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En el marco de su décimo aniversario, El murmullo de las abejas contó con una reedición conmemorativa. Imagen: Penguin Random House

El murmullo de las abejas: cómo las leyendas y mitos del campo mexicano siguen viajando en el tiempo


Por: Irene Garza Mendirichaga

Una historia no contada del Noreste mexicano, de la fortaleza, identidad y solidaridad de sus habitantes, de sus miedos y de su coraje para enfrentar las adversidades y violencias que traen consigo las guerras que no se buscan es el corazón de la novela El murmullo de las abejas, para muchos la obra cumbre de la escritora regiomontana Sofía Segovia.

Aunque esta obra posee múltiples aristas que la ubican como una de las más importantes de la región y, en general, de la literatura mexicana, sobresalen elementos como la preservación de la identidad a través de la transmisión oral de historias, mitos, leyendas y fábulas; las distintas formas como la guerra y la violencia transforman la vida de las personas y de sus comunidades; la importancia que tiene cada persona dentro de una sociedad que debería ser totalmente inclusiva; y deja interrogantes sobre la condición humana y la historia que se cuenta de los pueblos, y el papel de la literatura en estos aspectos.

A propósito del décimo aniversario de esta novela, que ha sido traducida a más de 20 idiomas, y con el fin de conocer con más detalle la intencionalidad de los recursos literarios, el proceso escritural y las reflexiones en torno a los problemas sociales a los que hace referencia su obra, dialogo con Sofía Segovia.

Uno de los elementos trascendentes de tu novela es la acción que realizan algunos de los personajes de contarle cuentos a otros. ¿Cuál fue la intención de incluir en la obra estos pasajes? ¿Hay algunos recuerdos de tu propia infancia que resalten en tu memoria y los hayas proyectado en la novela?

La cualidad que tiene en la historia Francisco Morales (chico), el hijo menor de la familia, de ser un cuentacuentos, específicamente de contar cuentos de terror, yo se la regalé. Yo contaba cuentos en mi infancia. Todavía me encuentro con amigas y vecinas que me dicen que no las dejaba dormir y quise imprimirle esa característica a Francisco, pero, al mismo tiempo, al personaje de Simonopio le encantan los cuentos y se los transmite a Francisco chico. Y en la historia, después yo transporto a Francisco a su vida posterior a la Revolución mexicana en Monterrey, y se trae todos estos cuentos del campo, todas estas leyendas de otras tierras. Todo esto, porque me intriga mucho cómo viajan los cuentos, las leyendas, los mitos a través del tiempo y que, en muchas ocasiones, nadie sabe en dónde se originaron porque han viajado tanto. Yo quise poner a Francisco como el transmisor de esas historias.

¿Luego de más de 10 años de que El murmullo de las abejas se publicara, tú o alguien más han notado nuevos detalles en tu obra?

Una de mis maestras de literatura en la UDEM, que suele ser muy atenta a los detalles, me dijo que había buscado el nombre de Simonopio en la enciclopedia de los nombres y que no existía. Le expliqué que era un apodo que mi abuelo le había puesto a un niño de su huerta o de su hacienda que se moría de algún mal respiratorio y que él siempre presumió haber salvado con un sinapismo (cataplasma hecha con productos naturales). En parte por lo simpático que nos parecía el nombre, sumado a la creencia de que había salvado a alguien sin el uso de medicamentos, decidí nombrar así a uno de mis personajes. Entonces, la maestra me dijo: “Sofía, ¿sabías que el nombre de Simón en hebreo quiere decir ‘el que escucha’?”. Yo no lo sabía, pero ese nombre, que es justo la naturaleza de mi personaje, ejerció su fuerza sobre él y determinó parte de las características de la historia. Fue como el destino, una coincidencia muy agradable.

¿Algún lector ha compartido contigo una interpretación de tu novela que te sorprendiera de cómo se percibe o analiza tu mundo narrativo?

Aunque mi propósito era escribir un final feliz, hay gente que lo interpreta con una atmósfera triste. El personaje, al final, se marcha a otro plano de existencia. Dado que escribí la novela partiendo de una perspectiva mitológica y mágica, en su momento no concebí la posibilidad de que algunos lectores fueran a interpretar el pasaje a través de un lente cristiano. El final invita a una multiplicidad de perspectivas. De ahí que pueda denominarse una obra con subtexto. La interpretación siempre es esperada y bienvenida.

¿Cómo ha sido tu relación con el libro con el paso de los años?

Hablé de temas que en su momento no se hablaban. Hoy, a 10 años de distancia, observo un mundo que sí los aborda: las pandemias, las mujeres y lo histórico. La sociedad se ha ido abriendo a un diálogo sobre las mujeres y la violencia en torno a ellas. Sin embargo, me gustaría que se hablara todavía más de la necesidad de romper con la historia única, concepto del que habla la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie y con el cual coincido. La intención de mi historia era precisamente romper con todas las single stories que relata la historia mexicana más contada, lo cual es necesario para poder cambiar la caricaturización de los mexicanos, de todas esas figuras románticas que creamos en conjunto, que no incluyen a todos y que además son motivo de muchas violencias. Este libro me ha mostrado que cuando la literatura que hace preguntas, que cuestiona, se pone al servicio de la historia, puede lograr muchísimas cosas, como contar un México más completo y más incluyente. En El murmullo de las abejas hay múltiples perspectivas y hay verdades que coexisten y chocan.

Respecto a la guerra que acontece en tu novela –la Revolución mexicana–, ¿de qué manera consideras que afecta a tus personajes y cómo dialoga con la violencia en nuestra sociedad actual?

