hacer el proceso lo menos pesado posible.

Después de casi cuatro meses llegó el gran día de la presentación: el 8 de noviembre de 2025, en horas previas al inicio del show en el Teatro UDEM, los maestros comenzamos nuestra jornada en la universidad a las 8:00 a. m., hora en la que comenzamos a arreglar los camerinos de los chicos y preparamos lo necesario para ensayar todos juntos. Esto implicó coordinar tanto a nuestros grupos como a los del resto de las frecuencias, ya que, debido a limitaciones atribuibles al tiempo, el único ensayo general completo tuvo lugar el mismo día de la función.

A partir de las 10:00 a. m. se llevó a cabo el ensayo general con los alumnos de PISYE y los maestros de servicio social. No solo nos involucramos en el proceso de montaje, sino que también participamos en el espectáculo: salimos al escenario junto a los alumnos para brindarles seguridad. Durante este ensayo suelen surgir detalles por ajustar, ya sea agregar o eliminar algunos elementos. En esta ocasión, todo salió excelente. El ensayo concluyó alrededor de la una de la tarde y la función comenzó a la una con treinta, por lo que, al terminar, ayudamos a dejar todo listo para dar inicio al evento.

Este concierto fue un evento con causa, por lo que los invitados —familiares y amigos— debían llevar algún donativo como pase de entrada, tales como alimentos no perecederos, ropa, agua y artículos de limpieza e higiene personal.

Durante el concierto se utilizaron diversos elementos visuales como pantallas, marcos, baritas LED, lentes, vestuarios, gorros y muchos más. Todo esto con la intención de que el evento luciera lo mejor posible, ya que se invita a todos los familiares de los alumnos. Ellos trabajan en este proyecto durante todo el semestre y el concierto funciona como su cierre, por lo que representa algo muy importante para ellos.

El concierto tuvo una duración aproximada de una hora y media y contó con dieciocho canciones interpretadas por los distintos grupos y niveles de PISYE. Al finalizar el evento, los alumnos saludaron a sus familias, quienes reconocieron el arduo trabajo realizado, destacando lo mucho que este tipo de actividades los ayuda a creer en sí mismos y a aprender a manejar aspectos como la concentración, los nervios, los sentimientos y el compromiso. Esto fue algo que pude presenciar de primera mano como maestra, ya que durante los ensayos muchos chicos y chicas sentían miedo o nervios al ser seleccionados como solistas, y al final lograron superarlo.

Todo esto me lleva a reflexionar sobre cómo el arte puede transformar vidas. Ser testigo de la evolución de muchos estudiantes inscritos en PISYE, desde el inicio del año pasado hasta su recta final, fue una experiencia en verdad maravillosa. Verlos entregar toda su energía y esforzarse para brillar en el escenario se convirtió en un momento que mi memoria emarcará para siempre. No demerito ni minimizo ninguna labor u organización para llevar a cabo el servicio social que exige toda licenciatura en la UDEM, pero confieso que el día del estreno un pensamiento emergió como inevitable: experiencias de aquel tipo no forman parte de cualquier servicio social, en definitiva.

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