Escribí esta obra al mismo tiempo que llegó la ola de violencia a Monterrey, en 2010. La gente tenía un diálogo común y afirmaba que jamás había sucedido algo similar en nuestra entidad. Entonces, me di cuenta de la ausencia de memoria histórica respecto a nuestra identidad y a su relación con la historia del país, lo cual se explica, en parte, porque el Noreste no había salido en ningún libro de la historia de México. La gente también hablaba de irse a vivir a otro lado, de mandar a sus hijos fuera, de sus miedos, del temor a salir, y esta era una historia que se repetía después de 100 años. Quise representar esos miedos a través de los personajes de mi obra y también plasmé en ella el cambio que se produce en las personas cuando la guerra los toca. Antes de que empezara el conflicto encontraron a Simonopio, cuando la familia Morales Cortés recibía gente de manera inocente, pero cuando llegó la guerra se llenaron de desconfianza. Lo mismo ocurrió en el 2010 y esto es algo que se ha extendido hasta nuestros días.

¿Qué paralelismos se pueden hacer entre el asesinato de los personajes Lupita y Francisco Morales y la violencia actual?

Todos los que los rodeaban tenían la intuición de que algo iba a suceder, pero ocurre que la gente suele ignorar su propia intuición, porque en la vida existen muchas distracciones que nos impiden tomarnos el tiempo de prestar atención y tomarla en serio. Lupita es una de las víctimas dentro de la historia, y es por esta razón que rima con Adelita: mi propósito es darle voz a las mujeres que murieron y desaparecieron durante la Revolución. Hacer notar cómo quizá los 10 u 11 feminicidios que se registran al día en México, sin hablar de desaparecidas, se relacionan con esta herencia, traída por la Revolución, que dio a los hombres permiso de ser violentos.

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Sofía Segovia e Irene Garza Mendirichaga durante la entrevista en la Feria Internacional del Libro Monterrey 2025. Foto: Agencia Informativa UDEM

Se puede ver el amor maduro de Francisco Morales con Beatriz frente al juvenil de Carmen con Antonio. ¿Hay cambios significativos en torno a las relaciones amorosas conforme el cambio de épocas?

A pesar de que el mundo y las generaciones cambien, creo que nunca debe tomarse a la ligera el amor romántico. En los noviazgos hay cosas que no deben pasar desapercibidas. Considero que el amor romántico se debe construir en una relación íntima, incluso en los momentos que no lo son. Por lo tanto, en tiempos actuales no debería tomarse a la ligera el modo en que hablamos, por ejemplo, a través de WhatsApp. Debemos procurar que cada mensaje signifique algo. Hablo de evitar los mensajes que se limitan a acordar el sitio en que nos veremos con alguien o a recibir un aviso respecto a la hora en que pasarán por nosotros, o incluso a escribir cosas como “nos vemos al rato”. Es común que los jóvenes pasen el día conversando por WhatsApp, pero considero importante que todos los días haya algo de intimidad, que después será natural: la intimidad que es privada. Por ello, creo que el noviazgo debe tomarse como un ejercicio para el resto de la vida e, independientemente de si funciona o no, jamás debería verse como un asunto poco serio.

En la novela, Espiricueta era el coyote y Simonopio el león. ¿Crees que estas fuerzas pueden coexistir armónicamente en la vida real?

Simonopio, a través de una fábula que su padrino le cuenta, se distingue a sí mismo como el león, mientras que a Espiricueta lo identifica con el coyote. Esto lo hace, precisamente, para comprender algo que antes intuyó y poder etiquetarlo. Es como si se explicara a sí mismo lo que acontece. A través de esta fábula genera las diversas salidas que hay en su propia historia, pero en su proceso se da cuenta de que, mientras haya león, siempre habrá un coyote. Esta fábula fue una herramienta que utilicé para exponer el hecho de que durante la Revolución y la Reforma Agraria hubo quienes asesinaron, tomaron la ley en sus propias manos y mataron a otros seres humanos. Entonces, la historia misma comprueba que no es posible la coexistencia armónica entre estas dos fuerzas.

¿Cómo adaptarse a los cambios que el personaje de Beatriz transita y que naturalmente surgen en la vida de toda persona?

Beatriz encuentra alivio en la máquina Singer. A partir de esta se adentra en su propio mundo como recurso de sanación: lo que para mí es la lectura y para otros bien podría ser el deporte. Simonopio percibe la necesidad, antes que el resto, de algo que salve a Beatriz, y es por ello que le otorga la máquina de coser. Beatriz representa, por lo tanto, esa fortaleza que de vez en cuando se desmorona y que, sin embargo, no pierde la inteligencia y busca recursos. Este tipo de situación es semejante a la pandemia, en la que, para lograr mantenernos bien, buscábamos qué hacer con nuestro tiempo libre y nuestra energía.

¿Hubo alguien en tu vida que te transformara de la misma manera que Simonopio a Francisco chico, o fuiste esa persona para alguien más?

No estoy segura, en la vida real, de que alguien pueda cumplir el rol que Simonopio tuvo con Francisco chico. En el proceso de su creación me di cuenta de que, en el fondo, Simonopio representaba más bien mi propio deseo de haber tenido a alguien así en mi vida, algo que aún deseo hasta la fecha. Un Simonopio que sirva como guía en medio del caos de este México que siempre nos sorprende, que nos señale hacia dónde movernos o qué hacer para evitar más tragedias. Entonces, Simonopio es ese personaje salvador y maestro que quisiera tener en mi vida y que deseo que todos tengan en las suyas. Realmente no conozco a nadie como Simonopio y tampoco creo tener esa cualidad maravillosa que él posee.

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